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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #020106.
¿Es confiable la profecía bíblica?
Trasladémonos imaginariamente en el tiempo hasta la hermosa ciudad que se levanta en el norte del territorio que conocemos hoy como Palestina, justo al otro lado de la Mosul moderna. Allí podemos apreciar la hermosa ciudad de Nínive, capital de Asiria.
Por doquier observamos hombres y mujeres orgullosos de su raza, de su cultura y de sus costumbres. Unos y otros pasean admirados ante el esplendor de sus murallas que se extienden en una longitud de once kilómetros, los dos montículos que custodian sus fronteras y el palacio de Senaquerib... Ah, el palacio. Gigantesco. Una creación sin igual para aquél tiempo. Lo bordean gigantescas figuras de toros con alas, que guardan la escritura sobre las hazañas militares del gobierno.
Los salones interiores son igualmente majestuosos. Las cámaras y corredores cubiertos de losa de alabastro, los tornan espacios de ensueño Y las inscripciones donde se señalan las victorias de los guerreros, son una verdadera reliquia de la escritura antigua.
Y viajemos ahora a la plaza. Decenas de personas se congregan por doquier. Escuchan a un hombre humilde. "Es un loco", murmuran algunos. "Sáquenle de la ciudad", gritan otros. No pueden creer al anuncio de este hombre, a quien conocen como Nahum. Dice que Dios traerá juicio sobre Nínive... nadie puede creer que una potencia gubernativa sucumba ante otro estado... Sin embargo, la profecía se cumplió en el año 612 cuando tropas de Media y Persia entraron por sus puertas y lugares que dejó descubierto un río que se secó... La caída de Nínive fue real... Dios cumplió su palabra.
Volviendo a las Escrituras
En un tiempo donde la tecnología ha invadido todos los espacios en los que se desenvuelve el ser humano y cuando la racionalización de todos los procesos y de cuanto acontece a nuestro alrededor, toma tanta fuerza, es necesario que revisemos cuidadosamente la profecía bíblica y nos preguntemos, ¿reviste confiabilidad hoy?
Para responder a este interrogante es menester que vamos a las Escrituras en procura de saber qué decían al respecto los autores sagrados. En el libro de Hebreos encontramos que, en efecto, Dios habló a su pueblo por siglos a través de los profetas: "En el pasado, Dios habló a nuestros antepasados por medio de los profetas, en muchas maneras, parciales y variadas. En estos últimos días, Dios nos ha hablado de nuevo a través de su Hijo..." (Hebreos 1:1, 2 a. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Pero además señala, que ahora ha hablado por Jesucristo. ¿Hay una contradicción acaso cuando decimos que para nuestro tiempo tiene validez la profecía en muchos casos? En absoluto. Recordemos que muchas profecías anunciaban al Mesías y, en efecto, se cumplieron en Jesús.
Hay sin embargo otros anuncios divinos que todavía estar por cumplirse. Recordemos que las profecías tienen cumplimiento a corto, mediano y largo plazo. Muchas de las exhortaciones y proclamación de lo por venir, están por cumplirse.
El apóstol Pedro recomendó al respecto que fuéramos muy cuidadosos, auscultando con detenimiento la Biblia. Anotó además, que si somos fieles al estudio encontraremos en ella luz que alumbre el desconcierto, expectativa y hasta temor que despiertan los acontecimientos de nuestra época: "Podemos confiar por completo en lo que dijeron los profetas y está muy bien que ustedes sigan cuidadosamente sus palabras. Sus profecías son como una lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que llegue el amanecer en el que Cristo, como estrella de la mañana, les traerá nueva luz en el corazón" (2 Pedro 1:19. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Leemos también, que esperamos hasta que "llegue el amanecer en el que Cristo, como estrella de la mañana, les traerá nueva luz en el corazón", lo que sin duda se refiere al regreso de nuestro amado Salvador, en ésta ocasión por Su pueblo, que se ha mantenido fiel a pesar de las tentaciones del mundo o de la adversidad.
Dios cumple lo que promete
Una característica de nuestro amado Dios y Padre, es su inmutabilidad. No cambia. Es de una sola palabra. Si anunció algo a través de sus profetas, lo cumple. Si ha prometido algo, también.
