Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir #071608

Un malentendido... Y todo cambió.

Una palabra. Simplemente una palabra. Expresada en un momento inoportuno. Raquel se quedó mirándolo con expectación, como el médico que ausculta cuidadosamente a su paciente.

--Me temo que me acabas de faltar al respeto--, recriminó.

Raúl se limitó a defenderse:

--Solo he dicho que a veces "exageras". Y creo que en esta ocasión dimensionas las cosas más allá de lo que debieras. No he pretendido ofenderte. —

--Por favor, sal de mi oficina—dijo ella, señalándole la puerta.

Ese fue el comienzo de una sucesión de batallas que a la postre configuró una guerra sin cuartel. Aunque pretendía defenderse, difícilmente lo lograba. Cada nuevo acercamiento buscando aclarar las cosas, desataba nuevas molestias de su compañera de oficina. Y todo amenazaba con empeorar. Lo grave es que el bufete de abogados, que habían establecido ocho años atrás, se veía afectado por las relaciones tirantes…

Todos enfrentamos malentendidos

Temprano o tarde todos enfrentamos malentendidos. Es algo inevitable. Lo complicado es que a veces una situación así se convierte en una carga dura de sobrellevar.

Suele ocurrir que cuando hemos sido víctimas de un malentendido, de nada valen las explicaciones. En tanto más nos esforcemos por corregir las situaciones, más se agrava el asunto. Conforme se enreda la equivocación, más dolor experimentamos.

Puede que el incidente se origine en una palabra o actitud de manera inconsciente, que termina siendo mal interpretada. O también algo que hacemos y que nuestro interlocutor interpreta como una ofensa o provocación.

Aún los cristianos somos propensos a interpretar mal a otros creyentes. No es algo nuevo. Desde el mismo origen del hombre ha existido. Y es en ese momento, cuando tomamos conciencia de que no estamos blindados a este fenómeno, que reconocemos dos hechos: el primero, que los grandes siervos de Dios han experimentado las malas interpretaciones, y el segundo, que a través de situaciones como los malentendimos, aprendemos del error y crecemos.

David, ejemplo de la Biblia

Uno de los hombres más memorables en la historia del pueblo de Israel, David, fue víctima de un malentendido. Cuando leemos 1 Samuel 17 encontramos el apasionante relato cuando el joven, armado de una onda y unos cuantos guijarros, dio muerte a Goliat. ¡Una verdadera proeza!

Cuando regresaban a la ciudad, eufóricos por el triunfo, el rey Saúl mal interpretó el recibimiento que le ofreció la gente. Era inseguro y, temeroso de perder el protagonismo, fruto de los celos, el temor y el resentimiento que rodeaba las actuaciones del monarca, se encendió en ira.

Enfatizo: los israelitas organizaron una bienvenida, pero fundamentalmente a su mandatario. "Ahora bien, cuando el ejército regresó, después de haber matado David al filisteo, de todos los pueblos de Israel salían mujeres a recibir al rey Saúl. Al son de liras y panderetas, cantaban y bailaban, y exclamaban con gran regocijo: «Saúl destruyó a un ejército, ¡pero David aniquiló a diez!» (1 Samuel 18:6, 7. Nueva Versión Internacional).

La alegría se tornó en amargura cuando resaltaron la hazaña de David (versículo 7) ¿La razón? El cántico despertó los celos del rey Saúl. Observe las consecuencias que desencadenó: "Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: «A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino!»" (Versículo 8)

En adelante todo se convirtió en una sucesión de momentos amargos para David: "Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo." (Versículo 9). Sin proponérnoslo puede ocurrir que nos veamos inmersos en un malentendido. David no pretendía ni la gloria ni el reino; sin embargo y sin proponérselo, quedó involucrado en un asunto que puso en peligro su propia vida.

Consecuencias de los malentendidos

Los malentendidos generalmente desencadenan ataques por parte de quienes se sintieron ofendidos o provocados, y a su vez, quien enfrenta las consecuencias, sufre desánimo y en ocasiones, hasta angustia. No es nada fácil, sin duda.

Agobiado por lo que se derivó del recibimiento al rey Saúl y su reacción al sentirse afrentado, David escribió el Salmo 140. En él encontramos tres elementos interesantes: las asechanzas, la provocación, contiendas y trampas que se tejieron en su contra: "…que urden en su corazón planes malvados y todos los días fomentan la guerra. Afilan su lengua cual lengua de serpiente;  ¡veneno de víbora hay en sus labios! *Selah Esos engreídos me han tendido una trampa; han puesto los lazos de su red, han tendido trampas a mi paso. Selah" (Salmo 140:2, 3, 5. Nueva Versión Internacional)

Probablemente usted se encuentra en una situación similar. Siente que está en un callejón sin salida. Experimenta temor y hasta desesperación porque no encuentra una salida al laberinto… En momentos así, hay un solo camino: Dios.

David encontró refugio en Dios

Los malentendidos llegan cuando menos los esperamos. Es evidente y lo tenemos claro. Al reconocer su vulnerabilidad, David se refugió en Dios y pidió su intervención para ser librado de las asechanzas: "Oh Señor, líbrame de los impíos; protégeme de los violentos… Señor, protégeme del poder de los impíos;  protégeme de los violentos,  de los que piensan hacerme caer." (Salmo 140:1, 4. Nueva Versión Internacional).

El joven escritor tenía claridad en el corazón de que, en sus fuerzas, antes que resolver el malentendido, lo iba a agravar. Se tornaría una bola de nieve. Como sin lugar a dudas nos ha ocurrido a usted y a mi cuando tratamos de dar una explicación y terminamos más llenos de problemas que al comienzo. El escribió, en su oración a Dios: "Yo le digo al Señor: «Tú eres mi Dios. Atiende, Señor, a mi voz suplicante.» Señor Soberano, mi salvador poderoso que me protege en el día de la batalla…" (versículos 6, 7) Sabía que nuestro Supremo Hacedor es quien da las batallas por nosotros, y nos asegura la victoria (Cf. Éxodo 14:14).

En momentos en que sienta que el ser mal interpretado no tiene solución, es importante que vuelva su mirada a Dios. Deposite su confianza en Él. "Yo sé que el Señor hace justicia a los pobres y defiende el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos alabarán tu nombre y los íntegros vivirán en tu presencia." (Versículos 12, 13)

Aunque experimente ataques, sea que es nuestro Padre celestial quien pelea con nosotros, y por supuesto, arregla cualquier situación porque para Él no hay nada imposible.

No olvide que quien se hace daño con la amargura es quien malinterpreta a su prójimo. También que los malentendidos nos permuten crecer porque nos acercan a Dios y permiten que lo describamos como Salvador.

Si se refugia en el Creador, no dudo que la situación se resolverá… Y podrá aclarar cualquier malentendido…

Tal vez le falta algo…

Tal vez le falta algo: Jesucristo en su corazón. ¿Desea recibir al Señor Jesús como su Salvador? ¡Hoy es el día! Dígale en oración: "Señor Jesucristo, te recibo en mi corazón. Gracias por morir en lugar mío en la cruz, cargando con todos mis pecados para traer el perdón de Dios. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Felicitaciones. Es la mejor decisión que haya podido tomar. Tengo para usted tres sugerencias: la primera, oración cada día delante de Dios. Orar es hablar con Dios. La segunda, estudie la Biblia para que aprenda principios que le ayudarán en su proceso de crecimiento personal y espiritual, y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana...

© Fernando Alexis Jiménez

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