Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico #081507

¿Cómo dar pasos hacia el cambio?

Su mayor tentación era jugar a las cartas. En las tardes, al calor de una cerveza. El ambiente le parecía propicio. Se reunía con cuatro jugadores más. Por momentos la densidad del humo del cigarrillo era tal, que podía cortarse con una navaja. Pero a él no le disgustaba esa situación.

Por el contrario, le agradaba. Le traía la evocación de imágenes de cine cuando aludían a los tahúres.

Aprendió acerca del póquer y sus diversas variables cuando cursaba la secundaria, allá en su pueblo. Después de hacer sus tareas, atravesaba la única avenida, larga, polvorosa y aburridora, que tenía el caserío. Llegaba donde sus amigos y apostaba hasta el último centavo. En cierta ocasión y ante la falta de dinero, jugó sus útiles escolares. Fue un desastre y argumentó en casa que lo habían robado.

Su adicción se hizo cada vez más fuerte. Cuando prestaba servicio militar en el ejército, llegó a jugar su fusil. Cómo lo sacaron del batallón o qué hicieron con él, nunca le importó pero sí los meses que pasó en el calabozo, después de ser procesado. Por fin salió, no solo de ese sino de los demás problemas en los que se vio inmerso.

Se casó tiempo después. Trabajaba en una fábrica de alimentos precocidos. Jornadas arduas. Apenas despertaba, a primera hora de la mañana, debía irse a la factoría y su trasegar se prolongaba hasta que las sombras de la noche caían sobre la ciudad. Y salido de allí, se iba a un casino. A gastarse todo el dinero que llevaba en los bolsillos. Muchas veces debió regresar a casa, caminando por más de dos horas.

Aunque creía que salir de ese estado era imposible, logró hacerlo gracias al poder de Jesucristo. Él rompió las cadenas y lo hizo libre. En adelante, librando unas luchas tremendas con su interior que le inclinaba a caer de nuevo en el juego, empezó a cambiar. Ponía su empeño pero los pasos más firmes los dio siempre, cuando dependía estrechamente del Señor Jesús.

Las modificaciones en su forma de pensar y de actuar comenzaron a evidenciarse, poniendo en práctica lo enseñado por el apóstol Pedro: "Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras." (1 Pedro 2:11, 12)

No hay ataduras que no se rompan cuando Jesucristo entra en nuestro corazón. Las ligaduras se deshacen. Pero no es para darnos licencia de seguir como antes. En absoluto. Es la antesala del cambio que necesitamos, para crecer cada día más.

Cambiar sí es posible

Dios nos creó con las potencialidades para reconocer los errores pero también, con la capacidad de tomar la decisión que nos permita dejar atrás la mundanalidad, dirigir nuestra mirada hacia Él y dar pasos firmes hacia el cambio y crecimiento personal y espiritual.

Con fundamento en el texto que acabamos de leer, le invito para que examinemos algunos pasos esenciales hacia el cambio y crecimiento personal y espiritual:

1.- Decídase a dejar el pecado

Nadie cambia a menos que haya tomado una determinación firme. Tampoco nadie lo obligará a hacerlo. Usted puede vivir en pecado el tiempo que quiera, exponiéndose por supuesto a las consecuencias. Sin embargo, una vez toma conciencia de que el camino trasegado no rinde resultados satisfactorios para su vida, se encuentra ante dos disyuntivas: seguir en la misma condición o cambiar.

Si usted se inclina por el cambio, tome en consideración la recomendación del apóstol Pedro: "Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma..."

Una lectura cuidadosa del pasaje le mostrará que el autor sagrado reconocía la necesidad de que cada cristiano emprendiera el proceso de cambio, y enseñaba además que comenzaba con la firme determinación de abstenerse de la inclinación humana a pecar. No depende de usted. Siempre el pecado estará a la puerta; pero lo que sí puede es dejar de hacer lo que hasta ahora.

2.- Permanezca firme con ayuda de Dios

En cierta ocasión alguien me escribió desde Nicaragua con una inquietud apenas natural: "Quiero cambiar pero no se cómo hacerlo". Sus palabras revelaban la angustia y frustración que acompañan a quien cae una y otra vez, y considera en lo más íntimo de su ser que está condenado a caer otras veces más.

El autor sagrado hizo una recomendación que debemos tener en cuenta: "...manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles" ¿Es posible cambiar? Por supuesto que sí. Ahora, lo importante no es únicamente intentarlo sino perseverar en el propósito.

Ilustraré este punto con una vivencia personal. En cierta ocasión fui donde mi médico personal y además de sobrepeso, me anunció que en adelante y si no tomaba correctivos, debía inscribirme en el club de los hipertensos.

Su recomendación fue eliminar las grasas y las harinas de mi dieta diaria, además de caminar como mínimo una hora. Cumplí al pie de la letra su prescripción y en poco tiempo había bajado casi diez kilos.

El problema vino cuando volví a mi vida sedentaria, sentado en un escritorio y comiendo aquello que me resultaba atrayente. El sobrepeso tocó de nuevo a mi puerta. Fue entonces cuando comprendí el significado de la palabra PERSEVERANCIA.

Igual con el pecado. Debemos renunciar a él, pero perseverando. ¿Cómo hacerlo? En oración, dependiendo del Señor Jesús. Persevere. Se lo repito: Persevere.

3.- Glorifique a Dios con su testimonio

Humanamente nuestras acciones siempre estarán asediadas por la inclinación a pecar. No obstante cuando le abrimos el corazón al Señor Jesucristo y dependemos estrechamente de Él, inicia en nuestro ser interior el proceso de cambio y crecimiento personal y espiritual.

Si estamos dando pasos en esa dirección, necesariamente evidenciaremos un testimonio de vida cristiana victoriosa. El apóstol Pedro lo describió de la siguiente manera: "para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras"

Recabamos en lo que anotamos anteriormente: es fundamental que haya perseverancia. Y su testimonio cristiano debe ser justamente eso: perseverante. No ser un creyente fogoso hoy y mañana un feligrés de hielo. En absoluto. Debe ser una dinámica constante, con tendencia a aumentar antes que a estancarse o retroceder.

Tenga siempre presente que usted puede. Nada impide que cambie y llegue a ser un cristiano victorioso. Las condiciones están dadas. No obstante, debe dar pasos firmes hacia esa meta, tomado siempre de la mano del Señor Jesucristo. Sin duda alguna podrá lograrlo.

© Fernando Alexis Jiménez .
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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