Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a vivir # 111709

¿Qué hacer cuando los hijos se tornan rebeldes, groseros y agresivos?

Fue un incidente doloroso. El padre no esperaba ese comportamiento de Mauricio. Se lo hizo saber: "Estás actuando de manera extraña, y por el bien de todos, creo que debes cambiar". El muchacho volvió su mirada con rabia al progenitor y le arrojó un libro. "Déjame en paz", le gritó.

Él quedó sorprendido. Aquello era inconcebible. Aunque el chico ya rayaba los trece años, decidió darle una muenda con la correa. La situación se complicó aún más. La madre tuvo que separarlos.

--Vete de mi casa ahora mismo--, le gritó el padre fuera de control--. Lo que me faltaba, que un hijo me agrediera. Vete ya—vociferaba.

Pasó bastante tiempo antes que se pudieran sanar las heridas y llegaran a la comprensión, de un lado sobre la forma como había actuado el muchacho, y de otra, la reacción del padre, airado por lo que consideraba era un desafío a su autoridad.

--Pidámosle a Dios que nos ilumine—le recomendó su esposa una noche, después de la cena, aprovechando que se encontraban solos.

--Si, creo que es lo más aconsejable—respondió él, a quien se le dificultaba comprender por qué un cristiano enfrentaba ese tipo de problemas al interior del hogar. Trabajaba duro. Ella también. Y le habían dado lo mejor al muchacho. "No debería ser así", se repetía una y otra vez. Pero Dios ayudó a resolver el conflicto.

Cambios y agresividad

Con mayor frecuencia se registran consultas de padres a siquiatras y sicólogos por un fenómeno que científicamente se conoce como trastorno oposicional desafiante, pero que en palabras más asequibles a otros, se evidencia con una actitud de marcada renuencia, rechazo y agresividad de los adolescentes y jóvenes hacia sus padres y la autoridad que representan.

El problema es que este comportamiento de abierto choque entre las nuevas generaciones, provoca situaciones de violencia en muchos hogares.

Para tratar de entenderlo es necesario asimilar el hecho de que los que otrora fueron nuestros hijitos, a los que les decíamos qué hacer, cómo vestirse y adónde ir, sufren un proceso de transformación en su forma de percibir el mundo y asimilar las cosas, que se refleja en su forma de actuar. Por ese motivo llegan a mostrarse rudos, huraños, groseros, irascibles y en cierta medida, violentos. Por supuesto, más los varones que las mujeres.

En los muchachos hay otras conductas asociadas al trastorno oposicional desafiante: se les dificulta concentrarse, no asumen responsabilidad, desconocen las figuras de autoridad, y procuran ser independientes en la toma de decisiones aunque se amparan en los padres para que les provean lo necesario.

El problema: desatender los hijos

La BBC publicó recientemente un informe sobre un fenómeno que se orienta en dos direcciones. La primera, el creciente número de padres que trabajan y, en la segunda dirección, la alternativa que encuentran de encontrar lo que se llama en Norteamérica "Nannies". El Consejo Nacional de la Raza calcula que de los más de 70 millones de niños y niñas en ese país, el 31% vive con sus dos progenitores pero a su vez, ellos no están en casa durante el día.

¿Qué podemos esperar si pasamos poco tiempo con los hijos, y además, están enfrentando cambios significativos en los diferentes períodos de su crecimiento y formación?

Otro elemento clave es que no tomamos el tiempo necesario para conocer sus problemas, fundamentar en ellos principios y valores y enseñarles el valor de la disciplina y las normas al interior del hogar.

¿Se puede hacer algo?

Por supuesto que sí. Cuando nuestro amado Señor Jesucristo reina en el hogar, necesariamente debe producirse una transformación en el esquema padres-hijos. Pero es necesario darle el primer lugar y permitirle que actúe. A continuación compartimos algunos principios que son de muchísima ayuda:

1.- Siembre principios y valores en sus hijos

Los principios y valores no se negocian. Constituyen el cimiento más valioso que podemos impartirles. El rey Salomón compartió este principio fundamental al escribir: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él" (Proverbios 22:6).

Aproveche los espacios y el tiempo cuando pueda interactuar con sus hijos, para plantar en ellos pautas que pueden ser imperecederas y les ayudarán a desenvolverse exitosamente en su proceso de formación pero también en la edad adulta.

2.- Manifiésteles afecto

Corregir a un hijo jamás resulta agradable, sobre todo cuando les amamos y no quisiéramos darles una reprimenda. Pero la disciplina es necesaria, como lo enseña la Biblia. En el proceso de formarlos, debemos cuidar de no caer en el desequilibrio, llevando el castigo a herirlos tanto física como sicológicamente, aspecto sobre el cual advirtió el apóstol Pablo: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor" (Efesios 6:3-5).

A éste convencimiento debemos sumar otro, y es que impartir disciplina está asociada a nuestra tarea como padres: "Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?" (Hebreos 12:6-9).

Es clave que sus hijos comprendan—y permítame insistirle en que hay que explicarles el por qué los disciplinamos—que estamos no solo para castigarlos sino para prodigarles amor, comprensión y apoyo en nuestra condición de padres.

3.- No se ponga en el mismo nivel de agresividad

Un consejo de oro que leemos en la Biblia es: "La blanda respuesta, quita la ira"(Proverbios 15.1). Si lo llevamos a la práctica, comprendemos que en nuestra condición de padres no podemos llegar al mismo nivel de agresividad que pudieran estar manifestando los hijos adolescentes y jóvenes.

Con ayuda de Dios debemos conservar la serenidad para tener manejo de la situación. No elevar la voz ni tampoco, corresponder a los ataques. Cuando estemos calmados, podemos decirles por qué no compartimos sus reacciones.

4.- Razone con sus hijos sobre las normas del hogar

En todo hogar deben primar normas. Por ejemplo, la hora de entrada a casa. O quizá, los permisos que se conceden y a qué tipo de diversión, para evitar que la permisividad nos lleve a un relajamiento moral. Sobre esa base, es importante que razone con sus hijos sobre la normatividad, la analicen y les haga partícipes de por qué se deben atender dichas pautas: "Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados" (Hebreos 12:10, 11).

En el futuro, ellos comprenderán la importancia que tenía ser formados no solo bajo pautas claras, sino con disciplina.

Y por último: no se desanime. Acompáñelos en su proceso de crecimiento y formación, y si observa cambios—con ayuda de Dios—esté con ellos en ese proceso. Si tienen inquietudes, despéjeselas y si no comparten lo que usted hace, escúchelos. Es probable que en las observaciones que hagan, encuentre que está fallado y es necesario aplicar igualmente cambios en su forma de pensar y de actuar.

Y tenga presente: quien debe ocupar el primer lugar en nuestras familias, es el Señor Jesucristo. Él nos permite afianzar familias de éxito.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a:

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Si prefiere, puede contactarme en el teléfono (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez.

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