|
Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
. |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
|
©Copyright 2004-2009. Derechos reservados por Fernando Alexis Jiménez. Permiso concedido para uso en Iglesias, Ministerios y uso personal. |
Aprendiendo a vivir #021209
El viento llegó con la tarde, arrollador, trayendo desde lo más profundo de altamar, enormes olas que se abalanzaron sobre Santa Marta como una inmensa sábana que sembraba de oscuridad, terror y dolor, todo lo que arropaban a su paso. Los relámpagos se precipitaban amenazantes y las nubes plomizas desataron una tormenta de proporciones diluvianas y hacía pensar que sólo faltaba que, en medio de las cataratas de lluvia, apareciera Noé en su arca gigantesca.
--Santo Dios, guárdame que perezco--, clamó Eduviges García, arrodillada mientras que hacía acopio de todas las oraciones que aprendió desde niña en la iglesia.
Horas después, antes que las sombras de la noche cayeran sobre la ciudad del norte de Colombia, la televisión estaba cubriendo el incidente, informando con interrupciones constantes en la programación, sobre los estragos causados por el aguacero de proporciones bíblicas.
La mujer estaba más calmada. Empapada. Temblando de frío. Pero con una sonrisa en su rostro. Como si recién saliera de una presentación de cine de matinée.
--Y a usted, ¿cómo le fue, señora?—le interrogó el periodista, intempestivo, apresurado por una nota que le sirviera en su próxima intervención televisiva.
--Bien...--respondió lacónicamente la mujer.
--¿Y sus bienes?—contra interrogó el reportero.
--Lo perdí todo... Mire... --dijo señalando hacia un costado, donde lucía su casa de bahareque totalmente en ruinas.
--¿Y qué le hace sentir tranquila y optimista entonces? —le dijo el comunicador, a lo que ella, sin abandonar la sonrisa que alumbraba su rostro, le dijo:--Tengo vida, míreme; y eso es lo más importante. Teniendo vida, puedo comenzar de nuevo. Lo que perdí es lo menos--.
La entrevista dio origen al titular de prensa que le dio la vuelta al mundo: "La optimista más grande de Colombia". En detalle se describía su desgracia y la actitud que asumió, que dicho sea de paso se convirtió en un ícono y ejemplo para todo el país.
¿Hasta dónde le dura el entusiasmo?
¿Sabía que una de las manifestaciones del ser humano que se pierden con mayor facilidad es el entusiasmo? La imagen gráfica más aproximada a esta inclinación de la naturaleza humana, es la de una vela golpeada de frente por el viento. Apenas una brisa, por suave que parezca, amenaza la llama, comienza a desvanecerse y lo más probable es que desaparezca.
Conservar el entusiasmo o renunciar a él depende fundamentalmente de una actitud nuestra. No obedece a factores externos, aunque estos si pueden influir: conflictos sentimentales, de familia, de carácter laboral o financiero e incluso frustraciones. Una vez irrumpen en nuestra existencia, si no estamos preparados, experimentaremos la sensación de ver cómo se rompe frente a nuestros ojos la burbuja mágica que idealizamos, de que todo tiene que ir bien, sin contratiempos.
Debido a que ningún ser humano está exento de enfrentar golpes emocionales, es importante mantenernos, de un lado alerta y de otro, listos para enfrentar períodos de desánimo y salir airosos, gracias al entusiasmo. El apóstol Pablo lo describió con el siguiente principio: "Estén siempre alegres..." (1 Tesalonicenses 5:16. Nueva Versión Internacional).
¿Cómo podemos mantener la alegría en medio de la casaca de problemas que se precipitan a diario sobre nosotros? Mediante una estrecha dependencia de nuestro amado Padre celestial, tal como enseñó el Señor Jesús y que podemos leer en el capítulo 15 del Evangelio de Juan.
Principios para conservar el entusiasmo
Los especialistas en sicología y ministros cristianos coinciden en cuatro principios para conservar el entusiasmo, por encima del desánimo, para desterrar la falta de energía y sobreponernos a los infortunios, los cuales tienen sustento en la Biblia.
1.- Valore sus logros y quién le ayudó
Cada nuevo logro es el fruto de escalar peldaños. Cada uno de los escalones debe ser significativo para nosotros. Y más aún, reconocer como escribe el salmista, que no ha sido en nuestras fuerzas sino en las de Dios como avanzamos y alcanzamos la victoria. Es aquí cuando cabe recordar las palabras del rey David cuando escribió: "Alaba, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de sus beneficios." (Salmo 103:2. Job 8:6, 7. Nueva Versión Internacional).
Cuando los israelitas se encontraban a las puertas de entrar a la tierra prometida, Dios les advirtió que evaluaran cada una de sus jornadas y reconocieran la intervención divina. Era la única forma de evitar la autosuficiencia que es común hoy día: "El SEÑOR tu Dios te hará entrar en la tierra que les juró a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob. Es una tierra con ciudades grandes y prósperas que tú no edificaste, con casas llenas de toda clase de bienes que tú no acumulaste, con cisternas que no cavaste, y con viñas y olivares que no plantaste. Cuando comas de ellas y te sacies, cuídate de no olvidarte del SEÑOR, que te sacó de Egipto, la tierra donde viviste en esclavitud." (Deuteronomio 6:10-12. Nueva Versión Internacional).
