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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
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Aprendiendo a vivir #090508
¿Cómo reacciona el cristiano ante los ataques?
Las cámaras de televisión transmitían, vía satélite, los eventos deportivos de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Algo fastuoso. Cuidadosamente pensados en todos los detalles. Las sonrisas de los organizadores. La deferencia de las autoridades policivas. Un verdadero paraíso. El mundo entero estaba admirado por el despliegue de organización, amabilidad, ambiente acogedor y fastuosidad de una ciudad en la que a duras penas se ve el sol en las mañanas por la contaminación que pesa sobre la urbe, como una pesada nube plomiza de centenares de kilómetros.
Llegó la clausura. Un momento emocionante. Cuando la llama olímpica se apagó, en el Estadio Nido de Pájaros muchas personas dejaron escapar lágrimas, conmovidas. "Jamás había vivido algo igual", comentó alguien. Al otro extremo del gigantesco escenario, a muchos kilómetros, agentes estatales retenían en medio de insultos y empellones al obispo católico Julius Jia Zhiguo.
El clérigo ministraba, sometido a arresto domiciliario desde hacía tres meses en Zhengding (Hebei), y su paradero es desconocido. La captura se produjo después que celebró un servicio religioso en la Catedral de Wiki. Los policías entraron en medio de la ceremonia y delante de los fieles, sin dar mayores argumentos, se lo llevaron ¿Su crimen? No pertenece a la Asociación Patriótica Católica China que depende de las autoridades comunistas de China.
Monseñor Julius, de 73 años, hablar pausado y caminar firme, estuvo en prisión entre 1963 y 1978, y desde 1989 estaba bajo control de la policía. La feligresía católica en la que se desenvolvía, atiende un número aproximado de 110 mil personas, 80 sacerdotes y más de 90 religiosas. Todos ellos forman parte de la llama iglesia subterránea.
Las arremetidas contra católicos y protestantes, por reunirse en actividades de fe pasando por alto las prohibiciones del gobierno comunista, han ido creciendo en los últimos años y con motivo de las Olimpiadas del 2008 llegaron a uno de los puntos más altos. Creer en Jesucristo se convirtió para miles de cristianos, en una causa de persecución, violencia y arresto…
Ser cristiano, el mayor delito
La agitada y calurosa mañana en la ciudad de Hyderabad, en el Estado Andra Pradesh en la India, se vio de pronto avivada por la marcha de tres mil personas. Iban en orden. Sin violencia. Cantando himnos. Todos, católicos y protestantes. Unidos por un elemento común: su fe en Jesucristo. Estaban protestando, de manera pacífica. ¿El motivo? Pedir justicia por el asesinato del sacerdote Tohmas Pandippallyl, el 16 de agosto de 2008. Todos saben que hoy es un cura y mañana bien puede ser un pastor, obrero o líder evangélico. El solo hecho de profesar fe en Jesucristo los convierte en blanco de ataques.
Mientras que incidentes triviales ocupan la primera página de los diarios indios, han pasado desapercibidos en los últimos meses los ataques contra sedes católicas y protestantes en el Estado de Orisa, propiciados por el grupo armado radical Vishwa Hindu Parishad . Los motiva el convencimiento de que fueron cristianos quienes asesinaron a su lider,
Swami Laxanananda Saraspati.Los alzados en armas protagonizaron en diciembre del 2007 otros hechos de violencia, reflejados en la muerte de tres creyentes en Jesús asesinados y por lo menos 13 iglesias destruidas.
Tal vez es su caso
Hace pocos días y mientras disfrutaba con mi familia de un descanso de fin se semana, hablé con una mujer temerosa de que su esposo e hijos se enteren de que está asistiendo a la Iglesia. "Aprovecho que Raúl, mi esposo, no está en casa y que Carolina está hablando con su novio", me dijo.
Es conciente que si se enteran, se convertirá en blanco de ataques que van desde burlas hasta la tácita negación a todo espacio de tiempo para que pueda reunirse. Con inquietud me dijo que lo más probable sería que su cónyuge le pusiera problemas, argumentando por ejemplo, que no tenía a tiempo los alimentos.
Otro caso dramático es el de una vecina a quien su esposo la agredía por ser evangélica. Su mayor motivo de rabia era que no lo acompañaba a bailar ni tampoco compartía que en casa se tuvieran películas y material pornográfico impreso. "Te volviste religiosa y la alegría de nuestro hogar se perdió", le gritaba.
Para muchas personas su nueva fe es causa de sinnúmero de problemas. "Pensé que la crisis iba a terminar, pero aumentó", me compartió alguien, visiblemente preocupado porque creía que sus dificultades cesarían apenas recibiera a Jesucristo en el corazón.
