Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #081506.

Aliento en medio del desierto

Tocaba música en un hotel de Beirut cuando comenzaron a producirse los ataques de Israel. Colombiano. Profesor de música. Alegre. Salsero. Dispuesto a sacarle gusto a cada minuto de la existencia. Sintió los rigores de la guerra de palestinos contra israelíes.

Por algún tiempo estuvo incomunicado de todo y de todos. Sólo escuchaba el boom de las explosiones. Y por las imágenes de la televisión apreciaban la forma como se producían destrucciones de impredecibles consecuencias. El aeropuerto destruido. Todo estaba desolado.

Hasta que por fin logró comunicarse con su familia. ¡Un verdadero gozo! Jamás como en ese momento, imaginó que hablar con sus padres le llenaría de tanto gozo.

Fue como transportarse en el tiempo y en la distancia. Ubicarse geográficamente en su país aunque estuviera a miles de kilómetros de distancia.

Las palabras además de familiares, trajeron consuelo y le llenaron de ánimo para seguir adelante.

En medio de circunstancias adversas

Cuando nos encontramos en circunstancias adversas ¡cuán grandioso es recibir palabras de aliento de nuestro amado Dios! Están en la Biblia. Son como manantiales de agua fresca y limpia que calman nuestra sed.

Todo cuanto recibimos del Señor Jesús en el Evangelio, es justamente como el vaso de agua que calma al sediento, y Él lo expresó de manera magistral cuando dijo: "Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo" (Juan 15:11).

Permítame preguntarle, ¿cuánto tiempo lleva sin ir a las páginas de la Biblia? ¿Ha buscado edificación en sus palabras? ¿Las ha tornado realidad en su existencia? Hoy es el día para que comience a hacerlo. Recuerde ¡Su vida será transformada!

¿Le falta todavía la mejor decisión?

Es probable que aún sienta desanimo. Considera que no vale la pena seguir adelante. Todo luce sombrío a su alrededor. Si el diagnóstico acierta con su realidad personal, permítame decirle algo: necesita a Jesucristo en su corazón.

¿Cómo recibirlo? Es sencillo. Dígale, allí donde se encuentra: "Señor Jesús, reconozco que he pecado. También que moriste en la cruz por mis pecados. Te recibo en mi corazón. Gracias por perdonarme. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Si hizo esta oración, le felicitamos. Es la mejor decisión que haya podido tomar. Ahora le quedan tres sugerencias que me permito hacerle: la primera, que haga de la oración un hábito diario; la segunda, que lea en la Biblia los principios que le ayudarán en su crecimiento personal y espiritual; y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo.

© Fernando Alexis Jiménez

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