Un pasaje que arroja luces sobre esta realidad, lo hallamos en el libro de Isaías: "Yo soy el SEÑOR, ese es mi nombre. No le voy a dar mi gloria a otro, ni voy a permitir que adoren a los ídolos en lugar de adorarme a mí. Está sucediendo lo que anuncié, y voy a contarles cosas nuevas. Yo les anuncio lo que va a suceder" (Isaías 42:8, 9. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Un poco más adelante señala que, lo que acontece, fue profetizado con antelación. En el caso de quienes esperamos el regreso del Señor Jesús, hemos sido avisados con antelación, de manera que cuando le veamos en las nubes, no tendremos excusa alguna si es que nos apartamos de sus caminos. En la Biblia leemos la clara advertencia que hace Dios: "Acuérdense de los hechos del pasado, que sucedieron hace mucho tiempo. Porque yo soy Dios y no existe ningún otro. Soy Dios y no hay nadie como yo. Yo conté el final desde el comienzo y mucho antes de que sucediera. Yo afirmé: "Mi plan se cumplirá y haré todo lo que yo quiero" (Isaías 46:9, 10. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Los profetas hablaron bajo inspiración del Espíritu Santo, y por tanto, es claro que Dios no miente. Lo que está Escrito referente a los últimos tiempos, sin tardanza se cumplirá.
Cumplimiento de muchas profecías
En las Escrituras hallamos el cumplimiento a diversas profecías que, en el momento en que fueron proclamadas por los siervos de Dios, parecían una locura.
Un ejemplo lo hallamos con Asiria. Desde sus orígenes, el pueblo de Dios se vio confrontado con esta potencia (leer Génesis 25:18) Asiria trajo dolor y cautiverio a los israelitas (2 Reyes 15:29). Precisamente y ante un período de asedio que estaban desencadenando contra el pueblo del Señor, sus hijos clamaron al Señor: "Cuando los funcionarios del rey Ezequías fueron a ver a Isaías, éste les dijo:--estoy es lo que van a decirle a su señor: El SEÑOR dice: "No tengas miedo de las palabras que has oído, los insultos que dijeron contra mí los siervos del rey de Asiria. Mira, yo mismo voy a colocar un espíritu en él. Oirá un informe y se volverá a su país. Allí mismo, en su propio país, haré que lo hieran a espada y muera" (Isaías 37:5-7. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Cuando las tropas de Asiria fueron en contra de Israel a cumplir la amenaza de arrasarlos, Dios se glorificó y cumplió la profecía, tal como leemos: "Entonces el ángel del SEÑOR fue al campamento asirio y mató a ciento ochenta y cinco mil soldados. Cuando la gente se levantó al otro día, estaban allí todos los cuerpos de los muertos. Entonces el rey Senaquerib de Asiria se retiró, volvió a su casa y permaneció en Nínive Un día, mientras estaba adorando en el templo de su dios Nisroc, fue asesinado a espada por sus hijos Adramelec y Sarézer. Ellos escaparon al país de Ararat..." (Isaías 37:36-38. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Asombrosamente y con pasmosa exactitud, se cumplió todo aquello que el Señor anunció a través del profeta Isaías.
Una fortaleza derribada
Viajando en el tiempo nos encontramos con Nínive, la célebre capital de Asiria. En el año 713 a.C. estaba en la cumbre de su poder. Sargón II ocupaba el trono. Ocho antes habían arrasado Samaria, de donde se llevaron cautivos a los integrantes de diez de las doce tribus de Israel.
Por esta y otras acciones de los asirios, Dios profetizó juicio contra Nínive, lo que sin duda llevó a que el profeta fuera tildado de loco. Él anuncio bajo la inspiración del Espíritu Santo: "Pobre de ti, ciudad asesina, no eres más que una mentira. Estás llena de rapiña y nunca estás sin presa. El SEÑOR Todopoderoso dice: "Estoy en contra tuya; te voy a levantar las faltas hasta la cara, les mostraré a las naciones tu desnudez y a los reinos tu deshonra. Desde ese momento, todo el que te vea huirá de ti, dirán: "Nínive está en ruinas", ¿quién llorará por ella?" (Nahum 3:1-7. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Insisto, para aquella floreciente época de los asirios, era impensable que cayeran bajo el dominio de tropas enemigas. Sin embargo, Dios cumplió su profecía. Cien años después fue arrasada por fuerzas de Babilonia y progresivamente desapareció de la historia de las naciones.
¿Y qué de Babilonia?
