Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #061507

¿Cambiar? Sí es posible por la obra de Jesucristo

Si tuviera oportunidad de hacer un recuento de su vida delictiva, no tendría una línea de base para comenzar. Habían sido tantos delitos, que había perdido la cuenta. Del único que tenía memoria, ocurrió cuando rayaba los doce años y armado con un pico de botella, asaltó al tendero del barrio. El incidente tuvo connotaciones anecdóticas porque uno de los billetes que sustrajo, el que tenía mayor valor, resultó falso.

Un día casi le roba la vida a un mendigo, por quitarle las pocas monedas que el hombre había obtenido después de toda una mañana de extender la mano en procura de algo, a los transeúntes de una populosa avenida. Lo dejó mal herido, pero afortunadamente el sujeto fue atendido en un hospital cercano.

Por tales antecedentes no podía creer lo que le decía el hombre que tenía en frente. "Jesucristo murió por ti en la cruz y te abre hoy las puertas a una nueva vida".

--Usted no sabe lo que dice. Está loco—le dijo enfatizando cada una de sus palabras.

--Todos tus pecados fueron perdonados en la cruz. Allí lo hizo Jesús. Es nuestro Salvador. Tienes derecho a la vida eterna—le insistió el joven cristiano.

Terminó haciendo decisión de fe, no muy convencido. Aquello le sonaba como una oferta extraordinaria de un electrodoméstico o quizá de un servicio médico, pero nada que tuviera relación con su vida personal y espiritual.

En los próximos días y mientras hacía un esfuerzo enorme para durar más de dos minutos en oración, comenzó a experimentar cambios en su vida. Ya no era el hombre agresivo de otros tiempos que, ante la menor provocación, reaccionaba. Sin duda, ahora era diferente. ¡Algo estaba ocurriendo dentro de su ser!

Perdonados por la obra sacrificial de Jesús

Con frecuencia me refiero a la historia del hombre que vivía en la zona más deprimida de Cali, donde tienen asiento los consumidores de droga que han tocado fondo. Íbamos a predicar y necesitábamos energía eléctrica para alimentar el altavoz.

--¿Cuál es su nombre?--, le pregunté.

--Dígame "corrompido"—respondió de mala gana.

--Ése no es un nombre—corregí.

--Es el único que conozco desde siempre--, me dijo convencido.

No fue fácil para él aceptar que mediante una oración recibiendo a Jesucristo en su corazón como Salvador, emprendería una nueva existencia y aseguraba la vida eterna.

Igual ocurre con muchas personas. No están convencidas que emprender el cambio resulte tan fácil. Están tan acosadas con los recuerdos de la vida pasada, que consideran imposible el hecho de que Dios les perdone.

Sin embargo hay perdón. ¿La razón? Jesús cargó con todas nuestras rebeliones. En la Biblia leemos: "Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros." (Isaías 53:6. Nueva Versión Internacional)

¿Se da cuenta? Usted puede ser totalmente renovado, en su mente, en su cuerpo y en su espíritu. Jesucristo lo hace posible. Él murió en lugar nuestro para reconciliarnos con el Padre celestial.

Algo alentador es que todos, absolutamente todos, sin importar el pasado que hayan tenido, ven abiertas las puertas de la Salvación, como lo describe el profeta de la antigüedad: "Vuelvan a mí y sean salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay ningún otro." (Isaías 45:22)

Jesucristo levantado en victoria

Para ilustrar cómo es posible la Salvación por la obra de Jesús el Señor en la cruz, es necesario remitirnos a la época remota en la que el pueblo de Israel marchaba por el desierto. Habían sido libertados del dominio egipcio por la obra del Padre celestial, y sin embargo le eran infieles.

Fue entonces cuando enfrentaron las consecuencias de sus desatinos. "Los israelitas salieron del monte Hor por la ruta del Mar Rojo, bordeando el territorio de Edom. En el camino se impacientaron y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés: —¿Para qué nos trajeron ustedes de Egipto a morir en este desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua! ¡Ya estamos hartos de esta pésima comida! Por eso el Señor mandó contra ellos serpientes venenosas, para que los mordieran, y muchos israelitas murieron. El pueblo se acercó entonces a Moisés, y le dijo: —Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti. Ruégale al Señor que nos quite esas serpientes. Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: —Hazte una serpiente, y ponla en un asta. Todos los que sean mordidos y la miren, vivirán. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Los que eran mordidos, miraban a la serpiente de bronce y vivían." (Números 21:4-9)

Observe que, al estar en peligro de morir como consecuencia de su rebeldía, los israelitas volvieron su mirada a Dios y Él les mostró un instrumento—representado en la serpiente de bronce—para evitar su muerte en medio de terribles dolores apenas los mordía una víbora.

Esa imagen es un tipo de lo que haría Cristo Jesús en la cruz. En la Palabra leemos lo que dijo el Maestro a Nicodemo quien fue a buscarlo una noche, en medio de la clandestinidad. "Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre" (Juan 3:14)

Jesús es quien tiene para usted la llave para comenzar el crecimiento personal y espiritual, pero también, el seguro de vida eterna si anda en Sus caminos. Hoy es el día para que lo reciba en su corazón como único y suficiente Salvador. ¿Cómo hacerlo? Con una sencilla oración como la que encontrará inmediatamente:

"Señor Jesús, gracias por perdonar en la cruz todos mis pecados. Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Si hizo esta oración, felicitaciones. ¡Ha comenzado una nueva vida! Ahora tengo tres sugerencias para usted. La primera, comience en oración a comunicarse con el Padre celestial. Orar es hablar con Dios. La segunda, lea la Biblia diariamente, y la tercera, congréguese en una iglesia cristiana. Allí encontrará el compañerismo y posibilidad de aprender más de Dios con la colaboración de hermanos en la fe. De nuevo, ¡felicitaciones!

© Fernando Alexis Jiménez

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