Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico # 030508

Palabra predicada con poder

El taxi enfiló por la avenida principal de Nuevo Chimbote. Hacia frío en la hermosa ciudad del norte del Perú. Recién acabábamos de predicar en una campaña evangelística. Un nutrido número de personas pasó al frente para recibir a Jesús como Señor y Salvador. Había gozo en nuestros corazones y nos dirigíamos a tomar la cena.

José Antonio Rodríguez, un joven cristiano que ni siquiera es líder en la congregación, iba en la parte de adelante. Pidió el puesto deliberadamente. Pronto entendimos por qué. En los pocos minutos que demoramos desde la Plaza de Armas hasta el restaurante, le compartió el Evangelio de Jesucristo al conductor. El hombre se detuvo, aceptó al Señor en su corazón y sonrió con la satisfacción de haber arrojado una pesada carga.

Mientras cenábamos hablé con José Antonio. "Me sorprende tu amor por las almas, aún sin que en tu iglesia te reconozcan", le dije.

--Para predicar a Cristo no necesito ser líder—dijo sonriendo--. Basta asumir el compromiso que dejó Jesús para la Iglesia. Si todos participáramos de la Gran Comisión, hace mucho tiempo que habríamos ganado no solo al Perú sino al mundo entero para el Reino de Dios--.

Además compartió su secreto con nosotros: Una estrecha dependencia del Espíritu Santo. De esa manera siempre que evangelizaba alcanzaba la victoria. La Palabra era compartida con poder. Nadie se podía resistir al mensaje.

¿Qué metodologías utilizamos?

Hoy día abundan múltiples metodologías para predicar el Evangelio. Sin que pretenda herir susceptibilidades debo decir que hay quienes se consideran expertos en predicar. Pero, ¿obedecen tales estrategias a las pautas trazadas por Dios? Pregunta interesante que le invito a considerar en su compromiso de compartir la Palabra.

¿Cuál fue la instrucción que recibieron los primeros discípulos? Una dependencia absoluta. A partir de entonces se produciría lo que describe el libro de Hechos. "Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra" (Hechos 1:8. Nueva Versión Internacional)

El centro de este versículo, es decir, el término clave es poder. En el griego el vocablo es dunamis. Traduce al español la capacidad de llevar a cabo cualquier cosa. Entendidas las cosas así, el poder permite hablar sobre el Evangelio a las personas y que ejerza una poderosa influencia que les lleve a experimentar crecimiento personal y espiritual.

Palabra con Poder

Cuando la presencia de Dios nos acompaña, la predicación es con Poder y por encima de las circunstancias adversas, como lo describió el apóstol Pablo en su carta a los creyentes de Tesalónica para referirle las vicisitudes que enfrentaba. Precisa en su misiva: "Hermanos, bien saben que nuestra visita a ustedes no fue un fracaso. Y saben también que, a pesar de las aflicciones e insultos que antes sufrimos en Filipos, cobramos confianza en nuestro Dios y nos atrevimos a comunicarles el evangelio en medio de una gran lucha. " (1 Tesalonicenses 2:1, 2. Nueva Versión Internacional)

Cuando leemos pasajes como éste no podemos comprender cómo en nuestro tiempo y ante las primeras dificultades, quienes comparten el Evangelio transformador de Jesucristo se dan por vencidos fácilmente. Tenga presente que si Dios gobierna plenamente su vida, el Poder estará con su ser.

Palabra con ejemplo

¿Por qué los cristianos evangélicos hemos perdido tanto terreno en la predicación del Evangelio? Medítelo por un instante. Le comparto un convencimiento que me asiste desde hace algún tiempo: porque no guardamos coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos. Además de que nos falta Poder porque no dejamos a Dios que se mueva con libertad en nuestro ser, no damos ejemplo.

