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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico #051507
La sonrisa que se dibujó en el rostro de Lucía, era amplia y encerraba visos de satisfacción. Estábamos dialogando en la oficina. En la distancia y a través de la ventana, se vía el sol radiante iluminando edificios imponentes y casas de corte antiguo, del barrio San Antonio en el occidente de Santiago de Cali.
--Te he insistido Fernando que todas las enseñanzas del Evangelio tienen otra cara, y la aparición de los escritos de Judas Iscariote lo corroboran—dijo mientras buscaba afanosamente en su agenda varias hojas con fotocopias del texto.
La dejé que hablara. Era una antropóloga muy brillante, aunque amiga de las teorías del Big Bang, la generación espontánea de la vida y, por supuesto, de la evolución del mono a hombre pensante.
--A Judas han querido presentarlo como un traidor pero aquí—me señaló las copias que apretaba con su mano—se comprueba que eso es falso. El propio Jesús orquestó la traición. Judas simplemente le obedeció--.
Tomé la Biblia. Es mi único documento de consulta. Debe serlo para todo cristiano.
--Te invito Lucía para que miremos el asunto a la luz de las escrituras—le dije--. Si tienen un poco de tiempo, seguramente encontraremos respuestas--.
--No, no quédate tú con tus filosofías. Yo creo en lo que dice la ciencia. Y este Evangelio de Judas Iscariote me parece auténtico. Además, perdóname Fernando pero tengo que atender otro compromiso a cinco minutos de aquí--. Me extendió la mano para despedirse y se encaminó a la salida.
Quedé sumido en una amalgama de desconcierto y frustración porque sentí el peso de la visión sectaria no solo de Lucía sino de quienes se han empeñado en negar a Cristo Jesús y su misión redentora.
Aquel incidente en una mañana calurosa y agradable de mi ciudad, motivó el inicio del Estudio Bíblico que leerá a continuación, espero que con mucho detenimiento y Biblia en mano.
¿De dónde proviene?
El Evangelio de Judas Iscariote fue escrito en el Siglo II, se tradujo del Griego al Copto en el Siglo IV y fue hallado inmerso en el Códice Tchacos. El descubrimiento se produjo en 1978 en el Jebel Qarara, margen derecha del río Nilo, muy cerca del pueblo de Ámbar en el Medio Egipto.
El texto está compuesto por 60 versículos y es definitivamente producto de la línea de pensamiento de los Gnósticos. En el año 180 d.C. el Obispo de Lyon, Irineo, se refirió a este escrito como una herejía. Entre los primeros cristianos no gozó de ninguna aceptación.
Una lectura detenida nos permite descubrir algunos aspectos interesantes. En primera instancia el versículo con el que inicia presenta a Judas Iscariote como depositario de la revelación de Jesús el Señor. "Crónica secreta de la revelación hecha por Jesús en conversación con Judas Iscariote durante una semana tres días antes de celebrar la Pascua" e indica poco después que el Maestro "Muchas veces no se presentaba a sus discípulos en su propia figura, sino que aparecía entre ellos como un niño".
Dice que la revelación se le hizo porque había alcanzado un alto desarrollo de nivel espiritual. Pero mezcla esa enseñanza errónea con otras mucho más descabelladas: Indica que cada persona tiene una estrella y precisa que sólo en una dimensión espiritual se encuentra una estirpe "grande y superior" que no tiene ninguna relación con el ser humano.
El autor del escrito, que es evidente no fue Judas Iscariote, describe de una manera muy particular y fantasiosa la creación del mundo y el final de los tiempos que se avecina.
Y sorpréndase. El hombre presenta a Judas Iscariote no como un traidor sino como un colaborador del Señor Jesús: "...pero tú (se refiere a Judas) los superarás (a los discípulos), porque tú sacrificarás el cuerpo en el que vivo".
Algo más, no reconoce a Jesús el Señor como el Camino sino que anota que "la estrella que marca el camino es tu estrella".
No podemos desconocer, además, que el hoy famoso Evangelio de Judas se encuentra desecho y sólo hay fragmentos. Muchas de sus líneas han desaparecido.
¿Judas fue colaborador en el Plan de Salvación?
