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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico # 040509
Los proyectos ¿están en la voluntad de Dios o en la del hombre?
Ocurrió cuando estábamos afiebrados por evangelizar un amplio sector del oriente de Santiago de Cali, poblado de casas tradicionales con techos rojos, calles amplias, antejardines floridos y niños jugando al fútbol con el mismo afán de quien quiere llegar a la cima de una montaña antes que caiga la noche.
La idea surgió de una reunión de planificación. Con el ánimo de atraer personas, dispusimos brindar alimentos. "Cuando los estén consumiendo, les predicamos", sugirió el pastor Ordóñez. Todos estuvimos de acuerdo.
El día de la campaña evangelística, en la que pretendíamos ofrecer comida espiritual y para satisfacer el gusto del cuerpo, los curiosos llenaron el escenario, pidieron su degustación y, pese a nuestros esfuerzos, fueron saliendo desestimando el mensaje tan especial que teníamos para ellos. Sencillamente no les importó, ni les interesó.
Aunque el propósito era bueno y apuntaba a contribuir en la extensión del reino de Dios, no prosperó, porque no era Su voluntad… Ahora permítame compartirle otra escena, también de la vida real:
Héctor no era líder, ujier, nadie de mayor reconocimiento en su congregación. No le preocupaban los cargos ni los títulos. Sus recursos los derivaba de vender objetos baratos en pleno centro de la ciudad. Se fijó la meta de evangelizar al mediodía, en la hora de la comida, aprovechando que gran número de personas se reunían a conversar.
--Estás loco—le dijo un directivo de la iglesia--. La gente se burlará de ti--.
--No importa, si es de Dios, me dará la victoria.—respondió él. Y empezó.
La labor fue fructífera. No era que tuviera elocuencia, porque hasta hablaba un poco mal; sin embargo, en sus palabras había poder. Dios lo respaldaba. Muchas almas se convirtieron a Cristo Jesús a través de su predicación personalizada.
Dos escenas con un mismo fin y resultados totalmente distintos. Reales. Aplicables a su situación personal.
Dios debe estar en el centro del proyecto
Es común apreciar pastores y líderes que de pronto "sienten de Dios" la necesidad de emprender un proyecto. Comparten la visión y si alguien razonable lo llama al orden, inmediatamente le señalan de querer "matar los planes del Señor". Lo más traumático es que se enfrascan con cuerpo, alma y espíritu en las iniciativas que se proponen, y apenas algo sale mal o fallan, le echan la culpa a Dios. Reniegan, se sienten frustrados y engañados por Aquél que todo lo puede.
En tales circunstancias cabe una pregunta: ¿El proyecto estaba en el corazón de Dios o era solamente la expresión de la voluntad del hombre? Probablemente hacer las cosas a nuestra manera sea la razón por la que todo sale mal. Y luego buscamos con afán a quien culpabilizar.
Un proyecto en el corazón de Dios
Por muchos años y desde el tránsito de los israelitas por el desierto, el Arca del pacto estuvo cobijada en el Tabernáculo. No obstante, pasados 400 años, Dios permitió que el rey Salomón—el hijo de David—edificara casa para Él. Ocurrió en el año 1.034 a.C.
La Biblia describe el momento preciso de la siguiente manera: "El rey Hiram de Tiro siempre había tenido buenas relaciones con David, así que al saber que Salomón había sido ungido para suceder en el trono a su padre David, le mandó una embajada.2 En respuesta, Salomón le envió este mensaje: «Tú bien sabes que, debido a las guerras en que mi padre David se vio envuelto, no le fue posible construir un templo en honor del Señor su Dios. Tuvo que esperar hasta que el Señor sometiera a sus enemigos bajo su dominio. Pues bien, ahora el Señor mi Dios me ha dado *paz por todas partes, de modo que no me amenazan ni adversarios ni calamidades. Por lo tanto me propongo construir un templo en honor del Señor mi Dios, pues él le prometió a mi padre David: "Tu hijo, a quien pondré en el trono como sucesor tuyo, construirá el templo en mi honor." (1 Reyes 5:1-5. Nueva Versión Internacional).
En la construcción tomaron parte 30 mil judíos y 150 mil cananeos. Una obra majestuosa en la que se utilizaron las mejores piedras, los cedros más escogidos en el Líbano y talladores destacados.
Ahora, este pasaje nos sirve para meditar en un hecho trascendente: construir el templo estaba en la voluntad de Dios. Él tiene su propio tiempo para obrar. Las iniciativas que Él, nuestro amado Hacedor, se propone materializar, no se abandonan fácilmente para dar cabida a otras propuestas. Además, es el Señor mismo quien apareja el camino.
Hay tres cosas que le invito a considerar: cuando un proyecto es visión de Dios para el hombre, termina convirtiéndose en el sueño de muchos; además, Dios da la visión, la provisión y la bendición (1 Reyes 5:10-14). Nuestro Padre celestial revela sus planes, aunque a veces no lo hace de manera inmediata sino progresivamente, y además es muy específico (1 Reyes 6:1, 2).
