Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico #021507

La disposición, clave para un misionero

La escuela de medicina, al interior de la universidad, estaba llena de estudiantes al caer la tarde. En la mayoría de los casos habían terminado su jornada académica y se dirigían, unos a sus casas y otros, a la cafetería. Al calor de un buen café comentaban las incidencias del día.

"Yo tengo mucho para dar a quienes más lo necesitan", meditó Juan José sin tener muy claro cómo podría ayudar. Inicialmente pensó que podría ser en los barrios marginales, al oriente de la ciudad.

Sin embargo el curso de sus reflexiones tuvo un sorpresivo giro cuando llegó a casa y encontró, en uno de los muebles de la sala, el diario abierto en la página nacional. Allí se relataba de qué manera indígenas de una comunidad distante estaban muriendo por falta de asistencia médica.

En ese instante tuvo claridad de cuál era el llamado que Dios le hacía: servir a las etnias aborígenes de la provincia que experimentaba alta mortalidad y morbilidad por inasistencia de los servicios de salud. "Es una forma de llevar a Cristo hasta quienes realmente lo necesitan".

Sus amigos lo tildaron de loco. Renunciaba a los privilegios que podía arrojarle una carrera de prestigio, generalmente con buenos ingresos. Todo por irse a servir a una región distante, a la que ni siquiera llegaba el servicio postal.

Juan José Albornoz sirvió siete años entre las comunidades indígenas. Entregó lo mejor de sí. Sólo después de cumplir ese llamado—que sintió claramente en su corazón provenía de Dios—pudo comprometerse con una misión urbana.

La obra de Dios reclama misioneros

Nuestros tiempos difíciles ponen de manifiesto la necesidad de misioneros para la obra de Dios. Hombres y mujeres que cumplan el llamamiento a alcanzar multitudes o minorías, dependiendo del caso, con el mensaje de Salvación.

Al pensar en nuestro tiempo inevitablemente nos retro traemos a la historia de uno de los misioneros por excelencia que registra la Biblia: Noé. Él se desenvolvió en circunstancias muy similares a las nuestras y estuvo dispuesto a ser tratado por el Señor con el propósito de cumplir el plan que Él tenía para su vida.

Los tiempos son malos

Nosotros y el patriarca Noé nos identificamos en una situación prevaleciente: la descomposición de la sociedad. La violencia, la inmoralidad, las marcadas diferencias sociales, la búsqueda afanosa de sentido para la existencia, las enfermedades incurables y un progresivo alejamiento de Dios son las características de nuestro tiempo como lo fueron en la época de Noé.

Si vamos al libro del Génesis, capítulo 6, encontraremos un relato revelador de cuáles eran las circunstancias reinantes: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho." (versículos del 5 al 7).

Relea el pasaje una vez más y comprobará de qué manera, la sociedad corrupta en la que transcurrió parte de la existencia de Noé, es un retrato muy similar del mundo que estamos viviendo.

No resulta novedoso el hecho de que los pensamientos del hombre moderno, como ocurrió en la antigüedad, están inclinados a practicar la maldad. Este comportamiento atrae el juicio divino porque las actitudes de millares de hombres y mujeres están diametralmente opuestas a las instrucciones que Él dejó plasmadas en la Biblia, y que ayudan a quienes las ponen en práctica a lograr el crecimiento personal y espiritual.

A Dios le dolió en la época de Noé haber creado al género humano; sin duda en nuestros días le causa dolor a nuestro amado Padre el procedimiento de Su creación, porque las multitudes le han dado la espalda. ¿Qué atrae un proceder aberrante e inmoral como el que observamos alrededor? Juicio.

Sin embargo hay esperanza para el mundo. Estriba en que oigan el mensaje de Salvación. Y el instrumento que Dios utilizará para tal fin somos ustedes y yo.

Tratados por Dios

Para ser instrumentos útiles en las manos de Dios, es imperativo que nos dejemos tratar por Él. Permitirle que nos moldee en todas las áreas.

Esta característica rodeaba el desempeño de Noé, como leemos en las Escrituras: "Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová." (Génesis 6:8). Un hombre, con las mismas debilidades que nosotros, fue agradable al Creador. Estaba en el centro mismo de Su voluntad. Dios lo miró a Él y lo escogió para servirle.

Observe en éstos hechos la disposición que tuvo este siervo. La palabra es pequeña pero determinante y nos lleva a un interrogante práctico: ¿Está usted dispuesto para servir en la obra del Señor?

La disposición de este varón le llevó a marcar la diferencia en la sociedad en medio de la cual estaba "Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé." (Génesis 6:9).

Tres elementos podían identificar a Noé: primero, era justo; segundo, era perfecto entre los demás y, tercero, caminaba con Dios.

El llamado no es fácil

Cuando cursaba la formación teológica en el Seminario Bíblico, encontraba junto a mí estudiantes con los que estábamos identificados: el anhelo de desarrollar un misionero próspero sin pagar el precio.

Cuando salimos a trabajar en la obra, nos encontramos con un panorama para el que no estábamos preparados: el llamamiento de Dios a servirle, implica una alta dosis de fe y una buena cantidad de resolución porque nada es fácil.

Noé debió sorprenderse cuando el Padre lo llamó a cumplir la misión que tenía para él: "Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera." (Génesis 6:12-14).

Puede que no entendiera todo lo que le pedía Dios. ¿Lluvia en una región en la que a duras penas caía un rocío, como la garúa en el Perú? ¿Un barco para qué si difícilmente los mares y ríos podían subir de su nivel? Interrogantes que se sucedían uno tras otro en el remolino de pensamientos que acariciaba Noé.

Pese a que no comprendía muy bien las instrucciones, se dispuso para el Creador: "Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó." (Génesis 6:22).

Este siervo del altísimo procedió rodeado de dos actitudes: la primera, disposición para ser instrumento en las manos del señor, y la segunda, obediencia.

¿Estás listo?

Como habrá podido darse cuenta, hay aspectos sumamente importantes que rodean la vida de un misionero: disposición, obediencia y fe. Los tres sumamente importantes. El primer paso, la disposición. Si ella usted estará a medio camino.

¿Escuchó el llamamiento del Señor? ¿Está dispuesto a servir a Dios en la obra? Dispóngase. Permítale que Él transforme su ser y ¡bienvenido al maravilloso mundo de las misiones! Sin duda será de mucha utilidad en la proclamación del evangelio en su ciudad, en su país y en las naciones.

© Fernando Alexis Jiménez – Basado en los bosquejos elaborados para el Programa "Escuela de Misiones" que se transmite semanalmente en la radio de Santiago de Cali, en Colombia.

Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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