Trasladémonos ahora a Babilonia. Aunque las conquistas del rey Nabucodonosor eran legendarias, Dios profetizó la caída de aquél imperio. Igual, para quienes escuchaban sonaba como una locura lo que advirtió el profeta Jeremías: "Este es el mensaje que el SEÑOR dio acerca de Babilonia y del pueblo babilonio, por medio del profeta Jeremías. Anuncien este mensaje a las naciones para que todos lo conozcan. Levanten bandera para llamar la atención; no oculten nada sino digan: ¡¡
Babilonia será conquistada!! ¡Bel será humillado!...Las imágenes y los ídolos de Babilonia quedarán en ridículo y aterrorizados. Porque una nación del norte se ha levantado contra Babilonia para dejarla convertida en un desierto" (Jeremías 50:1-3. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).¿Qué ocurrió? Que sesenta años después la profecía tuvo su cumplimiento. Los Medos y Persas, en una coalición de fuerzas militares sin precedentes en su tiempo, invadieron y arrasaron Babilonia...
¿Duda acaso de las profecías?
Es necesario revisar con cuidado las Escrituras porque toda profecía se cumplirá. El rey Salomón durante la majestuosa inauguración del Templo en Jerusalén, expresó: "¡Bendito sea el SEÑOR! Prometió dar paz a Israel y efectivamente lo hizo. Por medio de su siervo Moisés prometió muchas cosas buenas ¡y no ha fallado ni una sola promesa!" (1 Reyes 8:56. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Siglos antes, al reconocer la fidelidad de Dios quien entregó la tierra prometida a Israel, el gran conquistador Josué se expresó en términos similares, rodeados de profunda gratitud al Creador: "Ninguna de las buenas promesas que el SEÑOR había hecho a Israel había fallado. Todo se convirtió en realidad" (Josué 21:45. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Todavía está por cumplirse
Aún hay profecías que están por cumplirse. Están relacionadas con el regreso glorioso del Señor Jesucristo y el juicio a quienes rechazaron la Salvación.
Al referirse a este acontecimiento, el apóstol Pablo escribió: "El Señor mismo vendrá de los cielos. En ese momento dará su orden con voz de mando, de arcángel, sonará la trompeta de Dios y los que hayan muerto en Cristo resucitarán primero. Luego, nosotros los que estemos vivos en ese momento, subiremos a las nubes con los resucitados para encontrarnos con el Señor en el aire, y así estaremos con el Señor para siempre. Anímense entonces unos a otros con estas palabras" (1 Tesalonicenses 4:16-18. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Sin duda será algo extraordinario, jamás imaginad y que desbordará toda expectativa. Así lo esperamos quienes profesamos fe en el Señor Jesús. Pero, ¿cuándo será? Al estudiar los anuncios encontramos que será una verdadera sorpresa: "Ustedes saben muy bien que el día en que el Señor regrese será una sorpresa, vendrá como cuando un ladrón llega en la noche. Cuando le gente diga: "Estamos en paz y a salvo", la destrucción vendrá de repente así como le vienen de repente los dolores a una mujer a punto de dar a luz, nadie podrá escapar. Entonces no debemos ser como los demás ni estar dormidos, sino estar despiertos y tener dominio propio" (1 Tesalonicenses 5:2-4, 6. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Los acontecimientos presentes ponen de manifiesto que el mundo ha caído en una relativa resignación y se da a los placeres y a la exaltación del Yo, desconociendo que quien debe reinar es Jesucristo. Y Él vendrá, cuando menos lo esperemos. Allí, en ese momento, comenzarán las lamentaciones de las naciones...
¿Es posible estar a Salvo?
Sin embargo, usted puede ser salvo de aquellos instantes que cambiarán la historia del universo. ¿De qué manera? Aceptando al Señor Jesús como su único y suficiente Salvador.
Basta que lo reciba ahora mismo en su corazón con una oración sencilla. Dígale: "Señor Jesús, gracias por perdonar mis pecados y darme una nueva oportunidad. Yo te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Entra en mi corazón y haz de mí la persona que tú quieres que yo sea, amén".
Si recibió a Jesucristo, ¡lo felicito! Es el mejor paso que todo ser humano pueda dar. Ahora le sugiero tres cosas: la primera, haga de la oración un principio para cada día. Orar es hablar con Dios. Volcarle todo lo que tenemos en el corazón. Nuestros sueños, metas y expectativas. La segunda, lea diariamente la Biblia. En ella encontrará principios de éxito que le ayudarán en su crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana. La comunión con otros hermanos en la fe le ayudará enormemente...
© Fernando Alexis Jiménez
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