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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico # 032209
¿Éxito o plena realización de los dones y talentos?
Los dados dieron vueltas en el aire y cayeron estruendosamente sobre el vidrio, rompiendo estruendosamente el silencio expectante que reinaba en el lugar y en torno al cual, ocho rostros esperaban ver si Carlo Ponzi lograba un conjunto de números superior para arrastrar los pocos recursos que le quedaban. La sumatoria de números dio cinco.
--Perdiste de nuevo—le dijo uno de los tahúres y atrajo, con la misma avidez de quien acaba de hallar un tesoro, el arrume de monedas y billetes que todos habían apostado --.
Puedo intuir que no tienen dinero, así es que... hasta mañana caballeros--. Y se marchó con la sonrisa de retrato al óleo, impasible y eterna.Carlo se fue caminando despacio, aburrido, hacia la proa. Las manos en los bolsillos. La mirada perdida. Un convencimiento que arrastró en sus pensamientos hasta días antes de morir: no todo estaba perdido. Podría levantarse en cualquier momento, como el ave Fénix.
--¿Cuánto nos falta para llegar a los Estados Unidos?—le preguntó a un marinero. El hombre lo miró con incredulidad. No podía creer que aquél pasajero hubiese estado al margen de los anuncios de la tripulación según los cuales, en dos días estarían arribando a puerto americano--. Llegamos el lunes próximo—le informó y dio la espalda, en dirección a la cabina. La noche era fría y la brisa refrescante, idílica, con un cielo tachonado de estrellas, intermitentes como las esperanzas. El joven, de apenas 21 años, no tenía una sola moneda en los bolsillos.
Por momentos añoró su lejana Parma, en Italia; el mercado diario, el restaurante donde había dado sus primeros pasos como dependiente y, sonrió, al recordar los comensales que había tomado al darles vueltos equivocados--.
Tontos...--musitó.En 1903 pisó suelo americano y de inmediato, sorteando múltiples dificultades, llegó a Montreal. Poco tiempo después pasó un tiempo en prisión por falsificar un cheque a nombre de una anciana que depositaba su dinero en el banco para el cual trabajaba, en extensas jornadas que le hicieron amigo de los números y estimularon su ambición con la misma persistencia del rocío que baña en prado en las mañanas.
¿Un hombre de éxito?
Hizo amigos. Muchos. Tenían de él una buena opinión, y en criterio de un círculo amplio de conocidos, era un "hombre de éxito". ¿La razón? Estableció una empresa inversora que captaba recursos y prometía a los ahorradores, que en noventa días no solamente les devolvería su dinero, sino el 50% más. Ante el éxito imprevisto de su negocio, amplió su oferta: rendimientos mayores en un término menor de tiempo: tan solo mes y medio. De estar sin un céntimo entre los dedos, cuando recién llegó a América, Carlo Ponzi había pasado a ser un multimillonario. Políticos, negociantes y periodistas lo presentaban como un empresario ejemplar. Todos querían ser sus amigos y aparecer junto a él, con sonrisas triunfalistas, que luego mostraban a sus familiares en veladas especialmente concebidas para hacer gala de sus álbumes. Corría el año de 1919.
Todo marchó bien hasta la mañana, lluviosa y fría, cuando en las páginas centrales del Boston Post apareció un artículo del analista financiero, Clarence Barron, en la que cuestionaba la metodología de Ponzi quien no reinvertía las ganancias sino que captaba nuevos ahorradores, prefigurando una pirámide que temprano caería. Calculó que para ponerse al día con los inversionistas eventuales, debía conseguir 160 millones de dólares, mientras que en caja—como se comprobó después--, sólo habían 27 mil dólares.
