Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

©Copyright 2004-2009. Derechos reservados por Fernando Alexis Jiménez. Permiso concedido para uso en Iglesias, Ministerios y uso personal.

Aprendiendo a vivir # 022410

¡Decídase hoy por la eternidad!

El aeropuerto era un hervidero de gente. Hombres, mujeres y niños que iban de un lugar a otro procurando llegar a tiempo a la sala asignada para abordar su vuelo.

José Reynel se dejó arrastrar por el río humano, y pronto se vio en la fila de personas que debían pasar por las casillas de migración. Estaba preocupado y sudaba copiosamente. Sentía una abundante sudoración en las manos, tanto que temió dejar caer la valija.

--El siguiente—dijo el funcionario detrás de la ventanilla--. Su pasaporte, por favor--. El hombre miró el documento, luego comparó la foto con el usuario. Digitó el número de identificación en el computador y pidió:--Espere un momento, por favor; el sistema está muy lento--.

Los instantes transcurrieron con una lentitud pasmosa. Finalmente le instruyó:

--Señor José Reynel Morante, por favor acompañe al agente de seguridad a la oficina contigua--.

Las autoridades comprobaron que tenía varias órdenes de captura. En el sistema estaba un pormenorizado registro de su prontuario delictivo.

--Como si se tratara del día final, cuando compareceremos ante el tribunal de Cristo--, me dijo Ana Sofía, una cristiana que fue testigo del incidente en el terminal aéreo--: Aquél pasajero había olvidado que todo lo malo que hacemos queda registrado, y debemos responder por los hechos--.

Me identifiqué con ella en la comparación y tome apuntes en mi infaltable libreta de anotaciones—que prefiero al computador portátil, dicho sea de paso--. Escribí: "Enfrentar el juicio final"- De hecho esa breve línea se refleja en el tema de hoy…

Todos seremos juzgados

El tema del juicio es uno de los más complejos en las Escrituras. Temprano o tarde debemos comparecer ante el Señor Jesús para dar cuenta de nuestros hechos. Hay un texto en las Escrituras que resulta revelador sobre este asunto: "Porque todos nosotros vamos a tener que presentarnos delante de Cristo, que es nuestro juez. Él juzgará lo que hicimos mientras vivíamos en este cuerpo, y decidirá si conviene que nos premie o castigue" (2 Corintios 5:10, Traducción en Lenguaje Actual).

En su carta a los creyentes de Roma, el apóstol Pablo enfatizó que "…todos seremos juzgados por Dios" (Romanos 14:10, Traducción en Lenguaje Actual).

El Señor Jesucristo anunció este acontecimiento de carácter universal: "Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mateo 16:27, RVR 60).

Pese a esta realidad, millones de personas viven perdidamente, sin Dios y sin ley, sacándole el mejor provecho a cada instante en placeres y disipación, ignorando la advertencia del apóstol Pablo: "Porque Dios pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras. Él dará vida eterna a los que, perseverando en las buenas obras, buscan honra e inmortalidad. Pero a los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad, recibirán gran castigo de Dios" (Romanos 2:6-8, Nueva Versión Internacional).

El juzgamiento es ineludible

En mi amada Colombia, es imprescindible que toda persona aplique documentación en procura de un empleo y en ese proceso, presente un certificado de antecedentes judiciales.. Para obtenerle, el interesado acude a una entidad desde la cual consulta cuál ha sido su comportamiento en todos los órdenes. Quien haya incurrido en algún delito, tendrá en su certificación un registro sobre la fecha, lugar y circunstancias en las cuales trasgredió la ley.

Considero que es la mejor ilustración a un hecho ineludible para todos nosotros: comparecer ante el Señor para dar cuenta de nuestros hechos, buenos o malos: "Entonces vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en él. Y en su presencia desaparecieron la tierra y el cielo, y nadie volvió a verlos. Y vi que todos los que habían muerto, tanto los humildes como los poderosos, estaban de pie delante del trono. Y fueron abiertos los libros donde está escrito todo lo que cada uno hizo. También se abrió el libro donde están escritos los nombres de todos los que vivirán con Dios para siempre. Los muertos fueron juzgados de acuerdo con lo que habían hecho y con lo que decían los libros. Los que murieron en el mar se presentaron delante de Dios para que él los juzgara, y lo mismo hicieron los que estaban en el reino de la muerte. Todos los muertos fueron juzgados de acuerdo con lo que habían hecho. Luego, la Muerte y el reino de la muerte fueron lanzados al lago de fuego. Los que caen en este lago quedan separados de Dios para siempre, y allí fueron arrojados todos los que no tenían sus nombres escritos en el libro de la vida eterna" (Apocalipsis 20:11-15, Nueva Versión Internacional).

Observe que de acuerdo con el texto, absolutamente nadie podrá eximirse de responder y atender el juzgamiento que se derive de su comportamiento. Todo lo que hayamos hecho queda consignado en los libros y hay otro que reviste gran importancia, y al cual denominan las Escrituras como el Libro de la Vida.

