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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #021507
¡Renueve su forma de pensar!
Estaba mirando por la ventana. Era un día soleado. Afuera los vehículos iban y venían raudos por la avenida. El ruido propio del despertar de la jornada. El reloj marcaba las siete menos cinco de la mañana. Pronto debía partir para su trabajo.
Justo en ese momento su esposa que se acercaba consciente de que les había cogido la tarde, volcó el vaso con café que se esparció sobre el periódico abierto en la sección de deportes, llegó hasta el mantel y se dirigió, por fuerza de la inercia, hacia un extremo para caer en gotas gruesas sobre el piso.
--¿Qué haces? ¿Te has vuelto loca, Aurora? ¡Mira lo que hiciste!—le reclamó Alberto a gritos. —Me echaste a perder el día...--, dijo al tiempo que se disponía a salir. Lo hizo a pasos apresurados, cerrando la puerta tras de sí con violencia.
En el trabajo lo esperaba el guarda, sonriente:
--Buenos días, doctor Alberto...—le dijo.
El hombre lo miró con rabia y recriminó con palabras cargadas de intolerancia:
--¿Cómo podía andar mi día? Pues mal. No es ningún día bueno. Y en fin, para qué le cuento a usted si no le importa...—
Minutos después estaba encendiendo el computador. Se acercó Teresa. Traía una bandeja con vasos llenos de humeante café:
--Ni se le ocurra dar un paso más, Teresa... No sea que riegue el café y yo sea la víctima--, le dijo con marcada molestia.
En la tarde, de regreso a casa, chocó el vehículo. La autopista estaba congestionada y él deseaba llegar a su hogar. En todo el día no había cruzado palabra con su esposa por teléfono.
--No le digo, lo que me faltaba... Colisionar con otro auto... ¡Yo sabía que el incidente de la mañana me marcaría para toda la jornada!--, gritaba mientras pateaba los neumáticos del carro.
Es probable que conozca personas que han protagonizado una escena similar. Tal vez usted mismo ha vivido momentos difíciles y frustrantes. Al volver atrás descubre que todo partió de la actitud que asumió sobre determinadas circunstancias que acontecieron en el día.
"¿Por qué me ocurre a mí todo lo malo?", se pregunta. Pues se sorprendería al descubrir que muchos de los malos ratos son provocados por nosotros. ¿La razón? No hemos renovado nuestra forma de pensar y por tal motivo nuestros pensamientos y acciones están orientados a la derrota y la frustración.
El centro de los pensamientos
Si quisiéramos estudiar la dinámica de los pensamientos, necesariamente deberíamos remitirnos al cerebro. De acuerdo con la ciencia ése es el órgano en el que se producen los pensamientos y las emociones. Todo cuanto acontece alrededor del individuo contribuye a modificar la actividad del cerebro porque no es igual su funcionamiento cuando estamos felices, que cuando estamos tristes.
Ahora bien, éste órgano controla el resto del organismo. La ansiedad, por ejemplo, puede alterar el desempeño del corazón, del estómago o contraer los músculos. Es el clásico ejemplo de las enfermedades sicosomáticas que son el producto de la alteración en la marcha cerebral que repercute en el resto del cuerpo. También merecen especial reconocimiento afectaciones como la depresión, la ansiedad o la neurosis obsesiva.
¿Se da cuenta del papel trascendental que juega en nuestra vida tener una mente sana? Para lograrlo se requiere una profunda renovación en nuestra manera de pensar.
Es hora de cambiar los pensamientos
Si vamos a la raíz de los factores conducentes a una mentalidad de fracaso y derrota, poblada de pesimismo e ira reprimida que trae tantos sinsabores a nuestro desenvolvimiento cotidiano, encontraremos que giran alrededor de los pensamientos que se anidan en la mente.
Emprender una renovación en nuestra forma de pensar y por ende, de actuar, es imperativo como lo escribió el apóstol Pablo: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está corrompido de los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de verdad." (Efesios 4:22) -
De acuerdo con su enseñanza, existe una estrecha relación entre la nueva condición de hijos del Señor por el sacrificio de Jesucristo en la cruz, y la forma como pensamos, en la cual debemos desechar lo viejo y dar lugar a lo nuevo.
El rey Salomón se anticipó a nuestro tiempo y escribió hace muchos siglos: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23). Él advirtió claramente que los pensamientos ejercían una directa incidencia en nuestro comportamiento y que era necesario ser muy cuidadosos de los pensamientos que concibiéramos.
¿Qué está pensando?
Si usted hubiera conocido a Adalberto, ocho años atrás, se sorprendería del cambio que ha experimentado. Era un hombre vulgar, que dejaba escapar de sus labios toda la fuerza de la amargura que llevaba dentro. Cada palabra que pronunciaba destilaba veneno. "Es ofensivo", solían repetir sus vecinos.
Pero cuando conoció al Señor Jesús como Señor y Salvador, esa conducta reprobable tuvo un giro total aunque progresivo. Los términos groseros fueron desapareciendo de su vocabulario, el tono al hablar llegó a ser moderado y expresaba las cosas con palabras apacibles.
¿La razón? La forma como hablamos está directamente relacionada con nuestros pensamientos. El asunto fue abordado por el salmista cuando escribió: "¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Jehová, roca mía y redentor mío!" (Salmo 19:14).
Evidentemente nuestra conducta queda expresada con hechos y palabras, los cuales a su vez revelan lo que guardamos en el corazón. Sobre esta base y si usted desea emprender un cambio radical, comience renovando sus pensamientos.
La forma como pensamos no solo se refleja en nuestras actitudes frente a la vida sino que además, están a la vista de Dios—Jeremías 17:10; Apocalipsis 2:23.
Permita que Dios trate sus pensamientos
Un paso fundamental en el proceso de transformación personal y de crecimiento espiritual, radica en permitirle a Dios que transforme nuestros pensamientos hasta que tengamos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). No podemos seguir pensando y actuando como aquellos que todavía no tienen al Señor Jesús en su corazón (Efesios 4:17).
Los patrones de pensamiento y de conducta son renovados en la medida que le permitimos un lugar a Dios en nuestro ser. Además, debemos poner un filtro para que la maldad no entre a tomar fuerza en nosotros: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad"(Filipenses 4:8)
Sí es posible cambiar. No en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Y esa modificación positiva en nuestra forma de ser, comienza con dos pautas: la primera, disponernos a ser tratados en nuestra manera de pensar, y la segunda, abrir nuestro corazón para que el Señor haga su obra.
¿Tomó la decisión vital?
Nuestros pensamientos pueden ser renovados si volvemos nuestra mirada a Jesucristo y le abrimos las puertas de nuestro corazón. Es sencillo. Basta con una oración que puede hacer ahora mismo. Dígale: "Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que debo cambiar para andar conforme a la voluntad de Dios. Gracias por perdonar mis pecados en la cruz. Te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén"
Si tomó esta decisión, lo felicito. Ahora permítame compartirle tres sugerencias. La primera, que haga de la oración un hábito diario; la segunda, que lea la Biblia y aprenda principios dinámicos que le ayudarán en su crecimiento personal y personal. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida será diferente!
© Fernando Alexis Jiménez
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