El pánico financiero se disparó; el negocio cayó por tierra y en 1920 Carlo fue condenado a cinco años de prisión. De nuevo libre, siguió estafando, en su amada Italia. Murió en la miseria absoluta en Ríos de Janeiro, el 18 de enero de 1949. Amigos y conocidos se referían a él como Un "estafador" y no con el rótulo de "hombre de éxito" con el que lo definían en un comienzo
...¿Fracasado o exitoso?
Cuando el entonces misionero laico, Isolino Micolta, viajó de Buenaventura—un hermoso puerto en el occidente de Colombia—hasta el caserío, remoto, miserable y perdido entre la manigua y un río primitivo, de aguas correntosas, se encontró con el carpintero del pueblo y le habló de Jesucristo. Porfirio Quiñónez le escuchó de buena gana mientras devanaba jirones de madera en la etapa final de una canoa que tenía comprometida y que debía entregar dos días después. Sin perder de vista el listón, escuchaba a Isolino y de vez en cuando asentía.
Cuando el evangelista se marchó, Porfirio inició una maratónica carrera contra el tiempo, con la fiebre de hablar de Cristo en su punto más alto. Vivía para ganar almas, con el mismo afán de quien descubre pepitas de oro en una quebrada y no quiere perder un minuto, soñando con reunir la mayor cantidad del metal. En poco tiempo fueron diez, luego veinte y en menos de diez años, más de cien convertidos al Evangelio.
Por su parte Isolino había regresado a su casa cavilando sobre qué habría sido de su empeño misionero en lejanas tierras de su amado litoral Pacífico colombiano.
Hoy en aquél poblado de negros esforzados, más del 60% de sus habitantes fieles a Jesucristo y del seno de sus familias, han sido pastores, obreros y líderes para congregaciones cristianas de todo el país.
Pregunto, ¿aquél era un hombre de éxito o un ministro cristiano fracasado en cuya predicación sólo una persona recibió al Señor Jesús?
Redefiniendo los conceptos
Un problema que apreciamos alrededor nuestro es la interpretación y aplicación que se le da al concepto de éxito. En cierta reunión a la que me invitaron y tras hacer una consulta, los asistentes se refirieron a alguien exitoso como aquél que tiene dinero, buena posición social, una carrera próspera, gerencian un negocio o tienen el futuro asegurado con una relativa solidez financiera.
El criterio que comparto con ustedes es que el éxito, como lo concibe el mundo actual, forma parte de una idiosincrasia tergiversada, que valora "llegar a la cima" como fruto de los logros económicos y sociales, antes que por la consolidación de metas personales, en las que prime la afirmación del entorno familiar y algo sumamente importante que no se compra con dinero: la paz espiritual.
¿Qué pienso entonces? Que para el cristiano el éxito no es otra cosa que la plena realización de nuestros dones y talentos, los mismos que nos dio el Padre celestial para habilitarnos hacia la conquista de nuestras metas. Sobre esta base, le invito a considerar los siguientes elementos:
1.- Dios nos dotó de dones y talentos para ser triunfadores
Nuestro amado Padre celestial nos concibió con todas las potencialidades para ser vencedores, por encima de la adversidad. Para tal propósito, entregó a sus hijos, redimidos por la sangre del Señor Jesucristo, dones y talentos.
La Biblia ilustra este principio con la siguiente parábola del amado Maestro: "El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco mil monedas de oro, a otro dos mil y a otro sólo mil, a cada uno según su capacidad. Luego se fue de viaje. El que había recibido las cinco mil fue en seguida y negoció con ellas y ganó otras cinco mil. Así mismo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que había recibido mil fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor."
(Mateo 25:14-18. Nueva Versión Internacional).Leí hace poco dos historias que me parecieron sorprendentes y que comparto con ustedes. La primera de dos estudiantes de la Universidad de Stanford, que dormían en un remolque, tenían pocos dólares en sus bolsillos, pero la meta de sobreponerse al común de los universitarios. En 1994 elaboraron un listado de los sitios que más consultaban en sus investigaciones académicas. Al cabo de pocos meses, decenas de personas de 90 personas estaban consultando lo que a la postre se llamaría Yahoo, uno de los buscadores de Internet más famosos del mundo, creado por Jerry Yang y David Filo.
