Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #061506.

¿Dónde perdió Pedro la batalla?

Una mirada, tranquila, cargada de profundo significado, con una transparencia y sensación de tristeza, siempre impactará. Es la misma que quizá ha observado en el niño que pide limosna junto al semáforo en una importante avenida de su ciudad, o de la mujer sentada junto a la puerta principal del restaurante en el que almorzó opíparamente.

Es la misma del hombre moribundo a quien fue a visitar al hospital o del presidiario que sabe de su situación, y con los ojos, le dice lo mucho que añoraría devolver el tiempo, no haber cometido el delito y estar afuera.

Pero a esa mirada añádale algo más: las palabras mudas de quien dice: "Te lo dije, pero no me prestaste atención. Me has traicionado, pero aún así, te amo".

Así fue la contemplación rápida que le hizo el Señor Jesús a Pedro después que éste lo negara por tres veces y cantara el gallo, en el lugar donde estaba siendo juzgado por el Sumo Sacerdote. Un instante que marcó la historia de aquél discípulo. Jamás podría olvidar la intensidad con la que le miró el Maestro.

¿Dónde comenzó la derrota de Pedro?

La derrota de Pedro comenzó días antes cuando el Señor Jesús lo invitó, junto con Juan, a orar en el Getsemaní. Es un relato que encontrará en el evangelio de Marcos, capítulo 14 y específicamente en los versículos del 32 al 42.

Hay en particular una parte del pasaje sobre la que le invito a meditar. Se produce cuando el Maestro viene a ellos. "...los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." (versículos 37 y 38).

Aquél seguidor del Hijo de Dios pudo permanecer siempre victorioso, pero descuidó un elemento esencial: la oración. La falta de buscar al Padre celestial el clamor, está directamente relacionado con la carencia de unción, poder y milagros en nuestra existencia.

El momento de la derrota

Viajamos de nuevo en el tiempo hasta llegar al instante en que Pedro se apresta a negar a Jesús. Es esencial, porque—como si se tratara de peldaños en los que se desciende lentamente--, transitó por ellos experimentando diversas etapas:

1.- Pedro confió en sus capacidades.- Es una de las actitudes que se aprecia incluso hoy en muchos creyentes. Depositan su confianza en las aptitudes y capacidades que les asisten, antes que en el poder que proviene de Dios. Aunque suponía estar en lo correcto y, pese a que había anunciado que estaría a su lado hasta las últimas consecuencias, Pedro guardaba cierta distancia: "Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos" (versículo 54).

Si nuestro anhelo es un mover maravilloso del Señor en nuestra existencia, debemos caminar de Su mano en todo momento, dependiendo de Él.

2.- Pedro trató de pasar desapercibido.- Ningún cristiano que niegas sus convicciones de fe o simplemente se alinea con la mundanalidad para no ser el objeto de críticas o burlas, tendrá victoria. Somos siervos de Jesucristo y no podemos negar, bajo ninguna circunstancia, esa gloriosa condición.

Pedro era creyente—en cierta medida—de labios para afuera: "Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él. Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy." (versículos 55-58).

Aunque creyó que nadie reconocería que había estado entre los fieles de Jesús, sí. Igual puede ocurrir con usted: trata de no se identificado como cristiano o quizá, atrapado por la mundanalidad, se ha movido en situaciones que no eran apropiadas para un siervo de Cristo. ¡Mucho cuidado con eso!

3.- Pedro se desprendió de Jesús y acarreó las consecuencias.- Es probable que sea su misma situación. Volvamos al texto para que tengamos una mejor comprensión: "Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó." (versículos 59 y 60).

Satanás está a la puerta, esperando el más mínimo desliz en el que usted incurra, para echarle en cara que "No es propiamente lo que debería hacer un cristiano como tú", y sin duda, lo va a meter en problemas.

Cuídese bastante. Hágalo dependiendo de Dios y no de sus fuerzas, en íntima relación con Él mediante la oración.

4.- Arrepiéntase de su actitud.- Es importante que revisemos nuestra vida espiritual. ¿Estamos débiles en la fe? ¿Hemos meditado en torno a cuál es la razón? ¿Acaso no hemos vuelto a orar? ¿Estamos distanciados de Dios?

Examine su andar con Cristo y recuerde qué ocurrió con Pedro: "Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente." (versículos 60 y 61).

Si reconoce que está alejado de Dios, vuelva su mirada a Él. Arrepiéntase por inmiscuirse en tal mundanalidad y reemprenda el camino. Dios es un Dios de amor pero también, un Dios que no comparte el pecado.

No siga perdiendo las batallas

Es probable que a nivel personal y espiritual sienta—en lo más profundo de su corazón—que ha perdido muchas batallas. Hoy es el día de levantarse en victoria. No está bien que siga igual, en derrota, como hasta ahora.

Pero hay algo más, una pregunta: ¿Ya recibió a Jesucristo en su corazón? Si no es así, hágalo ahora. Dígale: "Señor Jesús, reconozco que he pecado. Gracias por perdonarme con tu sacrificio redentor en la cruz. Te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Si hizo esta oración, tengo ahora tres sugerencias para usted: la primera, que ore cada día. Orar es hablar con Dios. La segunda, que estudie la Biblia y aprenda allí los maravillosos principios que le llevarán a ser una persona de éxito y crecimiento en su vida personal y espiritual. Y tercero, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Por último: ¡Felicitaciones! ¡Hoy comienza una nueva existencia!

© Fernando Alexis Jiménez

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