Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico # 090409

¿Te dejas llevar por la ira?

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Nadie sabe cómo se inició el conflicto. Los vecinos sólo recuerdan que la discusión inició pasadas las ocho de la mañana. El marido argumentaba que el café estaba demasiado caliente, amargo y con poca azúcar. "¿Pretendes que me lo beba?", le interrogaba, alzando la voz más de lo acostumbrado.

La mujer se defendía. "Deja que enfríe", decía una y otra vez. Pero el altercado iba en aumento. De pronto un sonido seco, el grito de ella y un tremendo portazo, del hombre al salir. Eso fue todo lo que escucharon.

Minutos después las llamas invadían todo alrededor. La casa de latas, zinc y cartones estaba envuelta en fuego que pronto ganó fuerza y abrazó a otras viviendas, dejando a su paso tristeza y desolación. Cincuenta y seis familias de aquél barrio marginal terminaron en la ruina.

--Mire usted lo que provocó la rabia de doña Isabela—se quejó una de las damnificadas.

Alrededor todo era desolación, como si hubiese terminado una guerra tremenda, de aquellas en las que sólo se recuerda el dolor y las esquelas descoloridas de lo que fue.

¡Es posible modificar comportamientos irascibles!

La ira destruye nuestra vida. Produce secuelas imborrables, que desatan tristeza y culpabilidad en nuestro corazón, y heridas entre quienes nos rodean.

La Biblia es clara cuando advierte: "El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar" (Proverbios 14:17, Nueva Versión Internacional). Alguien dominado por un enojo irrefrenable, termina dejándose arrastrar como una frágil rama por un río correntoso, lo que a la postre causa destrucción y levanta a nuestro alrededor tremendos muros de prevención no solo entre nuestros familiares sino amigos y conocidos: "No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio" (Eclesiastés 7.9, Nueva Versión Internacional).

Un joven que asistió a consejería se lamentaba porque tenía pocos amigos. "Me rechazan; salen huyendo. Ni siquiera tengo novia". Un análisis cuidadoso del asunto, descubrimos que el eje central radicaba en su irascibilidad. Apenas sentía que algo le incomodaba o tal vez, cuando experimentaba la sensación de vulnerabilidad, inmediatamente reaccionaba desatando una verdadera tormenta.

Coincidimos en la necesidad de invitar al Señor Jesucristo a su corazón con el propósito de que trajese los cambios que tanto anhelaba, los que se reflejaron en la ampliación del círculo de sus amistades.

Nuestra vida evidencia transformaciones a partir de cosas pequeñas. El temperamento y las reacciones explosivas, pueden ser algunas de ellas. Y hoy es el día para comenzar esa evolución en su existencia. ¡Recuerde que no está solo! En el Señor Jesucristo encontrará la fuerza para alcanzar la victoria.

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057) 317-4913705
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Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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