Todavía hay oportunidad

Probablemente razone que su vida es un caos. La sumatoria de errores, que se han constituido en un ciclo que se repite y de los cuales usted es consciente, persisten en su existencia y siente que no puede salir de esa red. Pero ¡todavía hay una nueva oportunidad para usted! Una oportunidad para comenzar una nueva vida.

Recuerdo cierto incidente cuando debía viajar en avión desde Santiago de Cali a la capital de mi país- Camino del aeropuerto nos encontramos con una enorme congestión de tránsito. Miraba con ansiedad el reloj. Los segundos y los minutos transcurrían inexorables, impasibles, indolentes.

Frente a mi veía únicamente una larga fila de vehículos, y motoristas a lado y lado hacían sonar las bocinas de sus autos para exteriorizas su impaciencia. Como es previsible, llegué al terminal aéreo sobre la hora. Restaban pocos minutos para el decolaje de la nave, que desde hacía rato estaba en plataforma.

La joven que me atendió en la ventanilla, sonrió con amabilidad mientras le extendía el tiquete y me dijo tranquilizadora:

--Cálmese, señor Jiménez; todavía tiene tiempo para embarcarse--.

Acto seguido llamó por radioteléfono pidiendo que no partieran aún, que había llegado a última hora un pasajero.

Sobra decir que corrí por el pasillo como un desesperado, y no descansé hasta que estuve sentado en la silla del avión, rumbo a mi destino.

Es hora de tomar una decisión

Siempre hay un momento decisivo para tomar decisiones en la visa. Es el instante único e irrepetible que no podemos dejar pasar. En otras palabras, es determinante.

Víctima de asechanzas, una mujer de avanzada edad, sufrió un atentado mientras veía morir la tarde en un parquecito cercano a su casa. Recibió varios impactos de revólver. En cuestión de segundos pasaron por su mente las escenas de una existencia desenfrenada en la que había destruido hogares y—literalmente--, engañado a muchísimas personas.

Mientras la llevaban hacia el hospital, decía quedamente: --Señor, dame otra oportunidad. Regálame unos minutos para arrepentirme. No me dejes morir ahora--.

Milagrosamente, a pesar de sus múltiples heridas, sobrevivió cuatro horas más. Tuvo tiempo suficiente para arrepentirse antes de partir a la eternidad; pero igual: es probable que no hubiese dispuesto de un segundo más después del atentado…

La historia me hizo recordar a uno de los hombres que fue crucificado junto al Señor Jesús en el monte del Gólgota. La situación era trágica para todos. Mientras que uno de ellos maldecía su situación, e incluso, se burlaba del amado Salvador, el otro imploraba por una oportunidad: "Luego dijo a Jesús:--Jesús, no te olvides de mi cuando comiences a reinar--. Jesús le dijo: --Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso--" (Lucas 23:42, 43, Traducción en Lenguaje Actual).

Es probable que usted haya dilatado la decisión de rendirse a Cristo como Señor y Redentor. Se repite: "Mañana será, o quizá otro día; al fin de cuentas, siempre habrá tiempo para esas cosas". Lo que usted desconoce que s verdaderamente habrá un mañana.

Hoy es el día propicio para aprovechar la oportunidad que nos ofrece Dios. Puede recibir a Jesús en su corazón. El amado Señor nos ha extendido a todos una invitación que no debemos pasar por alto: "Yo estoy a la puerta y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo"(Apocalipsis 3:20. Traducción en Lenguaje Actual)

Si recibe hoy a Jesucristo en su corazón, comenzará una nueva vida. Todo será distinto. Iniciará el proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto anhela. Al referirse a este asunto, el apóstol Pablo resalta que al emprender una existencia renovada en Cristo "…nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado" (2 Corintios 5:9, Nueva Versión Internacional).

La decisión de cambiar no es nada más que nuestra. Cada quien determina si emprende o no un camino que le edifique. Es algo personal. Nadie puede presionarnos.

Tengo una invitación para su vida para su vida: Reflexione cómo ha cómo ha caminado hasta el momento. Quizá en un círculo de pecado y frustración del que ha querido salir y pareciera que no puede.

¡Es tiempo de decidirse por Jesucristo, entregándole nuestra vida para que Él la transforme! Recuerde que nadie puede decidir por usted. Dígale: "Señor Jesucristo, reconozco que he pecado, y que en mis fuerzas, me resulta imposible cambiar. Te recibo en el corazón como mi único y suficiente Salvador. Has de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Lo felicito por esta decisión. Es la mejor que puede hacer toda persona. Ahora tengo tres invitaciones para usted: la primera, que haga de la oración un principio de vida diaria; la segunda, que lea la Biblia. En ella aprenderá principios sencillos y prácticos que le ayudarán en el proceso de crecimiento personal y espiritual, y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida es distinta desde hoy!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme:

Correo electrónico (Email):
Ó si lo prefiere, puede llamarme al Tel.
(0057) 317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez.

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