Es probable que usted esté atravesando por un período de éxito. Todo sale a pedir de boca. ¡Atento! Debe valorar cada pequeño paso, y con la mano en el corazón, reconocer la forma como es gracias a nuestro Padre celestial como hemos superado los obstáculos. En un futuro, ese convencimiento será esencial porque —sin surgen problemas--, no se detendrá; avanzará convencido de que usted es un ganador y fue llamado a vencer.
2.- No piense en dos términos extremos: victoria y derrota
La sociedad que nos rodea nos enseña a pensar en términos extremos: si vamos a un determinado sitio, simplemente damos un calificativo y decimos "Nos fue bien" ó: "Nos fue mal". En pocas palabras definimos las cosas bajo el cristal de que, o es blanco o es negro. No abrimos espacio para un punto de equilibrio.
Esa es la explicación por la cual, cuando surgen dificultades, tendemos a darnos por vencidos. Siempre queremos la victoria y los obstáculos que emergen, inmediatamente los asociamos como el presagio de una derrota. ¿Recuerda? El origen de todo es que pensamos: obtenemos victoria o derrota. No hay más. E incurrimos en tremendo error. Todo puede mejorar, aún si creemos que el panorama está ensombrecido. Bajo esa motivación de fe, conservamos el entusiasmo, tal como escribió el rey Salomón: "El futuro de los justos es halagüeño; la esperanza de los malvados se desvanece." (Proverbios 10:28. Nueva Versión Internacional).
¿Dónde está la semilla del entusiasmo que hay dentro de usted? ¿Acaso ya renunció a seguir luchando? Revise su actitud frente a la vida y descubrirá que un elemento fundamental de camino a la victoria es el entusiasmo. Los entusiastas evidencian en su vida que, como hijos de Dios, han comprendido cuál es su esencia: son ganadores. Nacieron para vencer. Jamás olvide que la vida está llena de matices, y hay que aprender a hacerles frente.
3.- Ante la adversidad, busque el lado positivo
Los optimistas no ven únicamente una cara de la moneda. Echan una mirada a todo el panorama. Aún si todo luce ensombrecido, encuentran el lado positivo de las circunstancias. Aplican en su existencia la fe por encima de la adversidad que siempre caracterizó al apóstol Pablo y que se constituye en un ejemplo para nosotros hoy: "Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración." (Romanos 12:12. Nueva Versión Internacional). Incluso, resaltó a quienes –a pesar de la oposición, seguían adelante--.
En su carta a los creyentes de Corintio, Pablo escribió: "Les tengo mucha confianza y me siento muy orgulloso de ustedes. Estoy muy animado; en medio de todas nuestras aflicciones se desborda mi alegría." (2 Corintios 7:4. Nueva Versión Internacional), y dirigiéndose a los hebreos, dijo: "También se compadecieron de los encarcelados, y cuando a ustedes les confiscaron sus bienes, lo aceptaron con alegría, conscientes de que tenían un patrimonio mejor y más permanente." (Hebreos 10:34).
¿Cuál es su actitud cuando todo marcha bien? Ya se respondió. Fabuloso. Ahora, formúlese un segundo interrogante: ¿Cómo reacciona cuando las dificultades asoman en el horizonte? Detrás de la tormenta sale el sol. Confiando en Dios, toda situación tiene su lado positivo. Aún las crisis. Nos ayudan a crecer. Aprendemos del presente para el futuro.
4.- Valórese siempre como un triunfador
Usted es un ser único en el universo. En la Biblia leemos: "El SEÑOR cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, SEÑOR, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos!" (Salmos 138:8. Nueva Versión Internacional).
Lea el pasaje de nuevo. Encontrará que Dios le creó con todas las potencialidades para que desarrolle el plan divino aquí en la tierra. Aun cuando las metas parezcan distantes, podrá alcanzarlas. Nuestro amado Padre celestial tiene un plan para usted y, si permanece fiel en sus manos, podrá llegar donde jamás imaginó. Usted es un ganador: hoy, mañana y siempre. No se detenga. Piense como ganador; es un gran secreto para conservar el entusiasmo.
Tal vez mientras leía este artículo, sonrió y pensó: "Yo puedo vencer". El reto no está en apreciar el panorama en su conjunto, sino en que temprano o tarde deberá enfrentarse con el mundo, las circunstancias complejas, los períodos difíciles y es en ese momento cuando no debe renunciar a su entusiasmo sino hacer acopio de la capacidad de optimismo que tenga, y sacarla a flote. ¡Verá la vida con ojos diferentes!
© Fernando Alexis Jiménez – (0572) 317-4913705 Info. (0572) 4421883 y (0572) 4422029
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Auspiciadopor Ministerio Evangelístico Cibernético Adorador .com http://www.adorador.com