Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #122007

Su vida vale mucho para Dios.

Las calles de Altamira lucieron festivas la mañana de domingo en la que anunciaron la visita de alguien muy especial. Festones de colores atravesaban las vías, algunas casas tenían puertas y ventanas abiertas, la avenida principal del pueblo estaba adornada con banderas del Brasil, y en los edificios del ayuntamiento y del alcalde, flores que testimoniaban el respeto al ser especial que haría presencia.

Unos especulaban que se trataba del nuevo párroco, otros que de un notario reemplazante, alguien que se produciría relevo en los médicos del hospital, y el mensajero del juzgado sacó a todos de la incertidumbre al confirmar el arribo del gobernador de la provincia.

--La notificación la hicieron apenas anoche. Por esa razón solo algunos del pueblo se enteraron. Sin embargo la idea es que todos salgamos a recibirle—explicó.

Pasaron las horas. La mañana fue llegando a su fin para dar paso al mediodía y luego, los primeros vestigios del atardecer. Todos estaban expectantes. Miraban con persistencia al callejón que desembocaba en el parquecito. Nadie. Todo era un misterio.

Al filo de la noche, cuando el sol se oculta con nostalgia detrás de las montañas, entró caminando alguien que, si bien vestía con buen gusto, todos intuyeron que sería el mandatario, pero de incógnito. Nadie se atrevía a preguntarle, pero por si las dudas, todos lo saludaban con venias. El se limitaba a sonreír y a devolver el gesto amable. En el parquecito, el único de Altamira, lo esperaba el alcalde que le estrechó la mano efusivamente.

--No se de quien piensan que se trata, pero en realidad ni siquiera venía a este pueblo. Perdido y cerca al cruce de caminos que hay dos kilómetros adelante, me informaron que aquí podría pasar la noche. De todos modos gracias—concluyó.

--No importa—le respondió el boticario, quien formaba parte de la comitiva de recibimiento--: Usted hoy es la persona más importante de este pueblo--.

Para Dios, usted es muy importante

La historia ilustra gráficamente la sensación que debió despertar en aquel peregrino la emotiva acogida. Igual la alegría que embarga a alguien que en medio de su crisis vuelve su mirada a Jesucristo en procura de ayuda, y recibe perdón y una nueva oportunidad. Y el ambiente festivo en la presencia de Dios, tal como la describe el Señor Jesús:

"¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento."(Lucas 15:4-7).

El problema inicia con los recuerdos vívidos de los momentos, quizá en la niñez o adolescencia, cuando nos hicieron sentir que no valíamos la pena. Incluso es probable que reiteradamente nos hayan dicho que jamás llegaremos a ningún lado. Esas palabras, dichas muchas veces con ira, repercuten en nuestro presente y nuestro futuro. Son como un poderoso freno que no impide seguir adelante en momentos en que todo está a nuestro favor.

Si se toma el trabajo de releer el texto, descubrirá a un Dios de amor—distinto al Dios vengador que nos enseñaron otrora en el viejo catecismo—para quien valemos mucho. Observe la descripción del Señor Jesús al referirse a la oveja que habiendo sido hallada, despierta alegría en su propietario:" Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.".

Piense en sus enormes potencialidades. Dios lo creó para vivir, no para morir en cada día y a en todo instante. Basta que usted comience a valorarse, a partir de reconocer y asumir que Dios lo ama enormemente. Sin duda, experimentará un cambio significativo en la existencia.

Deseche las voces derrotistas que sembraron en usted tiempo atrás. Cada día es nuevo y una oportunidad irrepetible para su realización personal y el crecimiento espiritual.

Usted vale mucho para nuestro amado Padre. Sus problemas, inquietudes e incluso temores, no son desconocidos en Su presencia. Basta que le busque en medio de las circunstancias difíciles. Usted cuenta mucho para El, y sin duda responderá a sus oraciones. No se desanime. Dios le ama, está a su lado, quiere responder a su clamor cuando le invoque...

Tal vez le falta algo...

Sin duda nuestra vida está a medias cuando no hemos permitido que el Señor Jesús tome control de nuestro ser. El murió por nosotros en la cruz para asegurarnos una vida renovada y sepultar para siempre el ayer y el pecado. Sin embargo es necesario que usted acepte ese perdón. ¿De qué manera? Es sencillo. Basta que haga la siguiente oración, incluso allí, frente a su computador.

Dígale: "Señor Jesús, reconozco mis pecados pero también, recibo tu perdón por la obra que hiciste en la cruz. Anhelo esa nueva vida que ofreces, por eso te pido que entres en mi corazón y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén."

Ahora le sugiero tres principios que marcarán la diferencia en su vida. El primero, es hacer de la oración un hábito diario de diálogo con Dios; el segundo, la lectura sistemática de la Biblia para aprender todo lo que nuestro amado Hacedor quiere para nosotros, y el tercero, comenzar a congregarse en una comunidad cristiana.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo.

© Fernando Alexis Jiménez

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