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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico #122007
Obteniendo victoria sobre el pecado
Dejo la pandilla cuando tenía algo más de veinte años. Su rostro curtido por las intensas jornadas de sol a las que se sometió cuando vagabundeaba en las calles, muestra un buen número de cicatrices. Constituyen el testimonio permanente de una vida pasada de la que solo quedan fotografías junto a muchos de sus amigos. Algunos murieron, otros están en la cárcel y uno más quedó inválido a causa de un disparo.
--¿Quisiste matarlo?—le pregunté.
--Si, y lo hubiera hecho con ganas--me respondió al referir el incidente ocurrido dos días atrás.
Regresaba de trabajar. Vendía artículos domésticos en las calles céntricas de Santiago de Cali. El día había sido malo. Salvo algunos rostros curiosos que se acercan para preguntar cuánto vale esto o aquello, pero que no compran nada, no podía rememorar algo interesante en la jornada.
Justo cuando subía al autobús un ladrón intentó robarle. Aprovechó que tenía un pie en el estribo del vehículo para arrebatarle la cartera con el menguado producto de los negocios. Huyó aprovechando el río humano que a esa hora iba camino a casa.
Ricardo corrió cuanto pudo, lo alcanzó y derribó al suelo. Allí, sometido, lo golpeó hasta hacerlo sangrar. Estaba furioso. Desenfundó una navaja e iba a acuchillarlo cuando, algo que parecía ser una voz y como la recreación del instante en que Abraham iba a sacrificar a Isaac—su hijo--, le recordó que ahora era cristiano y no un pandillero.
--Me contuve porque no quería manchar mis manos con sangre de nuevo—explicó al referir de qué manera una fuerza sobrenatural lo llevó a reaccionar--.¿Quién sino el Señor Jesucristo me llevó a tomar conciencia de lo grave que iba a hacer?—dijo.
Hoy está junto con su esposa y dos hijos. Le embarga la emoción de haber sido Salvo por la obra de Cristo, y sobretodo, de no volver atrás.
¿Qué le llevó a guardarse de cometer un crimen?¿Por qué abandonó con facilidad esa ira que en otros tiempos lo gobernó hasta llevarle a cometer locuras?¿Por qué su día no terminó en reyerta con alguien de los bajos mundos? Sin duda porque como cristiano está experimentando en su ser el poder transformador del Evangelio.
--Soy una nueva criatura como creyente en Jesús y debo proseguir adelante, sin volver la mirada al ayer--, asegura Ricardo.
Tomando el control
La naturaleza pecaminosa en nosotros es como una adicción. Cuando creemos haber llegado a la cumbre, victoriosos, reaparece la ansiedad. "Es algo incontrolable", me explicó un día Henry Amador, un amigo que dirige un centro de rehabilitación para farmacodependientes en la ciudad.
¿Qué hacer? Es necesario tomar control de nuestros pensamientos y acciones. "De acuerdo—me dirá usted--, pero, ¿cómo hacerlo?". La respuesta es sencilla y amerita que usted desarrolle nuevas pautas de comportamiento: dependiendo de la fuerza que proviene del Señor Jesucristo. En nuestras fuerzas marcharemos inevitablemente al fracaso porque somos proclives a pecar, arrepentirnos, intentar humanamente sobreponernos a la crisis para—a vuelta de poco tiempo—caer y reemprender el ciclo.
Cuando buscamos en Dios la capacidad para superar la naturaleza necia y débil que nos atrae al pecado, ahí si podemos lograrlo.
Al respecto el apóstol Pablo advirtió: "Así que no dejen que el pecado controle su vida aquí en la tierra. No obedezcan a los deseos de su naturaleza humana" (Romanos 6:12. Nuevo Testamento: la palabra de Dios para todos).
El texto deja claro el hecho de que si hay disposición en el corazón y sumamos a esto la búsqueda del Padre para que nos fortalezca, aseguramos la victoria.
Consagración de mente y cuerpo
El jarrón está en su casa. Luce majestuoso en medio de la infinidad de adornos y porcelanas. Sin embargo es más especial que los demás: aquel objeto fue elaborado por indígenas bolivianos, costó buen dinero y por eso usted lo guarda con particular cuidado.
