Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Aprendiendo a Vivir #051010

El estrés, ¿cómo superarlo?

Corría por las calles en medio de gritos y la desesperación de decenas de ojos de curiosos atónitos que no sabían qué hacer. Una anciana creyó que se trataba de una imagen apocalíptica y se persignó, mientras que el boticario recomendó que llamaran a los bomberos. Maicol Biol por su parte se movía de un lugar a otro presa de la angustia mientras su cuerpo se consumía en una enorme bola de fuego que se avivaba conforme pasaban los segundos.

Su abuela Eloisa lo recordaría, días después, como un joven inquieto, demasiado para sus treinta años, pero doblegado por las preocupaciones. "El mundo se le convirtió en un dolor de cabeza. Estaba estresado y no encontraba salida a su laberinto.", dijo mientras se enjugaba lágrimas que bañaban su rostro mientras relataba la historia del infortunado protagonista del incidente de cuyo asombro no salieron por mucho tiempo los moradores de Boyacá, en el norte de Colombia.

Lo último que recuerdan es que salió a la madrugada, apenas cantó el gallo de una casa vecina. Enjugó su cara y, a la luz de una bombilla vieja, empacó sus pocas pertenencias. Alguien le preguntó a dónde iba; él se limitó a levantar los hombros y se alejó sin despedirse siquiera.

Lo que supieron, tiempo más tarde, es que –apenas cruzó la avenida—humedeció todo su cuerpo con gasolina y se prendió fuego. Lo demás fue como una historia surrealista, porque no se detuvo sino cuadras abajo, cuando un hombre se arriesgó a lanzarle una frazada. Por mucho tiempo se sucumbió entre la vida y la muerte en la unidad de cuidados intensivos de una clínica, en su ciudad.

¿Doloroso? Sin duda que si, producto de la angustia sin límites. Un sicólogo amigo lo atribuyó al estrés. "Cuando no se manejan adecuadamente las presiones externas e internas, la persona llega a explotar y el estallido se produce cuando menos se espera, y por circunstancias en apariencia triviales", me dijo.

Factores desencadenantes

Es de suma importancia reconocer las causas, síntomas y consecuencias del estrés como un paso esencial para superarlo, ya que es posible que aun cuando lo experimente, usted reste importancia al tema. ¿La razón? Nos acostumbramos a altos índices de presión externa—sin que ello implique que no enfrentaremos los resultados negativos--, y terminamos por aceptar este desbalance como parte de nuestra vida cotidiana.

Un reciente informe difundido por un grupo de especialistas en Santiago de Cali reveló que el número de consultas por presiones y estés laboral se incrementaron en un 20% en los primeros cuatro meses del 2010. La sicóloga clínica, Inés Valencia, atribuyó el fenómeno a las altas cargas laborales y el menor tiempo para cumplirlas, entre otros factores desencadenantes. Adicionalmente se cuentan las presiones para mostrar mayor rendimiento y mejores resultados lo que se alimenta con la presión de quedar desvinculados laboralmente.

Sólo entre febrero del 2008 y septiembre de 2009, 25 empleados de la compañía France Telecom, decidieron acabar con su vida, según sus compañeros porque recibían mucha presión para que dejaran la empresa o aceptaran las nuevas condiciones laborales impuestas en 1998, cuando la compañía fue privatizada. Desde aquel entonces se han reducido unos 40.000 empleos. Los directivos aseguran que para una compañía que emplea a 102.000 personas en Francia, la cifra no es escandalosa. No obstante los acontecimientos prendieron las alarmas en todo el mundo sobre las catastróficas consecuencias del estrés.

Hay factores de la cotidianidad que llevan al estrés, además del trabajo. Están los problemas asociados a la familia, las diferencias de pareja, las preocupaciones por la economía, la sucesión de compromisos a los que no podemos cumplir a nivel académico, social o eclesial, e incluso, el desenvolvimiento en un ambiente que consideramos adverso.

Los especialistas categorizan como elementos vinculantes al estrés, cuatro específicamente: fisiológicos, sicológicos, sociales y ambientales.

En la línea de los detonantes fisiológicos se incluyen las enfermedades y lesiones del cuerpo, causantes de una reacción negativa en el campo emocional. En el campo sicológico, las crisis que se vivencia en la etapa de infancia, adolescencia, madurez e incluso, período de vejes, signadas por relaciones interpersonales conflictivas o insuficientes, condiciones frustrantes a nivel laboral o en el estudio, monotonía y hasta la insatisfacción que despierta ejercer algo más por obligación que por vocación.

En la esfera social relacionamos los cambios inesperados o para los que no estábamos preparados, como los nuevos retos que se deben asumir, y finalmente, en el aspecto ambiental, se consideran desencadenantes del estrés, las condiciones asociadas con el lugar de trabajo.

Manifestaciones del estrés

Hay tres áreas bien definidas en las que encontramos las manifestaciones del estrés: a nivel físico, emocional y conductual.

En la primera categorización, es decir, de carácter físico, relacionamos por ejemplo la opresión en el pecho, hormigueo o mariposas en el estómago, udor en las palmas de las manos, palpitaciones, dificultad para tragar o para respirar, sequedad en la boca, temblor corporal, tensión muscular, falta o aumento de apetito, diarrea o por el contrario estreñimiento y fatiga constante.