Dios confirma los proyectos
Si alguien amparándose en Dios, emprende un proyecto, debe estar convencido y además preparado, para que el Señor confirme o definitivamente evidencia que no está respaldando la iniciativa.
La Biblia nos enseña que el Padre le reafirmó al rey Salomón que el proyecto sería bendecido: "La palabra del Señor vino a Salomón y le dio este mensaje: «Ya que estás construyendo este templo, quiero decirte que si andas según mis decretos, y obedeces mis leyes y todos mis mandamientos, yo cumpliré por medio de ti la promesa que le hice a tu padre David." (1 Reyes 6:11, 12. Nueva Versión Internacional).
Hay tres principios que son esenciales, revelados en este pasaje Escritural, que nos aseguran la victoria:: el primero, andar en los mandamientos de Dios; el segundo, guardarlos, y el tercero, hacerlos, es decir, llevarlos a la práctica.
Tenga presente que si somos fieles, nuestros proyectos agradarán a nuestro Supremo Hacedor: "Entonces viviré entre los israelitas, y no abandonaré a mi pueblo Israel." (1 Reyes 6:13. Nueva Versión Internacional).
Dios habitará en la iniciativa. Se moverá allí. Además, no permitirá que se interrumpa porque la obra glorificará Su Santo Nombre: "Los cimientos del templo del Señor se habían echado en el mes de zif del cuarto año del reinado de Salomón, y en el mes de bul del año undécimo, es decir, en el mes octavo de ese año, se terminó de construir el templo siguiendo al pie de la letra todos los detalles del diseño. Siete años le llevó a Salomón la construcción del templo." (1 Reyes 6:37, 38).
Cuando aquello que emprendemos, busca más glorificar al pastor o líder que a Jesucristo, el Rey de Reyes y Señor de Señores, el asunto está mal. Y aunque no lo creamos, hay quienes están interesados en erigirse monumentos, y aunque predican en el nombre de Dios, es a Dios a quien menos tienen en cuenta.
Es evidente cuando un proyecto es de Dios
El templo de Jerusalén comenzó a construirse en el año 1.034 a.C. y concluyó en el 1.027 a.C. La Biblia enseña que la inauguración rebasó todos los límites y Dios fue glorificado: "El rey Salomón y toda la asamblea de Israel reunida con él delante del arca sacrificaron ovejas y bueyes en tal cantidad que fue imposible llevar la cuenta. Cuando los sacerdotes se retiraron del Lugar Santo, la nube llenó el templo del Señor. Y por causa de la nube, los sacerdotes no pudieron celebrar el culto, pues la gloria del Señor había llenado el templo. " (1 Reyes 5:8-11)
Por favor, observe que la gloria del Señor fue tal, que nadie podía permanecer en Su presencia. ¿La razón? El proyecto estaba en el corazón de Dios mismo, lo glorificaba y no glorificaba al hombre.
¿Qué proyectos está realizando?
Es probable que se encuentre inmerso en varios proyectos. Las cosas han salido mal. ¿A qué puede deberse? A que usted quizá está tratando de hacer algo para la obra de Dios, pero no está en la voluntad de Dios. Por esa razón es importante que revise de qué se trata.
Las Escrituras nos enseñan: "Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu *camino; confía en él, y él actuará. " (Salmo 37:3-5)
Observe que todo, absolutamente todo, debe estar en el corazón mismo del Supremo Hacedor y honrarlo a Él. Si permanecemos fieles, Él permanecerá fiel y tendremos la victoria en cualquier empresa en la que nos comprometamos para la extensión del reino de Dios.
Hoy es el día para reemprender el camino, con ayuda de Dios…
Por último, recuerde que el templo fue destruido en el año 607 a.C. durante la invasión de Nabucodonosor. Después de 70 años de cautiverio, en el 537 a.C., Zorobabel, de la tribu de Judá, reemprendió la construcción del templo. Permaneció firme por espacio de quinientos años. Para esa época ya no tenía el Arca del Pacto sino un candelabro, el altar de oro, la mesa de la proposición y algunas vasijas, tal como lo relata el primer libro deuterocanónico de los Macabeos.
Posteriormente, en el año 19 de su gobierno, Herodes, el tetrarca que representaba los intereses de Roma, acometió la ampliación de templo. Los trabajos prosiguieron por 46 años más, esa es la razón por la que algunos de quienes escucharon al Señor Jesús decir que destruyeran su cuerpo (templo) y en tres días lo levantaría, no comprendieron el contexto de sus palabras (Juan 2:20).
Someta a Dios todo proyecto. Él le concederá la victoria, si está en Su poderosa voluntad.
© Fernando Alexis
Jiménez (057) 317-4913705.
Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos
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