Una pregunta que recibo con frecuencia es: ¿Judas fue colaborador en el Plan de Salvación? No. Él no obró con el ánimo de colaborar con el Plan. Lo hizo motivado por la ambición. Distinto es que fue una herramienta para cumplir el Plan divino. Fue Judas pero pudo ser otro. La puerta para la traición la abrió en deseo irracional de poseer dinero, a costa de lo que fuera.
El nombre de Judas, proveniente del Griego Ióudas, traduce "Sea Dios alabado" y es una transliteración del Hebreo Yehûdâh, Judá. Se trataba de un nombre común entre los judíos. Era hijo de Simón Iscariote (Jn. 6:71; Cf 13:2, 26) Se cree que el nombre Iscariote proviene del Hebreo. 'îsh Qerîyôth, que traduce "hombre de Queriot", una ciudad al sur de Judá, entre Beerseba y el Mar Muerto. El sobrenombre probablemente indica que Judas era nativo de Judea, y si es así, el único de los Doce que no era galileo.
El Evangelio lo presenta como un traidor, no como un colaborador del Plan de Salvación. El término proviene del Griego prodotes que evidencia a alguien con carácter malvado que engaña. El propio Jesús sabía que aquél hombre estaba motivado por la maldad y dijo: "Limpios estáis, aunque no todos" (Jn. 13:10).
Una traición profetizada
La traición de Judas Iscariote, que insisto no fue alimentada del propósito de contribuir al Plan de Salvación sino estimulada por la ambición personal, fue profetizada siglos antes de que tuviera lugar. "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar." (Salmo 41:9)
Pero más sorprendente aún resulta el hecho de que la profecía describiera que sería alguien muy cercano al Mesías: "Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios." (Salmo 55:12-14)
En Judas Iscariote se cumplieron tales anuncios, como podemos leerlo en Mateo 10:4 y se puede ampliar aún este panorama si consultamos Mateo 26:49, 50 y Juan 13:21.
El Mesías sería vendido
Lo que olvidaron los Gnósticos al escribir el texto que atribuyen a Judas Iscariote, era que había abundantes profecías como lo identificaban como traidor. Entre otras, que lo vendería por 30 piezas de plata: "Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata." (Zacarías 11:12) Esta advertencia de cumplimiento futuro encaja con lo que hizo Judas quien se presentó ante las autoridades del Templo de Jerusalén "y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata." (Mateo 26:15)
El profeta advirtió algo todavía más sorprendente y es que el dinero, una vez traicionó Judas a Jesús, fue traído al templo: "Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro." (Zacarías 11:13). Con ese dinero se compró el campo de Alfarero--.Mateo 27:7.
Se cumplió el Plan de Salvación
Afortunadamente para la humanidad, y para la honra y gloria de Dios, el Plan de Salvación se cumplió. Un traidor estaría en escena, y fue Judas quien alimentó su ambición con la posibilidad de recibir dinero a cambio del Señor Judas.
La traición no afectó el Plan de Salvación. Por el contrario, se cumplió al pie de la letra. El amado Maestro fue herido (Isaías 50:6; Miqueas 5:1 Cf. Mateo 26:67; Lucas 22:63); sus manos y pies fueron horadados (Salmo 22:16; Zacarías 12:10 Cf. Lucas 23:33; Juan 20:25), y fue crucificado junto a transgresores (Isaías 53:12 Cf. Mateo 27:38; Marcos 15:27, 28).
Lo más glorioso de toda esta concatenación de eventos es que el Señor Jesús resucitó (Salmo 16:8-10; 49:9; Lucas 24:1-8).
Al romper las cadenas de la muerte nos hizo libres pero algo importante: Justos delante de Dios. El apóstol Pablo describe lo ocurrido de la siguiente manera: "Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven." (Romanos 14:7-9)
Después de la conversación que tuve con Alicia y que describo al comienzo, tuvimos dos diálogos más. Aunque no se avanzó mucho ya que no quería que discutiéramos el asunto Biblia en mano, se fue pensando en algo que para mí es claro: Que el Evangelio de Judas es un verdadero engaño que aprovechan los Gnósticos para propagar sus enseñanzas, y que la Nueva Era quiere capitalizar para desprestigiar el Plan de Salvación obrado a través de Jesucristo.
Ah, si por casualidad compró el libro con el texto de Judas Iscariote, hágalo con el propósito de informarse, nada más, ya que no contiene ninguna enseñanza que edifique...
© Fernando Alexis Jiménez .
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos
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