Es evidente que al confesar al mundo su condición de creyente en el Hijo de Dios
La respuesta: no resistir
A Martín Luther King y Mohandas Mahatma Ghandi se les conoce universalmente por proclamar en el mundo la resistencia no violenta. Aunque el segundo personaje no era cristiano, estaba llevando a la práctica un principio que trazó siglos atrás el Señor Jesús cuando enseñó a sus discípulos y también a nosotros hoy: "Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues." (Mateo 5:39-42)
El pasaje Escritural deja claro que el cristiano no está llamado a pagar con la misma moneda los ataques de que es objeto. Sobre esa base, hay dos elementos claros: el primero, no resistir (versículo 39). No significa permitir que nos atropellen, sino más bien, no enfrentarnos para desencadenar más violencia, física o verbal. El segundo, no responder procurando mayor mal que el que nos hicieron (versículo 39)
Obrar de esa forma por supuesto que implica romper con los esquemas culturales y religiosos sobre los cuales hemos sido edificados, lo que nos lleva a un tercer elemento y es que no podemos propiciar pleitos sino dar, aún a quien nos causó daño, y ser solidarios con la situación que enfrenten (versículos 40-42). Pero algo más: respondemos con bien sin esperar que los demás hagan lo mismo, porque si contra algo no podemos luchar es con los sentimientos e intolerancia de los demás.
Una Ley inmutable: el amor
La reacción natural de toda persona víctima de un ataque, en el caso de un cristiano objeto de burlas, críticas o agresiones—físicas o verbales—en oposición a la fe que profesa, es identificar dos clases de personas: los amigos, generalmente a quienes consideramos cercanos por la fe en Jesús, o los enemigos. Sin embargo dicha discriminación pierde fundamento cuando somos discípulos del Hijo de Dios.
Antes que señalar a una persona como amiga o enemiga, entra a operar la Ley del amor que encontramos descrita por el Señor Jesús en el Evangelio: "Oísteis que fue dicho: "Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo". Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto."(Mateo 5:43-48)
¿Quiénes integran el grupo de aquellos que podemos identificar con el rótulo de "enemigos"? Aquellos que nos vulneran en nuestros derechos, propiciando toda clase de ataques. Frente a esta situación, Jesucristo nos manda quitar cualquier señalamiento y, en cambio, orar por quienes nos hacen mal. "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos" El maestro nos enseñó que eso es justamente lo que agrada a Dios.
Dios es quien hace justicia
Nuestro amado Dios y Padre no hace acepción de personas. Ama a todos por igual: buenos y malos. En Su misericordia, no hace diferencia alguna. Por esa razón nos enseña a través del Señor Jesús, que debemos amar por encima de las provocaciones. Ahora, ¿Qué hacer si nos sentimos vulnerados? Dejar el asunto en manos de Dios.
La Palabra es clara cuando enseña: "No os venguéis vosotros mismos,[
a] amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor."(Romanos 12:19). Preguntémonos ahora, ¿cómo reaccionamos cuando recibimos ataques que no propiciamos y sabemos, son a toda luces arbitrarios. La respuesta es sencilla: dejar que nuestro amado Hacedor haga justicia.Los ataques golpean dos principios que debemos tener presentes en todo momento: el primero, perdonar a quien nos causa mal, y el segundo, orar por esa persona.
Recuerde siempre que solamente obrando bien, derribamos las barreras que levantan quienes propician acciones de maldad. El apóstol Pablo lo explicó de la siguiente manera: "Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, pues haciendo esto, harás que le arda la cara de vergüenza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. "(Romanos 12:19, 20).
Es evidente que, además de esperar en Dios que haga justicia, el responder con bien antes que con mal, derriba argumentos de quienes obran en contravía de lo que enseña la Biblia. En todos los casos, insisto, una pregunta que debemos hacernos es, ¿cómo reaccionaría el Señor Jesús si en la circunstancia que vivo, percibiera la maldad en su contra? Sin duda con amor y perdón. Igual usted y yo, lo que nos obliga a cambiar nuestro esquema de pensamiento y de acción.
Una decisión que tal vez le falta
Es probable que todavía no haya recibido al Señor Jesucristo como Señor y Salvador. Hoy es el día para que lo haga. Basta con la siguiente oración:
"Señor Jesucristo, gracias por perdonar nuestros pecados en la cruz y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"Felicitaciones. Es la mejor decisión que haya podido tomar jamás. Ahora tengo tres sugerencias que le ayudarán en el proceso de crecimiento personal y espiritual. La primera, ore cada día al Señor. La segunda, aprenda en la Biblia principios que transformarán su existencia. Y la tercera, comience a congregarse en una iglesia. La comunión con otros hermanos en la fe será altamente beneficiosa.
Ánimo. Recuerde siempre que Cristo lo llamó a vencer, no a la derrota...
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