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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #060107
Si algo caracterizaba a Víctor, era la sonora carcajada que dejaba escapar por cualquier motivo trivial, imprimiéndole un sello alegre y carnavalesco a todo cuanto acontecía a su alrededor. Si mi abuelo Angelino Barco viviera, diría de él que era un buen hombre.
Era bastante trabajador. No tenía confrontaciones con ninguna persona. Dedicado a su familia, salvo los viernes en la noche cuando invariablemente se reunía con sus amigos a beber cerveza. Del dinero que ganaba, apartaba unos buenos pesos para la manutención de sus padres. Su mujer enfatizó que jamás, ni por equivocación, intentó levantar la mano contra ella.
La propietaria de la vivienda donde estaba realizando reparaciones, le habló siempre de Cristo. "Reciba al Señor Jesús, y verá como su vida cambia", le insistía.
--Doña Margot, soy buen hombre, no robo, no ando con mujeres, soy buen hijo; en pocas palabras, no tendría que preocuparme de nada porque si muero voy al cielo—se defendía Víctor.
--Pero se iría sin Cristo en el corazón, porque no le ha recibido como su Señor y Salvador—argumentaba la mujer.
--Un poco más adelante me entrego a Cristo, ya verá--, solía prometer.
Pero no tuvo tiempo. Un jueves, a primera hora de la mañana y cuando él se dirigía a su trabajo montando una bicicleta, lo arrolló un bus de pasajeros. La muerte fue inmediata.
--¿Dónde estará mi marido ahora?—preguntó su esposa a Margot.
--Si no tenía a Cristo Jesús en su corazón, no podría decirle dónde está—le dijo ella.
Una historia real con un final triste. Lo más probable, de acuerdo con las Escrituras, es que Víctor se haya perdido por la eternidad. Tuvo muchas oportunidades de recibir la Salvación, pero siempre eludió el compromiso.
La Salvación rechazada por el hombre
Dios ofreció multitud de oportunidades al pueblo de Israel para que caminara en la Salvación, cambiara el rumbo de pecado en el que estaba inmerso, y se volviera a Dios. Sin embargo, rechazaron el amoroso ofrecimiento del Padre celestial.
Esta actitud fue descrita por el Señor Jesús con una de las magistrales parábolas que incluye el Evangelio de Mateo: "Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle. " (Mateo 21:28-32)
La última advertencia de la época la hizo el Señor a través de Juan el Bautista, pero los judíos la rechazaron. En cambio, los gentiles y pecadores en general, escucharon el mensaje, se arrepintieron y tuvieron acceso libre a la Salvación.
El amado Maestro resaltó esta situación cuando les dijo: "De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios." Fue una enseñanza contundente. Dejó sentado que aquellos que recibieron el mensaje y lo aceptaron en su corazón, son salvos y tienen asegurada la vida eterna.
El proceso implica creer y recibir a Jesús en nuestro corazón. Sencillo pero con implicaciones eternas, porque el Hijo de Dios nos limpia de todo pecado y nos abre las puertas a una nueva existencia.
Quizá usted no ha tomado la decisión, pero tiene inquietud. Hoy es el día. Reciba a Cristo. Dígale en oración: "Señor Jesús, reconozco que he pecado. Me arrepiento. Te recibo en mi corazón. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén."
Lo felicito porque ha dado un paso que le lleva a la eternidad con Dios. Ahora tengo tres recomendaciones. La primera, que haga de la oración un principio de vida diaria. La segunda, que estudie y aplique los principios dinámicos de la Biblia, que le permitirán alcanzar crecimiento personal y espiritual. Y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. No lo olvide: Su verdadera vida, apenas comienza hoy en Cristo Jesús...
© Fernando Alexis Jiménez
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