Aprendiendo a vivir # 021310 ¿Estás atravesando una crisis? Conozco una salida…Los problemas afloraron cuando menos lo esperaba. El entusiasmo de sus días, que otrora lucían coloridos y llenos de emoción, se ensombreció de repente. Enfrentaba problemas en el hogar, en el trabajo, un cúmulo de deudas y la extraña sensación de que se encontraba en un laberinto sin salida. Por su mente pasaron muchas alternativas: la primera, quitarse la vida. Tal era su desesperación. Una segunda, irse muy lejos aunque no sabía adónde, y la tercera, rehuir a todo y a todos, aunque sabía que asumir esa actitud no duraría por mucho tiempo. ¿Qué hacer cuando nos encontramos en un laberinto sin salida? La pregunta rondó su cabeza una y otra vez, sin que hallara una respuesta satisfactoria. Alguien le recomendó ir donde brujos. Otro más que llamara a una línea telefónica que predecía el futuro con el propósito de saber qué decisión tomar. Quien menos pensó ella, le sugirió volver la mirada a Dios. "Tal como estás ahora, no puedes siquiera pensar bien. Vuélvete al Señor. Él podrá ayudarte", le dijo. Y eso fue precisamente lo que hizo Nubia Marina Aragón. Ella asiste a la congregación en la que el Señor Jesucristo me ha permitido ser pastor. La pregunta que ella se formuló una y otra vez es la misma que quizá ronda su existencia. No le deja en paz. ¿Cómo salir de la crisis que enfrenta? Buscando una salida a la crisis Las crisis son inherentes a todo ser humano. No conozco la primera persona que pueda decir: Estoy exento de problemas que me roben la paz. En la Biblia hallamos un relato que retrata la situación calamitosa que usted podría atravesar. Se encuentra en el primer libro de Samuel capítulo 30. Tras regresar de una campaña militar, el rey David se encontró con noticias desalentadoras: Los amalecitas—un pueblo guerrero nómada y cruel—habían invadido y puesto fuego a la ciudad de Siclag en la que vivía junto con su familia. Decenas de mujeres y niños habían sido llevados cautivos. Lo habían saqueado todo. "Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad y vieron que estaba quemada y que se habían llevado prisioneros a sus mujeres, hijos e hijas, se pusieron a llorar a voz en cuello hasta quedarse sin fuerzas" (versículos 3 y 4). ¿Le parece familiar esta escena? Probablemente si. El asunto es, ¿qué principios asumió el rey David para salir de la crisis? Por lo menos cuatro pautas que comparto con usted: 1.- Depositar nuestra confianza en Dios Cuando graves problemas tocan a nuestra puerta, es en Dios en quien debemos depositar toda nuestra confianza. Él sabe qué hacer. Así lo entendió el futuro rey de Israel: "David estaba muy preocupado porque la tropa quería apedrearlo, pues todos estaban muy disgustados por lo que había sucedido a sus hijos. Sin embargo, puso su confianza en el Señor su Dios" (2 Samuel 3:6. Versión Popular). Desesperarse y permanecer en ese estado, no contribuiría a nada. Tampoco en su vida anegarse en la angustia traerá buenos resultados. Es necesario buscar a Aquél que todo lo puede. 2.- Consultar a Dios Cuando arrecian las crisis, es de suma importancia consultar a Dios. Movernos por las corazonadas, la intuición o quizá lo que razonamos es aquello que debemos hacer, probablemente nos desencadenará mayores dificultades. En la situación conflictiva, David buscó a Dios: "...y le dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ahimelec:--Por favor, tráeme el efod. En cuanto Abiatar llevó el efod a David, este consultó al Señor. Le preguntó:--¿Debo perseguir a esa banda de ladrones? ¿Podré alcanzarla?. Y el Señor contestó:--Persíguela, pues la alcanzarás y rescatarás a los prisioneros--." (versículos 7, 8).Cuando vamos al Creador en procura de su orientación, podemos tener la certeza de que nos llevará por el sendero apropiado. 