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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Aprendiendo a vivir # 062309
La tarde lucía demasiado tranquila, acogedora y con un sol nostálgico escondiéndose en el horizonte y Ricardo anhelaba que aquél momento no terminara. Disfrutaba de las imágenes desde su oficina del sexto piso de un edificio, en pleno centro de la ciudad. "Dios es grande", pensó mientras veía en la distancia morir el día.
La secretaria lo encontró tan ensimismado, como el niño que por primera vez descubre los colores brillantes en las luces multicolores de un parque de diversiones, que decidió salir sin decirle que llevaba unos documentos para firmar con carácter urgente. Cinco minutos más tarde, al entrar a avisarle que lo necesitaban de una sucursal del almacén, lo halló en el suelo. Acababa de sufrir un infarto.
Tres días después estaba saliendo de la clínica. Se veía agotado, como el guerrero que regresa tras muchas batallas de un campo lejano. "Logramos identificar a tiempo las implicaciones de su accidente cardiovascular", explicó el especialista.
Le explicó a Rosaura, la esposa del empresario, acerca de un software nuevo, desarrollado en la Universidad de Concepción, en Chile. "Los diagnósticos son mucho más precisos", dijo, pero ella lo dejó con sus conocimientos para acompañar a su marido. Pero sí, era muy importante aquél desarrollo tecnológico. Y lo sigue siendo, para salvar vidas porque permite mayor precisión en la lectura del electrocardiograma.
Ricardo al escuchar del corazón, en cualquier conversación, recuerda su caso y –sin entender mucho en qué contribuyó un programa informático a salvarle la vida—murmura con alegría: "Volví a vivir".
La sanidad interior trae liberación
El corazón. Un órgano que determina vida o muerte. Algunos lo cuidan, otros no. Pero forma parte de la maravillosa arquitectura de Dios para asegurarnos la existencia. Pero algo más: el corazón suele jugarnos malas pasadas. Si nos dejamos arrastrar por las corazonadas, antes que por la guía del Señor, sin duda tomaremos decisiones desacertadas de las que luego nos arrepentiremos.
Y algo más: el corazón guarda el cúmulo de sentimientos que nos llevan a actuar. "Es la mente", me dirá usted. Y estamos de acuerdo. Sin embargo, en la mente o en el corazón, como lo menciona la Biblia, almacenamos información que determina nuestras reacciones, y debemos cuidar qué tipo de cosas albergamos en él.
La recomendación la hizo hace muchos siglos el rey Salomón cuando escribió: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23)
Guardar rencores o recuerdos dolorosos, antes que ayudarnos al crecimiento, inclinan nuestra vida a un estancamiento o revés en nuestro proceso de maduración personal y espiritual. Por esa razón, cualquier sentimiento negativo que anide, es hora de que lo borre, no en sus fuerzas sino en las del Señor Jesucristo.
Recuerde que el amado Hijo de Dios es el único que puede sanar nuestras heridas y traer perdón a nuestro corazón. ¡Ánimo! Nunca es tarde para empezar.
Pasos que ayudan en el proceso
La sanidad interior trae liberación a su vida. Le permite comenzar de nuevo. ¿Cómo hacerlo? Hay cuatro pasos que le sugiero seguir:
1.- Evalúe qué sentimientos que traen dolor, alberga en su corazón.
2.- Traiga a memoria quiénes le produjeron esas situaciones que le producen sufrimiento.
3.- En oración, entréguele al Señor Jesucristo sus sentimientos y pídale que le sane.
4.- Examine periódicamente su vida para evaluar qué guarda en su corazón, desechando todo aquello que le trae dolor. Con ayuda de Dios podrá lograrlo.
¡Hoy puede comenzar una nueva vida!
Recuerde que usted puede comenzar hoy una nueva vida. Basta que reciba a Jesucristo en su corazón. Es sencillo. Puede hacerlo mediante una oración sencilla. Dígale: "Señor Jesucristo, te recibo en el corazón. Gracias por perdonar mis pecados y darme una nueva oportunidad. Desde hoy quiero ser diferente. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén".
Por último tengo tres recomendaciones. La primera, que haga de la oración un principio de vida diaria. La segunda, que lea la Biblia para que aprenda en ella principios dinámicos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual, y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana. Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme.
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