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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir #113007
Abrió la ventana. La estancia era grande, decorada con buen gusto, cuadros muy costosos sobre un costado de la pared y la heráldica del apellido familiar sobre la chimenea. Hacía calor. Y abrir la ventana trajo aire fresco. Venia de las montañas.
Enfrente tenía grandes extensiones de terreno. "Ganadas a punto de trabajo", como solía repetir cuando respondía a los comentarios halagadores de sus amigos que resaltaban su prosperidad.
Su hijo mayor estaba terminando la carrera de medicina, y el menor, recién ingresaba en una academia militar. Los dos tenían asegurado su futuro.
--No dudo que todo marche bien, pero ¿has tomado tiempo para darle tu corazón a Jesucristo?--Le dijo uno de sus hermanos.
--Sabes bien que no doy nada, antes recibo--, respondió irónicamente.
--Lo digo en serio, Arturo. No sabes cuándo partirás a la eternidad y si bien tienes todo registrado en el testamento, todavía no te has puesto a cuentas con Dios--.
Lo pensó cuidadosamente antes de responder:--Mira, hermanito, los asuntos de religión pueden esperar. Otro día hablamos del asunto--.
--Pídele a Dios que no sea tarde.—
--¿Ves?—interpeló--.Esa religión te ha vuelto fatalista.—Y volvió la espalda para indicar que daba por terminada la conversación.
Después de recrearse en lo bien que le había ido, decidió darse una vuelta por la ciudad. Generalmente no lo hacía, pero sintió el deseo de hacerlo. Invitó a su esposa. Ella se negó. Argumentó que se quedaba leyendo.
Mientras iba de camino, la camioneta se acercó peligrosamente al borde de la carretera. Un absurdo. Era buen conductor. No pudo evitar que el vehículo rodara unos cuantos metros. Fue llevado a una clínica en la que permaneció nueve días en estado de coma. Murió. ¡No tuvo tiempo de ponerse a cuentas con Dios!
Todavía hay oportunidad
¿Ha escuchado acerca del profeta Jonás y sus enseñanzas en Nínive buscando que la gente se arrepintiese de su pecado? Su mensaje proclamado a los cuatro vientos libró a todos sus habitantes de morir bajo el juicio de Dios. Ahora, ¿se pregunta qué habría ocurrido en el supuesto de que hubiesen persistido en su andar pecaminoso? Habrían sido destruidos literalmente. Ahora, ¿qué habrían pensado a las puertas de morir? Sin duda habrían dicho algo así: "El profeta nos lo advirtió pero no quisimos atender su llamamiento a arrepentirnos".
Sin duda habrá escuchado a quienes dicen: "Otro día tomo la decisión por Cristo", y tal como el hombre del relato, nunca tuvieron el tiempo de recibir a Jesús como su único y suficiente Salvador. Es fácil descubrir dónde pasarán la eternidad.
Dios ha sido misericordioso. Ha guardado tiempo antes de regresar por su pueblo redimido. En las Escrituras leemos que "El Señor no demora en cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que es paciente con nosotros, porque no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento." (2 Pedro 3:9).
Observe que todavía están abiertas las puertas. Usted tiene hoy la oportunidad de arrepentirse de una vida sujeta al pecado, volver su mirada al Señor Jesús y recibirle en el corazón.
Me preguntará: "Fernando, ¿qué es arrepentimiento?". Muy sencillo. Arrepentirse es reconocer el pecado en el que hayamos andado y apartarnos –de una manera radical y permanente—de tales caminos para caminar en pos de Dios.
Recuerde que, tal como lo plantea el apóstol, no sabemos si habrá un mañana: "Oíd ahora, los que decís: "Hoy y mañana iremos a tal ciudad. Estaremos allá un año, y negociaremos y ganaremos". Y no sabéis lo que sucederá mañana. Porque, ¿qué es vuestra vida? Apenas un vapor que aparece por un poco de tiempo, y pronto se desvanece." (Santiago 4:13, 14).
Es imperativo volvernos a Dios
Un atleta y practicante de parapentismo en nuestra ciudad, estaba convencido de que su carrera deportiva iría en ascenso, sobreponiéndose a los tropiezos apenas naturales que ofrece la vida. Así lo compartió con un periodista: "Creo que estoy en un punto alto de mi carrera y ahora sólo me espera la consagración en los escenarios internacionales".
Una meta loable, sin duda. Pero no se materializó. Murió muy joven, de apenas veintidós años, al ser arrastrado por una corriente de viento contraria que llevó la cometa hacia una pared montañosa, donde se estrelló.
¿Oportunidades de recibir a Cristo? Sin duda que las tuvo. Pero tomó su propia determinación.
En cierta ocasión y tras compartir con sinnúmero de personas acerca de las Buenas Nuevas de Salvación, un grupo de personas interrumpió al apóstol Pedro. "Al oír esto se dolieron de corazón, y preguntaron a Pedro y a los apóstoles: ‘Hermanos, ¿qué haremos? Pedro contestó: ‘Arrepentios, y sed bautizados cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de pecados. Y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Hechos 2: 37, 38).
Es interesante notar de qué manera el mensaje impactó a los oyentes, les dolió en su corazón andar perdidamente separados de Dios y preguntaron acerca del camino a seguir para reemprender el camino, en consonancia con la voluntad de Dios.
Pedro les dio una respuesta contundente: debían asumir compromiso en la decisión de cambiar y de seguir a Dios. Compromiso. ¿Está usted en disposición de comprometerse con el Padre como paso para alcanzar el crecimiento personal y espiritual que tanto anhela?
Una vez convertidos, es necesario permanecer firmes
¿Ha visto alguna vez un roble? Cuando apenas es una plantita y aún cuando está tierno, fácilmente lo mueve el viento; sin embargo una vez crece y se afianza, difícilmente un huracán puede arrancarlo de raíz.
Es la mejor metáfora que encuentro a mano para ilustrar la necesidad de crecer en Dios y, una vez lo logremos, permanecer firmes, por encima de la adversidad que pueda surgir en el camino.
El apóstol Pedro recomendó a los creyentes del primer siglo y también a nosotros hoy: "Por eso, oh amados, ya que esperáis estas cosas, procurar con diligencia ser hallados en paz con él, sin mancha ni reprensión." (2 Pedro 3:14).
Nuestro enemigo espiritual, Satanás, buscará nuestra caída (1 Pedro 5:8). Su deseo es robarnos la comunión con el Padre. Por esa razón debemos avanzar tomados de la mano del Señor Jesús. No desprendernos en ningún momento. Es la única alternativa que tenemos de vencer.
¿Ya tomó la decisión?
Es probable que la lectura de estas líneas le haya llevado a reflexionar sobre la necesidad de recibir a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Puede hacerlo ahora mismo, allí donde se encuentra. Dígale: "Señor Jesús, reconozco que he pecado y también, que en la cruz perdonaste todos mis pecados. Deseo la salvación de mi alma. Por eso te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén".
Si hizo esta oración, lo felicito. Es la mejor decisión que pueda haber tomado jamás. Ahora le recomiendo tres cosas: la primera, que ore cada día. Es la manera eficaz de mantener íntima comunión con Dios. La segunda, que lea cada día de Su Palabra: La Biblia. En ella aprenderá principios que darán solidez a su crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana.
Jamás olvide que hoy ha comenzado una nueva vida...
© Fernando Alexis Jiménez
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