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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
Estudio Bíblico # 062209
Los golpes llovieron sobre su humanidad como una catarata, hasta que perdió el sentido. Estaba bañado en sangre, aunque respiraba. Cuando abrió los ojos, más tarde, Eudencio vio primero la cama de madera rústica sobre un costado de la estancia, una Biblia caída en el suelo, con varias hojas desprendidas, el calendario que no había pasado en la hoja del mes, una vela rota y el radio, totalmente destruido. "Dios, sólo tu puedes ayudarme", dijo, al comprobar que le resultaba difícil incorporarse.
Pasó mucho tiempo antes que pudiera levantarse, prendido de las paredes. Por fin lo logró. Afuera del rancho, rostros curiosos no perdían detalle. Sabían de su martirio, pero no se atrevían a entrar por miedo a las consecuencias. "Dios, ¡Cómo te dejaron", dijo una anciana, que le extendió una toalla humedecida con un agua de yerbas.
--Seguiré predicando a Jesucristo—les dijo a todos. Lo hizo con convicción mientras pasaba sus manos ásperas por el rostro, para limpiarse vestigios de sangre seca.—Nadie podrá detenerme--.
--Estás loco, Eudencio, te matarán—le interpeló alguien, con visible preocupación.
--No importa, si debo morir por mi fe, pues lo hago—fue su lacónica respuesta, después de la cual decidió entrar a su vivienda.
A pesar del fuerte dolor de cabeza, recordaba vívidamente aquél pasaje de la Escritura: "Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.(" (Hechos 8:3)
Tiempo después lo encontraron muerto en las calles de San Juan de Chamula, México, asesinado a golpes, sin misericordia.
Cristianos de corazón, no de palabra
Convicción. Una palabra corta, sencilla, profunda. Llena de significado. Identifica a quien tiene afincadas sus creencias en lo más profundo de su corazón. Aquél que está dispuesto a morir por aquello que cree.
El mayor problema hoy día es que muchísimas personas niegan su fe. Ante las primeras dificultades, salen corriendo. Temerosos. Con desesperación. Sobre esta base, cabe preguntarse: ¿Está dispuesto a morir por su fe en Jesucristo? Si es así, no se amilanará ante las primeras dificultades. Perseverará. Cada paso será de victoria, así parezca que avanza lentamente.
Los primeros cristianos, frente a la persecución, no solo resistieron, permanecieron firmes, sino que en medio de la adversidad predicaban abiertamente el Evangelio, como relata el médico Lucas: "Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo." (Hechos 8:4,5)
Sólo en Jesucristo encontramos la fortaleza necesaria para predicar, por encima de la oposición. Él trae convicción a nuestro ser, y nos permite mantenernos firmes por encima de los ataques que vengan sobre nuestra existencia. ¡Él nos concede la victoria!
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