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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #100106.
Dependencia absoluta de Dios
Corrió como nunca antes. En las tribunas decenas de personas aplaudían. Los rostros se mostraban radiantes por la emoción. Asafa Powell levantó los brazos al llegar a la meta. Había alcanzado un nuevo record. La marca de 9,77 segundos en los 100 metros planos.
El plusmarquista se acercó a las márgenes de la pista, en donde lo esperaban los periodistas. No pretendía llamar la atención, sin embargo y en criterio de los comunicadores, su hazaña lo ameritaba.
Le preguntaron de dónde provenía esa capacidad extraordinaria en la pista. Respondió enfáticamente que de Dios y no de las drogas, como suele ocurrir en el mundo deportivo.
Sonrió a los periodistas y les recomendó decirle al mundo que en el Creador todas las personas encontrarán la fortaleza para salir adelante.
Asafa Powell es hoy el hombre más rápido sobre la tierra. Es jamaiquino, siempre da lo mejor de sí, y se ha fijado la meta de superar siempre su propia marca.
Un verdadero ejemplo
Asafa es considerado por muchos cronistas deportivos como uno de los héroes de los últimos tiempos. Un verdadero ejemplo.
El secreto, según él, es buscar a Dios. Aplica en su vida el postulado bíblico de Pablo: "El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz..." (Romanos 8:6).
El mundo permanentemente nos arrastra en procura de que sigamos sus postulados. Es probable que nos sintamos tentados a seguir las pautas que nos marca. Sin embargo, estamos llamados a sembrar para el Espíritu, es decir, en todos los asuntos espirituales.
Pregúntese hoy, ¿para qué está sembrando? ¿Para la carne o para el Espíritu?
Tal vez le hace falta algo
Es probable que no tenga una respuesta para el anterior interrogante porque aún no ha tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo. ¡Hoy puede ser el gran día para ese encuentro!
Basta que haga una sencilla oración. Dígale: "Señor Jesucristo, reconozco que he pecado y que—en la cruz—moriste para perdonar todas mis faltas. Gracias por tu muerte sacrificial y ofrecerme una nueva oportunidad. Te recibo en mi corazón. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"
Si tomó esta decisión, ¡Felicitaciones! Es la mejor decisión de su vida. Ahora tengo tres invitaciones para usted. La primera, que haga de la oración una práctica diaria. La segunda, que lea en la Biblia principios que le permitirán avanzar en el proceso de crecimiento personal y espiritual, y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana.
© Fernando Alexis Jiménez
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