Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico #031507

Reconociendo a Dios en nuestros caminos

Llegué bastante cansado. Regresaba de predicar en una campaña evangelística en El Porvenir, un Distrito de la ciudad peruana de Trujillo. Hacía frío. Mientras atravesaba el corredor del hotel, rumbo a mi habitación, en lo único que pensaba era en acostarme y sentir la calidez de las frazadas.

Cuando abrí la puerta, mi compañero de alojamiento, el pastor Roberto de Oliveira, estaba postrado de rodillas orando.

--¿Acaso no llegaste cansado?—le pregunté después.

--Por supuesto, pero no puedo terminar una jornada sin pasar tiempo en la presencia del Señor—respondió con la sonrisa en el rostro que le caracteriza.

Caí en un profundo sueño del que desperté pasadas las cinco de la mañana. El frío había cedido un poco. Dirigí la mirada hacia la cama del pastor Roberto y lo vi en la misma posición que la noche anterior, clamando al Señor.

Esa actitud de sometimiento a Dios en oración despertó en mí una gran admiración hacia este ministro brasileño grandemente utilizado por el Señor para traer sanidad a los enfermos.

--A Dios hay que reconocerlo en todas nuestras actividades—me dijo mientras desayunábamos.

Estas palabras todavía resuenan en mi cabeza y sirven de base para que, a la luz de la Biblia, descubramos qué relevancia tiene mantener una íntima comunión con el Padre celestial.

¿Qué lugar ocupa Dios en tu vida?

Trasládese imaginariamente a un humilde barrio en la periferia de una ciudad cualquiera. Allí encuentra bastante atareado al pastor Modesto. Es un hombre joven, con arrestos, dispuesto a cumplir su propósito de evangelizar en la zona marginal que habita.

Su desenvolvimiento ministerial está acompañado por la prosperidad que le imprime Dios a todas sus actividades y pronto, el grupito que se reunía en la sala de estar de una casa humilde, creció y se convirtió en una de las congregaciones más numerosas del Distrito.

Pero a la par que se producía el engrandecimiento, Modesto iba experimentando una transformación hasta llegar a convertirse en un ministro de renombre que se mantenía tan ocupado, que se olvidó de quién era la razón de su vocación: Dios.

Un fenómeno que ocurre con mucha frecuencia entre quienes trabajan en la extensión del reino: olvidan para Quién están trabajando y progresivamente—una veces sin percibirlo y otras a plena conciencia--, lo van desplazando de su existencia. Hablan en nombre de Dios pero su comunicación con Dios es nula.

¿De quién proviene nuestra misión?

Dios es el eje central de nuestro llamamiento a cumplir una misión. Él nos revela su propósito y, para cumplirlo, debemos avanzar a pasos firmes, tomados de su mano. Un ejemplo lo apreciamos en el libro del Génesis 12, desde el versículo 5.

En primera instancia descubrimos que Dios dijo a Abram que se encaminara a la tierra que Él le mostraría; que haría de él una nación y que sería bendecido. Éste siervo del Señor respondió con fe y obediencia. Dos palabras esenciales que deben caracterizar a quienes sirven en la obra. "Al encaminarse hacia la tierra de Canaán, Abram se llevó a su esposa Saray, a su sobrino Lot, a toda la gente que habían adquirido en Jarán, y todos los bienes que habían acumulado..." (Génesis 12:5. Nueva Versión Internacional)

Aun cuando no sabía hacia dónde iba, Abram desarrolló una confianza plena en Aquél que lo llamaba a servirle. Igual debe ocurrir con nuestras vidas. Es necesario que descansemos en la tranquilidad de que el Padre celestial sabe lo que está haciendo.

Las promesas de Dios son firmes

En la medida que caminemos en fidelidad delante del Señor, Él cumplirá sus promesas. Son condicionales. Él no se arrepiente y desarrolla en nosotros su propósito, a menos –insisto—que nos apartemos de Sus caminos.

En la Biblia leemos que "Cuando llegaron a Canaán, Abram atravesó toda esa región hasta llegar a Siquén, donde se encuentra la encina sagrada de Moré. En aquella época, los cananeos vivían en esa región." (Génesis 12:5, 6. Nueva Versión Internacional)

Pese a que los Cananeos tenían dominio sobre aquél territorio, y eran un pueblo belicoso por naturaleza, Abram siguió confiando, sin desmayar, convencido que las promesas divinas se cumplirían en su existencia.

Un encuentro con Dios en oración

¿Cuánto tiempo lleva sin tener un tiempo a solas con Dios? ¿Ha meditado en el hecho de que es fundamental que se relacione con el Señor? Abram puso en práctica un principio esencial: reconocía a Jehová en todos sus caminos.

Esta actitud es descrita por el autor sagrado cuando anota: "Allí el Señor se le apareció a Abram y le dijo: «Yo le daré esta tierra a tu descendencia.» Entonces Abram erigió un altar al Señor, porque se le había aparecido." (Génesis 12:7. Nueva Versión Internacional)

En esta etapa de su recorrido hizo un altar al Creador y, también al término de una segunda jornada de su recorrido: "De allí se dirigió a la región montañosa que está al este de Betel, donde armó su campamento, teniendo a Betel al oeste y Hai al este. También en ese lugar erigió un altar al Señor e invocó su nombre." (Génesis 12:8. Nueva Versión Internacional)

Es comprensible que experimentemos cansancio o desánimo, tal vez otro sentimiento. En todos los casos es imprescindible que reconozcamos a Dios en nuestros caminos. Que le demos la primacía que le corresponde. Él es primero, nadie puede ocupar su lugar.

Como cristianos estamos llamados a mantener una vida devocional íntimamente ligada al Padre celestial, teniéndole presente siempre. Ese es el paso primordial que nos conduce a la victoria.

Desde hoy le invito para que reconsidere cuál es la relación que mantiene con Dios, en el lugar secreto, con la oración, y comience una relación de mayor cercanía con Él. Su vida personal y espiritual se verá enriquecida.

© Fernando Alexis Jiménez .
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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