El apóstol Pablo fue claro al recordar que su ministerio estuvo estrechamente ligado al Poder que provenía de Dios y a llevar a la práctica aquello que enseñaba. Él dijo a los creyentes del primer siglo: "Nuestra predicación no se origina en el error ni en malas intenciones, ni procura engañar a nadie. Al contrario, hablamos como hombres a quienes Dios aprobó y les confió el evangelio: no tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón. Al contrario, hablamos como hombres a quienes Dios aprobó y les confió el evangelio: no tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón. … así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra *vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!" (1 Tesalonicenses 2:3. Nueva Versión Internacional)

Pero permítame agregar algo más: ¿Qué hay del interés de muchas personas sólo en la ofrenda que van a recibir antes que en la bendición que van a impartir a un grupo de creyentes? Siempre hago alusión a éste aspecto porque en cierta ocasión cuando me iban a invitar a una campaña de evangelización el pastor de la congregación preguntó cuál era mi "tarifa". Al enfatizarte que en absoluto iba con el ánimo de recibir un "pago" se disculpó explicándome que es así como se estila y que hay pastores, obreros y líderes que tienen su propia tabla de bonificaciones…

El apóstol Pablo, incluso, relata de qué manera él con su trabajo financiaba la labor evangelística: "Recordarán, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas para proclamarles el evangelio de Dios, y cómo trabajamos día y noche para no serles una carga. Dios y ustedes me son testigos de que nos comportamos con ustedes los creyentes en una forma santa, justa e irreprochable." (1 Tesalonicenses 2:9, 10. Nueva Versión Internacional)

En congregaciones pequeñas donde no hay recursos para el sostenimiento del líder, es conveniente que se estudie la posibilidad de auto financiarse trabajando. El argumento de que "el que evangeliza viva del Evangelio" resulta hasta contraproducente en tantos lugares de Latinoamérica donde el grupo de creyentes es muy reducido.

¿Palabra de Dios o Palabra de hombre?

¿Cómo identificar si la que recibimos es Palabra de Dios o del hombre? Por dos elementos esenciales. El primero, que esté en consonancia con las Escrituras, y el segundo, que traiga paz a nuestro corazón.

El apóstol Pablo reconoció que los creyentes de Tesalónica no solo habían recibido con amor la Palabra sino que además identificaron plenamente que provenía de lo alto: "Los hemos animado, consolado y exhortado a llevar una vida digna de Dios, que los llama a su reino y a su gloria. Así que no dejamos de dar gracias a Dios, porque al oír ustedes la palabra de Dios que les predicamos, la aceptaron no como palabra humana sino como lo que realmente es, palabra de Dios, la cual actúa en ustedes los creyentes" (1 Tesalonicenses 2:12, 13. Nueva Versión Internacional)

Jamás olvide que podemos ser excelentes conferencistas y malos cristianos. Aun cuando no lo conciba, ocurre. Es otro de los factores que han llevado a una pérdida progresiva de la credibilidad entre los inconversos. Quieren ver mayor compromiso, coherencia y ejemplo de los evangélicos.

Peleando contra Dios

¿Oposición a la Palabra de Dios? No es algo nuevo. Por el contrario, siempre se ha presentado este fenómeno. Los ataques contra quienes predican el Evangelio han tenido lugar en todas las etapas de la historia.

El apóstol Pablo enseñó que finalmente la oposición y la lucha que libran no es contra el creyente en sí sino contra el mismo Padre celestial. Y quien pelea contra Dios está condenado a perder: "Éstos mataron al Señor Jesús y a los profetas, y a nosotros nos expulsaron. No agradan a Dios y son hostiles a todos, pues procuran impedir que prediquemos a los gentiles para que sean salvos. Así en todo lo que hacen llegan al colmo de su pecado. Pero el castigo de Dios vendrá sobre ellos con toda severidad" (1 Tesalonicenses 2:15, 16. Nueva Versión Internacional)

Hay tres elementos con los que quisiera cerrar esta breve reflexión compartida con usted a la luz de la Biblia. El primero, que debe compartir la Palabra no en el poder del hombre sino en el de Dios, gracias a una íntima dependencia de Él; el segundo, que además de predicar debe dar ejemplo de lo que predica, y el tercero, que si encuentra oposición no debe experimentar desánimo sino seguir adelante porque no se oponen a usted sino al plan del Padre celestial.

Usted fue llamando a testimoniar con ayuda del Señor. La victoria está asegurada. No lo olvide jamás. Nada podrá impedir… Adelante: Hoy es el día para dar los primeros pasos en esa dirección.

© Fernando Alexis Jiménez .
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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