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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico # 052809
¿Estás enfrentando un período de tribulación?
El rostro del apóstol Pablo lucía su agotamiento. Días de trabajo incesante, oposiciones violentas unas y de palabra, otras. Todas traumáticas. Caminaba con dificultad, pese al vigor que siempre le había caracterizado y que despertaba admiración entre quienes lo veían recorrer presuroso las polvorientas callecitas de Jerusalén.
Escribía una carta. Lo hacía pausadamente, meditando en cada palabra. Se tomaba el tiempo suficiente antes de plasmar en el burdo papel las expresiones que impactarían la vida de los cristianos en Corinto, bastante distantes del lugar caluroso y húmedo en el cual se encontraba. Untó la pluma con tinta y a la luz tenue del candil prosiguió su escrito. No era un parte de victoria sino la confesión descarnada de quien ha debido luchar mucho por sacar adelante el llamamiento que le hiciera Dios, camino a Damasco.
Echó un nuevo vistazo a los términos de su carta, la segunda en un lapso muy breve de tiempo. Estaba atribulado y las ideas no fluían con la rapidez y facilidad que hubiera querido. Aún así, seguía adelante. Dios lo fortalecía en momentos difíciles. Nada podría detenerlo en su misión...
¿Real? Por supuesto que sí, aunque las circunstancias difieran un poco de la forma como pudo haber ocurrido. El hombre que abordaba sin ambages de ninguna índole, el asunto de las tribulaciones, era el mismo a quienes amigos y discípulos consideraban un triunfador.
Y cabe aquí una pregunta, ¿enfrentan los hombres de Dios tribulaciones? Y también: ¿Qué se debe hacer cuando experimentamos períodos así?
Las tribulaciones son reales
Así queramos ignorarlo, las realidades no solamente son reales y en algunos casos profundas, sino que también tocan la vida del cristiano evangélico.
"No comprendo porque mis hijos están enfermando con tanta frecuencia", comentaba el líder de evangelismo en nuestra congregación. Un hombre bastante consagrado, junto con su esposa. Los imprevistos estaban afectando su relación. "¿Qué puede estar ocurriendo, si estoy caminando bien con Dios?", insistía en preguntarse.
Los seguidores del Señor Jesús no podemos venderle a la gente la idea de un evangelio que es como un seguro de vida. Apenas usted lo toma, nada malo ocurrirá sin que sea reparado inmediatamente. ¡Tremendo error! Y además, provoca la desilusión de decenas de personas.
Con frecuencia escucho frases como: "Desde que soy cristiano pareciera que los problemas se multiplicaron". No es así, por supuesto, pero quienes discipularon aquella persona le crearon una imagen de que todo sería "color de rosa" y no lo prepararon para enfrentar períodos de adversidad.
Características de Dios
Para recibir consuelo durante las tribulaciones es necesario recordar las características que enumera el apóstol Pablo al referirse a Dios. Él señala que el Dios y Padre de nuestro señor Jesucristo es "...Padre de misericordias y Dios de toda consolación..." (2 Corintios 1:3).
La imagen más aproximada que debemos tener de nuestro Supremo Hacedor es la de aquél padre que está siempre con sus hijos, indistintamente de las circunstancias. Sean favorables o supremamente difíciles, siempre está ahí.
Ahora, cuando le invocamos en medio de la tribulación, la respuesta divina se produce representada en consolación "...el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios..." (versículo 4). Es un principio que todos los creyentes debemos aprender y asimilar para enfrentar exitosamente los momentos más complejos que atravesemos.
Los siervos de Cristo también enfrentan problemas
Muchas personas quedarían sorprendidas si conocieran la infinidad y disimilitud de problemas que atraviesan aquellos que sirven al Señor Jesucristo en la extensión del reino de Dios. ¿Acaso puede ocurrirle a hombres de Dios? Por supuesto que sí: "Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación" (versículo 5).
¿Dónde está la diferencia con respecto a la vida pecaminosa en la que nos movíamos antes? En que ahora cuando estamos en tribulación, volvemos la mirada no a seres humanos sino al Dios de poder y gloria que nos llamó al servicio de Cristo." Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos" (versículo 6).
Prepare a sus discípulos para momentos difíciles
Si tiene hombres y mujeres a cargo en la congregación, debe prepararlos para que puedan afrontar exitosamente los momentos críticos. Si usted les brinda sólida formación doctrinal van a salir airosos en cualquier situación traumática, tal como confiaba el apóstol Pablo respecto a los primeros cristianos de Corinto:" Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación" (versículo 7).
La experiencia de quien se ha enfrentado a dificultades, que rayaron en la tribulación para su estado de ánimo, y ha logrado superarlas, le permitirá brindar consuelo a otros. El mismo consuelo que Dios le otorgó.
No vuelva atrás...
Usted como ministro de Jesucristo está llamado a vencer. Desconozco cuál pueda ser el mal momento que experimentó o experimenta. Puedo asegurarle algo: los triunfadores de Dios también vivieron momentos sumamente difíciles.
Pablo lo describe de la siguiente manera: "Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte" (versículos del 8 al 10).
Observe que este siervo del Dios altísimo describe que llegó al límite de sus fuerzas; aún así se fortaleció en Dios. Y Dios respondió con poder.
Igual con su vida. Nuestro amado Padre no lo abandonará. Él está allí a su lado, presto a extenderle la mano. No permita que el desánimo asalte su vida. ¡Usted nació para vencer!
Hoy es el día para levantarse y reemprender la obra, en victoria, convencido que con ayuda de Aquél que todo lo puede, absolutamente nada podrá detenerlo.
© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705
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