En la dimensión emocional o sicológica, las reacciones son de inquietud, nerviosismo, ansiedad, temor o angustia, deseos de llorar y/o un nudo en la garganta, irritabilidad, enojo o furia constante o descontrolada, deseos de gritar, golpear o insultar, miedo o pánico --que si llega a ser muy intenso puede llevar a sentirnos "paralizados"-- preocupación excesiva, que se puede incluso manifestar como la sensación de no poder controlar nuestro pensamiento.

De igual manera pensamiento catastrófico, la necesidad de que "algo" suceda, para que se acabe la "espera", sensación de que la situación nos supera, dificultades para tomar decisiones y concentrarse, disminución de la memoria, lentitud de pensamiento, cambios de humor constantes y depresión.

Y finalmente, en el campo de conducta, apreciamos que alguien estresado—que podría ser usted mismo, no pueden estar quietos, ríen con nerviosismo, presentan tics nerviosos, disfunciones de carácter sexual, la inclinación a comer en exceso o dejar de hacerlo, beber o fumar con mayor frecuencia, dormir en exceso o sufrir de insomnio.

Es importante que hagamos una permanente auto evaluación de cómo andamos, porque tal vez sin darnos cuenta, estamos siendo víctimas de este fenómeno tan en boga en nuestro tiempo.

¿Cómo podemos superar el estrés con ayuda de Dios?

Usted y yo fuimos concebidos por nuestro Padre celestial como seres tripartitos: Cuerpo, alma y espíritu (Cf. 1 tesalonicenses 5:23). Cuando hay armonía en estos tres componentes, hay paz en nuestro mundo interior, lo que a su vez se refleja en nuestra relación con quienes nos rodean.

En nuestras fuerzas, difícilmente podremos superar esos períodos de crisis. Es cierto, la sicología ayuda a través de las terapias, y la medicina formulada a través de la siquiatría constituyen una gran ayuda, pero lo mejor que podemos hacer es volver nuestra mirada a Dios y rendirnos a Él, que nos creó, sabe nuestras fallas y dolencias, y puede sanarnos (Cf. Salmo 46:10).

¿Atravesando una situación extrema de estrés? El rey David escribió hace siglos sobre la ruta a seguir, de una manera práctica pero eficaz: "Deja tus preocupaciones al Señor y él te mantendrá firme; nunca dejará que caiga el hombre que le obedece." (Salmos 55:22, versión Dios habla hoy).

La decisión se seguir llevando a cuestas la ansiedad, fruto del estrés, es nada más que nuestra. Piénselo por un instante y deberá reconocer que el problema radica en tratar de resolver los conflictos internos a nuestra manera. Y no es como nos la ofrece el mundo como hallamos esa tranquilidad que nos lleva a una vida plena, como enseñó el amado Salvador Jesucristo: "Os dejo la paz. Mi paz os doy, pero no como la dan los que son del mundo. No os angustiéis ni tengáis miedo."(Juan 14:27)

Siempre que leo este pasaje me parece ver a nuestro Señor Jesús diciéndole a sus apóstoles y a nosotros hoy: "No permitan que la angustia y el miedo, que les impide vivir a plenitud, gobierne sus vidas. Despójense de esa pesada carga".

Esta invitación de dejar de llevar a cuestas tantas preocupaciones, la enfatizó en cierta ocasión cuando dijo a una multitud: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros." (Mateo 11:28-30).

¿Acaso sigue portando esas pesadas cargas en su mente, que afectan su vida emocional? Piénselo: es hora de realizar un auto examen cuidadoso de la forma como enfrenta los conflictos, internos y externos.

La oración, un paso eficaz

El asunto se centra en descansar en Dios. Una forma eficaz es a través de la oración. No es una terapia más que usted haya podido ensayar, es simplemente volcar todo lo que guardamos en el corazón en Su presencia, procurando que Él, en su infinito amor, tome nuestras preocupaciones y traiga calma al corazón.

El apóstol Pablo planteó esta recomendación en los siguientes términos: "No os aflijáis por nada, sino presentadlo todo a Dios en oración. Pedidle, y también dadle gracias. Así Dios os dará su paz, que es más grande que todo cuanto el hombre puede comprender; y esa paz guardará vuestro corazón y vuestros pensamientos, porque estáis unidos a Cristo Jesús." (Filipenses 4:6,7).

La oración es una ayuda enorme para toda persona. Orar en medio del estrés y la ansiedad es reconocer que llegamos al límite de nuestras fuerzas y que sólo en Dios podemos descansar, como explica el apóstol Pedro: "Dejad todas vuestras preocupaciones a Dios, porque él se preocupa de vosotros." (1 Pedro 5:7).

Hay decisiones que marcan la diferencia. Mantenernos en medio del mar de preocupaciones, desencadenantes de estrés, es una de ellas y negativa. Pero puede darse una segunda opción: decidirnos por romper el curso de las cosas, volviéndonos a Dios. Si aprendemos a descansar en Él, y lo hacemos cuando oramos, todo puede ser diferente.

Recuérdelo: la decisión de seguir estresado y pensando que su vida está en un laberinto sin salida, es suya y nada más que suya. Vuélvase a Jesucristo, Él quiere ayudarle en su situación.

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a:

Correo electrónico (Email):
Ó si lo prefiere, puede llamarme al Tel. (0057) 317-4913705.

Ps. Fernando Alexis Jiménez.

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