Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #011507

Hoy es el día de emprender una nueva vida

Ziona tiene 64 años y se ha casado 50 veces. Su familia la componen 180 miembros. Es una de los clanes más grandes de todo el mundo, hasta tal punto que –unidos—residen en un pueblo exclusivo de ellos: Baktawng, al noreste de la India.

De acuerdo con quienes han estudiado este fenómeno, se trata del hombre con mayor número de mujeres. Y aseguran que no hay desavenencias entre ellas.

Lo más curioso es que él profesa ser cristiano y preside una escisión sectaria del culto presbiteriano. Por esta razón es quien gobierna en la interminable sucesión de casas modestas, pero también quien les orienta espiritualmente.

En el pueblo hay una escuela, un patio de juegos, una carpintería, una granja y una bien organizada explotación agrícola con la que se proveen de los veinte kilos de arroz y los diez pollos que comen todos cada día.

Sin duda se trata de un pueblo único en su género en todo el mundo. Todos unidos por una naturaleza genética similar. "Les corre la misma sangre", diría alguien.

Este relato me llevó a reflexionar en el pueblo especial que somos usted y yo. El apóstol Pablo lo describe de la siguiente manera: "Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz..." (Efesios 2:13-15).

Otrora éramos pecadores. Distantes totalmente del Señor. Condenados a morir por la eternidad. Pero el curso de la historia cambió cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador. Su sacrificio en la cruz permitió que nos reconciliáramos con el Padre y comenzáramos a ser parte de su reino.

Tome la decisión

Le animo para que sea parte de este pueblo especial. Me refiero al de los redimidos por Cristo. Basta que le reciba en su corazón como único y suficiente Salvador. Hoy es el día de emprender una nueva vida.

¿Cómo hacerlo?, se preguntará usted. Realmente es muy sencillo. Con una sencilla oración que puede hacer ahora mismo. Repita conmigo: "Señor Jesucristo, reconozco que he pecado. También que mis pecados me han mantenido alejado de Dios. Te doy gracias por tu sacrificio en la cruz para perdonarme mis pecados. Te recibo en mi corazón. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Si hizo la oración, lo felicito sinceramente. Ahora comienza una existencia renovada. Comparto con usted tres invitaciones. La primera, para que haga de la oración un principio diario. Orar es hablar con Dios. La segunda, que lea la Biblia. Allí encontrará principios dinámicos para experimentar crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Le permitirá vivenciar el crecimiento!

© Fernando Alexis Jiménez

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