La segunda historia es del gestor de Amazon, una de las principales tiendas virtuales del mundo y quien comenzó el negocio distribuyendo libros en su camioneta. Los textos habían sido anunciados previamente a través de una Website que construyó y por la que, en un comienzo, no daban un peso. Su inventor y propietario, Jeff Bezos, unió tres elementos que son esenciales en los ganadores, principios que debemos interiorizar los cristianos: visión, perseverancia y conciencia de que podemos lograr mucho.
Recuerde siempre que la decisión de avanzar hacia la plena realización de nuestros dones y talentos, es nuestra y nada más que nuestra. Nadie toma una decisión por nosotros. Usted tampoco puede tomarla por nadie. ¿Cómo se inicia el proceso? Con una evaluación honesta. Este auto examen es esencial para determinar dónde nos encontramos, incluso identificando en qué estamos fallando y qué debemos corregir, y trazando metas hacia las que deseamos llegar: en nuestra vida personal, de relación con Dios, en el entorno familiar, ministerial y el desenvolvimiento social.
2.- Debemos estar dispuestos a pagar el precio
Los cristianos tenemos dos opciones: resignarnos o emprender el camino hacia la plena realización de nuestros dones espirituales y talentos. Pero dar pasos firmes y seguros, aunque no tan rápidos como quisiéramos a veces, obliga pagar el precio.
Sin duda habrá leído sobre Henry Ford, el potentado norteamericano que popularizó los autos. ¿Sabía que sus comienzos ofrecía sus servicios gratuitos en granjas cercanas a la propiedad de sus padres, con el solo propósito de aprender en detalle cómo funcionaban los motores a vapor? Fue mecánico y relojero. Literalmente regaló su tiempo, pero aquella etapa le sirvió para aprender y desarrollar la plataforma de conocimiento que posteriormente utilizó para construir el primer motor de carro en T.
Con frecuencia encuentro personas en las iglesias que, en manos de Dios, pueden llegar lejos, pero quie
ren ser pastores en un abrir y cerrar de ojos. Consideran que sus habilidades para predicar son suficientes para pararse en un púlpito y no quieren, por el concepto errado que tienen, siquiera ayudar a limpiar las sillas, recoger los cables del sonido o hacer cualquier mandado.Es evidente que el Señor nos proveyó de dones y talentos, pero debemos desarrollarnos hasta alcanzar la plena realización.
3.- Decisión y planificación van de la mano
Pagamos el precio, pero, ¿es suficiente? En absoluto, a la decisión debemos sumar otro pilar esencial: la planificación. Si tenemos una meta hacia la cual avanzar, podremos evaluar permanentemente si estamos da
ndo pasos acertados o nos estamos desviando del camino. El Señor Jesús dejó claro que es menester dirigirnos hacia un norte. Él enseñó a sus discípulos: "No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino. Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya. Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón" (Lucas 12:32-34).Los sueños se traducen en metas, en procura de su concreción. Recuerde que el sueño es una "visión interior profunda" pero debe materializarse, de lo contrario se quedará únicamente en sueños.
Para lograrlo, hay cinco pasos dinámicos que comparto con usted y de los cuales le ruego tomar nota: a.- Nos permite tener una dirección clara. b.- Potencial
iza nuestros dones y talentos. c.- Nos ayuda a identificar cuáles son las verdaderas prioridades. d.- Asegura que nuestra existencia tenga sentido y propósito, y por último: e.- Nos permite determinar que invirtamos apropiadamente nuestros esfuerzos, en lo que vale la pena.4.- Dios es nuestro principal ayudador
Nuestro amado Padre celestial nos proveyó de dones, que nos ayudan al crecimiento espiritual, y talentos, que nos permiten el crecimiento espiritual.
