Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #040107

Origen y consecuencias de la mentira

Lo dijo sin pensarlo dos veces. Miró fijamente a su interlocutor, sonrió para tranquilizarle y exclamó:

--Yo no saqué anoche los equipos de televisión...—

Su jefe lo auscultó con la mirada, tratando de ir más allá de lo que podían ver sus ojos. Lo que más hubiera querido el hombre era leer los pensamientos de José Luis.

--De acuerdo, no insistiré más en el asunto pero quiero decirle que si comprobamos que utiliza herramientas de la empresa para realizar trabajos—le advirtió, hizo un ademán indicando que se retiraba, dio media vuelta y salió.

Al día siguiente fue llamado nuevamente donde el Supervisor. En el pequeño espacio, solamente adornado con un almanaque sobre lugares naturales de Colombia, se encontraban su jefe inmediato y un guarda de seguridad.

--Siéntese por favor--, le dijo el superior. —El guarda Vélez dice que lo vio antes de anoche mientras usted retiraba una cámara filmadora y un juego de luces por la puerta que da al parqueadero. También que usted regresó pasadas las diez de la noche argumentando que se le habían quedado unos documentos, acceso que aprovechó para ingresar de nuevo los equipos--.

José Luis miró a uno y a otro. No supo qué decir. Realmente no tenía argumentos ¡Había sido descubierto! Dos horas después tenía sobre la mesa de su escritorio la carta de desvinculación.

Pérdida de credibilidad y desconfianza

Aquél que se acostumbra a mentir enfrenta dos aspectos que son sumamente perjudiciales en sus relaciones interpersonales: de un lado la pérdida de credibilidad entre quienes le rodean, y de otro, la desconfianza que termina por minar todo diálogo.

El rey Salomón recomendó prudencia y medir cuidadosamente el alcance que tienen los embustes. El monarca del pueblo israelita dijo hace siglos: "En las muchas palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es prudente" (Proverbios 10:19).

Es probable que en su vida haya experimentado las terribles consecuencias que desencadena mentir. Hay quienes lo tienen por hábito mientras que otros acuden a engañar con el propósito de sacar ventaja de alguna situación.

Cuando hacemos un análisis de esta situación descubrimos que nos perjudica en el proceso de crecimiento personal y espiritual y que es inminente tomar conciencia de su perjuicio, con el propósito de aplicar los correctivos con ayuda de Dios.

Maldición detrás de la mentira

Cuando vamos a las Escrituras para reconocer el alcance que tiene la mentira, encontramos que desencadena maldición y condena—1 Timoteo 1:9, 10.

El señor Jesús a aquellos que cuestionaban y rechazaban la verdad, les encaró categóricamente cuando les dijo: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:44. RVR 1909)

Observe cuidadosamente que los mentirosos son asociados con nuestro enemigo espiritual. Él que es "príncipe de este mundo", es uno de los principales propiciadores del engaño. Es cierto que la naturaleza humana torna a los seres proclives al pecado y uno de ellos tan grave como es la mentira, pero también es importante considerar que Satanás crea el escenario y las condiciones para que la mentira cobre fuerza en la sociedad.

La Biblia advierte claramente que los embusteros recibirán condenación eterna si no se arrepienten: "Más a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda. " (Apocalipsis 21:8, RVR 1909). Un poco más adelante leemos que no gozarán de la vida eterna: "No entrará en ella ninguna cosa sucia, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero" (Apocalipsis 21:27, RVR 1909. Cf. Apocalipsis 22:15)

Es interesante notar que Juan asocia a los mentirosos con los hechiceros, los disolutos, los homicidas y los idólatras ¡Tal es la gravedad de andar mintiendo!

Es tiempo de cambiar

No hay error en el que se haya incurrido que no se pueda superar con la ayuda de Dios. La mentira es uno de esos comportamientos lesivos de los cuales se puede obtener perdón si el corazón anida un sincero deseo de ser transformado.

El apóstol Pablo hizo la siguiente recomendación: "Por lo cual, dejando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros" (Efesios 4:25. RVR 1909)

A este pasaje es importante sumarle otro de suma trascendencia que contiene una recomendación del Señor Jesucristo: "...sino que vuestro ‘sí’ sea ‘si’, y vuestro ‘no’ sea ‘no’. Lo que pasa de esto, procede del maligno" (Mateo 5:37)

Es posible dejar el hábito o la inclinación de andar mintiendo. No en sus fuerzas sino en las de Dios. Es por su bien y el de sus relaciones interpersonales en el nivel que sean.

Sométase al Creador, permítale que trate con esas áreas de su existencia. Puedo asegurarle que apreciará los cambios. El principal beneficiario será usted.

Pero no podría despedirme sin antes hacerle una invitación para que reciba a Jesucristo como su Señor y Salvador. Hágalo mediante la sencilla oración que sigue: "Amado Señor Jesucristo, reconozco que he pecado. Gracias por perdonarme mediante tu sacrificio en la cruz para darme una nueva vida. Te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén".

Si hizo la oración, lo felicito. Es el mejor paso que haya podido dar en la vida. Ahora tengo tres sugerencias para usted: la primera, que hable con Dios cada día. Orar es hablar con Dios. La segunda, que aprenda en la Biblia principios dinámicos que le ayudarán en su crecimiento personal y espiritual, y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia donde se predique lo que la Biblia enseña.

Adelante y en victoria, en su nuevo andar con Cristo...

© Fernando Alexis Jiménez

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