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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #020107
Es hora de emprender el cambio
Lo hizo sin pensarlo dos veces. Con su mano derecha arrojó con fuerza platos, vaso y cubiertos que cayeron al piso y se hicieron pedazos, dejando un reguero de fragmentos de losa. Roberto se quedó mirando el fruto de su reacción airada. Su esposa, en la cocina, estaba sorprendida. Esos breves segundos rompieron la tranquilidad del hogar.
--¿Te das cuenta por qué razón no deseo seguir viviendo contigo? No son invenciones mías; eres agresivo. Hoy tiras al suelo la comida y mañana, ¿qué harás? Podrías atacarme a mí o en el peor de los casos a nuestros hijos—Estaba desesperada. Las lágrimas rodaban por sus mejillas.
--Lo hice en un momento de rabia... Perdí la razón, es todo—argumentó Roberto mientras intentaba recoger con la mano el reguero de porcelana.
Ella lo miró con odio. Reflejaba en su rostro las emociones encontradas que la embargaban. Deseaba gritar, salir corriendo, huir de ese infierno en el que se había convertido su relación matrimonial.
Reconocía que todos se lo habían advertido. Roberto era irascible y violento. Sin embargo ella se había fijado la meta de cambiarlo. "El amor y la comprensión lo llevarán a ser una nueva persona", solía repetir. Los resultados eran contrarios a sus previsiones. Él no cambiaba y todo apuntaba a que cada día sería peor.
Roberto y Ana Julia se separaron. Un lunes lluvioso, nublado y frío. Ella no soportó los malos tratos de su marido. Él ahora asiste a una iglesia. Ha cambiado, sin duda, pero sabe que no puede devolver el tiempo. Su esposa no quiere aceptarlo. Él ha decidido proseguir el cambio.
Si hay algo que no podemos cambiar con sólo el sano propósito y las buenas intenciones, es nuestro ser, que se refleja en pensamientos y acciones que ponen de manifiesto qué hay dentro nuestro.
El único que puede operar un cambio en usted y en mi, es Dios cuando le permitimos que trate con todas las áreas. El apóstol Pablo recomendó a los creyentes de Roma: "No os amoldéis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable y lo perfecto" (Romanos 12:2 Cf. Efesios 4:23).
Cambiar es posible pero no en nuestras fuerzas sino en las del Señor. Sólo de esta manera podremos permitir que nuestra forma de pensar, y por supuesto de actuar, sean modificadas y lleguen a ser conforme Su voluntad. ¡Hoy es el día para cambiar!
¿Le falta algo aún?
Es probable que todavía no haya dado el paso más importante: recibir a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Hoy puede hacerlo. Basta que haga una sencilla oración. Dígale:
"Señor Jesucristo, reconozco que soy pecador. Gracias por perdonar en la cruz todos mis pecados y ofrecerme una nueva oportunidad. Te abro las puertas de mi corazón. Entra en mi ser y haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"
Si tomó esta decisión, lo felicito. Ahora quedan tres sugerencias que deseo hacerle. La primera, que comience a orar diariamente. Orar es hablar con Dios. La segunda, que lea la Biblia en donde hallará principios dinámicos que le ayudarán en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia. Allí tendrá comunión con otros hermanos en la fe, lo cual es altamente beneficioso.
© Fernando Alexis Jiménez
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