3.- De pasos de fe Teniendo la paz proveniente de Dios, dio pasos de fe. Ese es un secreto para la victoria: avanzar tomados de la mano del Señor: "Inmediatamente David se puso en camino con los seiscientos hombres que le acompañaban, y llegaron al arroyo de Besor. Allí se quedaron doscientos hombres que estaban muy cansados para cruzar el arroyo, y con los otros cuatrocientos continuó David la Persecución" (versículos 9, 10). No podía quedarse sumido en el desasosiego. Si el Todopoderoso había anunciado la victoria, como seguramente la confirmará en su corazón respecto a la situación que atraviesa, era necesario avanzar. 4.- No sentir desánimo si nos dejan solos Tal como leemos en el texto bíblico, doscientos de los seiscientos que le acompañaban en la búsqueda de los maleantes volvieron a tras. ¿Era este un motivo para desanimarse? En absoluto. Si Dios va con nosotros, tenemos asegurada la victoria como anota el autor sagrado: "Con tu ayuda atacaré al enemigo, y sobre el muro de sus ciudades pasaré" (Salmo 18:29. Versión Popular). 5.- Pelear la batalla asidos de la mano de Dios Cuando David depositó su confianza en Dios, las circunstancias resultaron propicias. Aunque inicialmente pensó que no había nada qué hacer, al contrario, se produjo una salida. Un egipcio que había tomado parte en la incursión a Siclag y que había sido abandonado por los bandoleros, llevó a futuro rey de Israel y a su ejército, hasta el lugar en el que se encontraban: "Y lo llevó hasta donde estaban los ladrones, los cuales se habían desparramado por todo el campo y estaban comiendo, bebiendo y haciendo fiesta por todo lo que habían robado en territorio filisteo y en territorio de Judá. Entonces David los atacó desde la mañana hasta la tarde, y los destruyó por completo... David rescató todo lo que los amalecitas habían robado, y rescató también a sus dos mujeres. No les faltó ni la más pequeña cosa de todo lo que les habían quitado, ni tampoco faltó un solo niño ni adulto, pues David lo recuperó todo" (versículos 16 al 19). ¿Se da cuenta? No hay problema, por grande que parezca, que no tenga solución cuando nos volvemos a Dios en procura de su ayuda. ¡Tomados de Su mano divina seremos invencibles! Quizá le falta un paso fundamental... En la vida podemos sortear problemas de mil maneras, pero las mayores victorias se obtienen cuando el Señor Jesucristo es el centro de nuestra existencia. De esta manera ya no estamos solos. Él está con nosotros. ¿De qué manera lo logramos? Cuando le permitimos que se convierta en nuestra único y suficiente Salvador. Hacerlo es fácil. Basta abrirle nuestro corazón y decirle: "Señor Jesús, te recibo como mi Salvador. Gracias por perdonar mis pecados en la cruz y abrirme las puertas a una nueva vida. Obra en mi existencia y haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén." Ahora comparto con usted tres valiosas sugerencias. La primera: haga de la oración un principio de vida. Orar es hablar con Dios. La segunda: estudie diariamente la Palabra de Dios: la Biblia. Allí aprenderá principios prácticos que enriquecerán su vida personal y espiritual. Y la tercera: comience a congregarse en una iglesia cristiana. Junto a otros creyentes desarrollará una estrecha relación, recibirá estímulo para seguir adelante cuando lo asalte el desánimo y dará pasos sólidos hacia el crecimiento en todos los órdenes. Y ¡Felicitaciones! La decisión de recibir a Cristo Jesús es la mejor que haya podido tomar... Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a :Correo electrónico (Email):Ó si lo prefiere, puede llamarme al Tel. (0057) 317-4913705. © Fernando Alexis Jiménez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . | Ir arriba | Regresar |Auspiciadopor Ministerio Evangelístico Cibernético Adorador .com http://www.adorador.com |