Quien nos permite alcanzar las metas, es Dios mismo. Aquí cabe recordar lo que nos enseña la Palabra:
"Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón." (Salmo 37:3-5. Nueva Versión Internacional).Por momentos pensaremos que no avanzamos, pero si estamos asidos de la mano de nuestro amado Padre celestial, encontraremos puerto seguro. Debemos confiar. Esa la palabra clave.
5.- Estemos preparados para responder ante Dios
Es evidente, por lo que leemos en las Escrituras, que usted y yo debemos dar cuenta ante Dios por los dones y talentos que depositó en nuestras manos.
Es probable que usted, como el hombre del relato, por temor y pereza, haya escondido esos dones y talentos. Por esa razón es un mero espectador de la vida. En su relación con el Señor, con su familia y, por supuesto, en el desenvolvimiento ministerial y social, ha caído en la mediocridad. ¡Hoy es el día para salir de ese estado!
La Palabra nos enseña:
"Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. El que había recibido las cinco mil monedas llegó con las otras cinco mil. "Señor —dijo—, usted me encargó cinco mil monedas. Mire, he ganado otras cinco mil." Su señor le respondió: "¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!" Llegó también el que recibió dos mil monedas. "Señor —informó—, usted me encargó dos mil monedas. Mire, he ganado otras dos mil." Su señor le respondió: "¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!" »Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. "Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido.25 Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo." Pero su señor le contestó: "¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido? Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses. "Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil." (Mateo 25:19-28. Nueva Versión Internacional).Si queremos crecer mucho más en la vida de Dios, es fundamental que seamos fieles a Dios con los dones y talentos que has recibido. Puedo asegurar que si alguien es fiel, en el más sencillo trabajo que le deleguen en la iglesia, temprano o tarde tendrá recompensa y el Señor le dará más. La retribución vendrá (Mateo 25: 29).
6.- Pregúntese: ¿Qué frutos estoy dando?
Con los dones y talentos que Dios depositó en nuestras manos, debemos fructificar. Es probable que hasta hoy Dios, en su infinita misericordia, le haya permitido estar quieto; sin embargo, ya es hora de despertar.
Hay una parábola del Señor Jesús que nos enseña bastante y que debemos tener presente en todo momento:
"Entonces les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada. Así que le dijo al viñador: Mira, ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno? Señor —le contestó el viñador—, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en adelante dé fruto; si no, córtela."
(Lucas 13:6-9. Nueva Versión Internacional)Evalúese: ¿cómo está su relación con Dios, consigo mismo, con su familiar y en donde quiera que usted se desenvuelva?¿Acaso ha dejado morir sus sueños y se ha doblegado ante la resignación? ¡Despierte! Dios tiene grandes planes para su existencia. Es hora de comenzar. Puedo asegurarle que, tomado de la mano del Padre celestial, llegará más lejos de donde usted jamás imaginó.
¿Ya se decidió por Jesucristo?
Su vida puede llegar lejos, a niveles jamás imaginados. Pero es necesario que tome una decisión esencial: recibir a Jesucristo en Su corazón, como Señor y Salvador.
¿Cómo hacerlo? Con una sencilla oración. Dígale: "Señor Jesucristo, te recibo como único y suficiente Salvador. Gracias por perdonar mis pecados en la cruz y abrirme las puertas a una nueva vida. Entra a mi corazón y haz de m
í la persona que tú quieres que yo sea". Amén"¿Hizo esta oración? Lo felicito. Su existencia es nueva desde hoy. Para finalizar, tengo tres recomendaciones: la primera, lea la Biblia todos los días y aprenda principios dinámicos que le permitirán avanzar hacia la plena realización de sus dones y talentos; segunda, haga de la oración un principio de vida. Le permitirá desarrollar e intimidad con Dios, y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Allí crecerá en su fe.
© Fernando Alexis Jiménez – (057) 317- 4913705.
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos
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