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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico #040107
Su madre guardó silencio y miró a los lejos las construcciones que se erigían en Capernaum el día que le preguntaron desde cuándo su hijo padecía de lepra.
Lo amaba mucho porque a diferencia de sus hermanos, comenzó a evidenciar malformaciones y el desprendimiento de partes de su cuerpo al tiempo que debía permanecer alejado, fuera de la ciudad.
Si alguna vez se le acercaba alguien, debía guardar una distancia mínima de dos metros mientras que él debía repetir "Impuro, impuro" porque así lo ordenaba la Ley judía.
Ella sabía de memoria lo que decía el texto: "El leproso llevará sus vestidos desechos y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: "¡Impuro, Impuro!" Todo el tiempo que tenga la llaga, será impuro. Y habitará solo, fuera del campamento" (Levítico 13:45, 46).
Como madre le parecía injusto que debiera enfrentar el marginamiento y desprecio de los demás.
Aun cuando para los rabinos no era bien visto lo que hacía, ella sacaba tiempo para llevarle alimentos. "Es un ser humano que merece un trato diferente", solía repetir a quienes le cuestionaban su proceder.
La rendición a Jesús, clave para un milagro
Socialmente escucharemos muchas voces que desestiman los milagros. Unos porque no han tenido un encuentro personal con Dios y desconocen por tanto su poder ilimitado, que obra mucho más allá de lo que la mente humana pueda concebir, otros porque sólo creen en lo que pueden palpar y ver.
Estas y otras circunstancias debieron prevalecer en la cotidianidad de aquél leproso. Incluso, no faltó quien le recomendara resignarse a su suerte. "No hay nada qué hacer".
Sin embargo rompiendo todo esquema, decidió creer en Jesús. Aunque para los demás era una locura, él llegó al convencimiento de que el poder sobrenatural de Dios podía ayudar.
Relata la Biblia que "Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme." (Marcos 1: 40)
En la forma de proceder de este enfermo reconocemos tres elementos: el primero, ir a la presencia de Jesús creyendo que no tendría límites para sanarlo; el segundo, su rendición a Él que le llevó a hincar la rodilla, con humildad, y por último, la sujeción a la voluntad de Dios que le llevó a decirle: "Si quieres, puedes limpiarme."
Jesús quiere sanarle
El tiempo de los milagros no ha terminado. El Señor Jesús quiere sanarle. Él nos ama, tanto que murió por nosotros en la cruz del Gólgota. Y desea hacer algo diferente en su vida hoy.
Cuando el leproso elevó la petición de sanidad, encontramos la disposición del Maestro por atenderla: "Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio." (Marcos 1:41, 42)
Cuando le realizaba la exégesis a este texto, me encontré con la profundidad que encierra la expresión "Y Jesús, teniendo misericordia de él..." Misericordia o compasión, en este pasaje, derivan de término griego splagcnizomai que traduce: "Ser movido de las entrañas de uno". Es el mismo vocablo utilizado en pasajes como Mateo 9:36; 14:14; 15:32; 18:27 y 20:34.
Denota que el amado Maestro fue conmovido en lo más profundo de su ser y, reconociendo el sufrimiento de aquél leproso, tuvo la motivación de quitarle la enfermedad.
Personalmente me sorprendió apreciar la disposición que, de acuerdo con el evangelista Marcos, tiene Dios a través de Su Hijo por traer sanidad a quienes padecen algún mal.
Dios conoce lo que usted está sufriendo. Él se compadece de la situación que enfrenta. No obstante va más allá: desea resolver ese problema para el cual la ciencia no ha encontrado solución. ¡Hoy es el día de ir a la presencia del Señor en procura de su milagro!
Es imprescindible que no se deje amilanar por la desesperanza sino que crea. Nada es imposible para Dios. Él puede hacer algo nuevo en su existencia hoy. Clame. ¡Hágalo bajo el convencimiento de que las circunstancias que lo rodean pueden ser diferentes!
© Fernando Alexis Jiménez .
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos
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