¿Lo utilizaría para preparar limonada en el? ¡Por supuesto que no! Fue adquirido para el embellecimiento de su hogar, no para ser un trasto de cocina.
Ahora traslade esa gráfica mental a su propia vida. Tras ser rescatado de un mundo de perdición por la obra del Señor Jesús, ¿estaría bien que se dedicara de nuevo a prácticas disolutas y a una existencia camino del abismo? En absoluto. Usted fue redimido de la esclavitud del pecado para ser libre y no debe, bajo ninguna circunstancia, someterse a las cadenas como otrora.
El apóstol Pablo prosigue su recomendación a los creyentes del primer siglo: "No utilicen ninguna parte de su cuerpo para pecar ni para hacer cosas malas. Mejor pónganse al servicio de Dios, como personas que han muerto y han resucitado; ofrezcan todo su cuerpo a Dios como medio para hacer lo bueno" (versículo 13. Nuevo Testamento: la Palabra de Dios para todos).
¿Qué pautas de Vida Cristiana Práctica aprendemos de esta porción de las Escrituras? Por lo menos tres. La primera, que absolutamente todos nuestros miembros forman parte del rescate que el Señor Jesús hizo por nosotros en la cruz, y le pertenecemos. Somos suyos y el pecado no debe tener lugar en nosotros.
La segunda, que debemos doblegar el cuerpo a Dios, lo que implica pedirle fortaleza para guardarnos sin tentación, cualquiera que sea su manifestación. ¿Comprende la razón por la que incluso nuestra forma de vestir debe observar decoro?
La tercera, que si hemos muerto al pecado, es necesario vivir conforme a las credenciales que nos otorgó la Salvación y que nos identifican como hombres y mujeres que son "apartados de la mundanalidad" para servir a Cristo.
Llamados a vencer
Cuando comenzamos a caminar con el Señor Jesús, aparecerá Satanás para poner tropiezo. Nos recuerda el pasado y al más mínimo error pugnará por hacernos cree que somos un fracaso total. ¿Ha experimentado una situación parecida? Seguramente que sí. Pero, ¿qué dice la Biblia? "El pecado ya no gobernará sobre ustedes, porque ya no están sujetos a la Ley, sino solo al generoso amor de Dios" (versículo 14. Nuevo Testamento: la Palabra de Dios para todos).
Si somos cristianos, por nuestra voluntad y no bajo presión, no permitiremos que el pecado tome forma porque no deseamos ser nuevamente mendigos espirituales, sumidos en un caos, sino que vamos camino a la victoria.
Es un trabajo mancomunado: Dios obrando en nosotros, y usted y yo dependiendo de El para sobreponernos a la naturaleza del mal que antes nos dominaba; todo para emerger airosos como criaturas renovadas por el Padre.
Una ilustración sencilla la ofrece el grupo de siete invidentes que hace pocos días escalaron el Volcán Nevado del Puracé, en Popayán (Colombia). Por momentos y debido a que llevaban siete horas salvando la distancia de ocho kilómetros que les separaba de la cima, pensaron en renunciar. Pero su guía los animaba y, por momentos, les tomaba de la mano para ayudarlos a subir.
Así es Dios. El está presto a brindarnos el respaldo necesario para alcanzar el crecimiento sostenido en la vida personal y espiritual de cada uno.
¿Recuerda la historia de Ricardo? El pudo abrir paso a la venganza porque al fin y al ano constituía el medio en el que se desenvolvió por muchos años. Pero en el momento decisivo tomó conciencia de su condición de cristiano y obró como lo hace un hijo de Dios.
Igual usted; no puede ni debe volver a tras. Ha recorrido un largo camino de triunfos pero también de desánimos, como es natural, en un proceso de crecimiento, pero ha vencido con ayuda del Maestro. Ahora no puede hacer menos que eso: proseguir asido de la mano de Jesucristo.
Piense por un instante si vale la pena tirar por la borda todos sus logros como creyente, logros que se reflejan en buenas relaciones con Dios, con usted mismo y con quienes le rodean.
Sin duda coincidirá conmigo que no es hora de renunciar. Por el contrario, vuelva su mirada al Señor Jesús, reemprenda el camino y decídase a vencer...
© Fernando Alexis Jiménez .
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos
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