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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #090106.
Por unos pocos minutos, no pudo viajar en el autobús que lo esperaba para surcar, en cuestión de siete horas, más de quinientos kilómetros o algo menos, rumbo a la capital del país.
Se sintió incómodo. Él, que a primera hora del día encomendaba a Dios todas sus acciones, no podía estar enfrentando una situación así, pensó Raúl Verdares Almáciga, convencido de que todo estaba en su contra en aquella mañana.
Sintió molestia y la expresó golpeando con el puño en la pared. "Por qué a mí, Dios mío; por qué a mí", repetía desconsolado.
Perdería su cita en una embajada en la que iba a solicitar la visa. Debería esperar otra hora hasta que saliera el próximo vehículo. Estaba descorazonado.
Horas después se enteró de que el autobús que no tomó, que a propósito iba casi vacío, se había accidentado en carretera. Comprendió entonces que Dios lo había guardado.
Dios nos guarda
Aun cuando no lo miramos detenidamente, quizá por el afán de la cotidianidad, Dios está pendiente de nosotros y nos da lo que nos conviene.
Leemos en las Escrituras un planteamiento del apóstol Pablo: "Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).
Nada de cuanto nos ocurre es para mal, sino para bien. Todo depende de si estamos o no caminando con el Señor Jesús. No podemos esperar que las cosas salgan bien si estamos andando a nuestra manera… Pero si no es así, y caminamos con Dios, podemos esperar lo mejor…
¿Tiene a Dios en su corazón?
Me asalta una pregunta que le traslado: ¿Tiene a Dios en su corazón? ¿Le ha entregado su corazón a Él? ¿Recibió a Jesucristo como su Señor y Salvador?
Si no es así, pero desea hacerlo ahora, le invito para que ore así: "Señor Jesús, te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Gracias por perdonar mis pecados en la cruz. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"
Lo felicito por esa decisión. Ahora hay tres invitaciones que deseo hacerle. La primera, que haga de la oración un hábito diario. Es la forma de hablar con Dios de manera directa. La segunda, que lea en la Biblia los principios que le guiarán en el crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana.
¡Felicitaciones y adelante!
© Fernando Alexis Jiménez
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