Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico # 121809

Las reacciones de ira, ¿a quién perjudican?

Gustavo se convirtió en el rey de los teléfonos celulares. No, no se equivoque. No era fabricante ni tampoco distribuidor. Menos aún, coleccionista. La razón eran sus reacciones. Cada vez que lo embargaba la ira, estrellaba los aparatos contra la pared más cercana.

--No puedo controlarlo.--se justificó ante Carmenza, su secretaria, quien le dijo un día que con tantos móviles destruidos, habría podido pagar la cuota inicial para un vehículo--. Arrojo lo primero que tengo a la mano. Un día hasta eché a perder un equipo de sonido--.

Un día que le notificaron sobre la sensible disminución en las ventas en una de las sucursales, sintió el mismo rapto de ira que otras veces, pero justo cuando metió la mano al saco con el fin de extraer el teléfono, recordó las palabras de su inmediata colaboradora. Razonó que no tenía sentido seguir obrando de esa manera: "Terminaré enriqueciendo al productor de estos benditos aparatos", murmuró.

Deseaba canalizar su molestia de alguna manera. Incluso pensó en un vaso con agua que tenía sobre el escritorio, junto a unas facturas de cobro. "No tiene sentido hacer otra locura", concluyó.

Ese fue el comienzo para un análisis juicio que le llevó a pensar en que nada había ganado con obrar estimulado por la ira. Además de quedar en ridículo, y sentirse mal, había lesionado verbalmente a otras personas, levantando una barrera a su alrededor. Las personas temían acercársele a darle una noticia que desatara una tormenta de las que por años le caracterizaron.

¿Qué sacamos con airarnos?

No manejar apropiadamente las emociones, además de problemas en las relaciones interpersonales, traen inestabilidad emocional, coinciden en asegurar los especialistas. Así como los sentimientos positivos se constituyen en un estímulo en nuestro ser, los negativos también: nos llevan a ver ensombrecido el panorama, a sentir que todos están en contra nuestra y nos provocan y agreden y desata problemas de salud.

Ir a los extremos nunca ha sido bueno. En el caso de las personas iracundas, su mecanismo de defensa natural es renegar. Paralelo a esto se produce una descompensación en el organismo que lleva a respuestas emocionales perturbadoras, insanas, que disparan los niveles de estrés.

No podemos olvidar un hecho: las emociones son universales, pero la forma de expresarlas depende de cada quien, de acuerdo con características muy particulares: su personalidad, temperamento, carácter, cultura y contexto social en el que se desenvuelve el individuo. Pero añada a eso un punto favorable: nuestras emociones y reacciones se pueden educar, cambiando patrones de comportamiento.

En esa dirección es importante identificar dos cosas: la primera, que estamos airados. Si lo hacemos, ya habremos ganado bastante terreno. La segunda, cómo responderemos ante este estímulo negativo. Lo aconsejable, entonces, es relajarnos y medir el alcance del paso que vamos a dar. Obrar movidos por la rabia no es aconsejable ni productivo.

Pero más importante aún: hay una serie de consideraciones bíblicas que comparto con usted porque definitivamente le resultarán muy útiles:

1. Haga un balance de las consecuencias

Así como al final del mes realiza un balance de los gastos y ahorros, en caso de que haya hecho alguno, y determina corregir inversiones innecesarias, así mismo debe aplicar una auto evaluación a su comportamiento. Haga un listado de las consecuencias que han desatado sus reacciones airadas, tal como lo recomiendan las Escrituras: "El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar" (Proverbios 14:17, Nueva Versión Internacional).

Al descubrir los errores que cometió preso de la rabia, encontrará que es necesario aplicar una modificación en esa conducta desbordada. Si no lo hace, además de experimentar sensación de culpa y conflictos internos, levantará una barrera que limitará unas buenas relaciones interpersonales con quienes le rodean.

2. Domine la ira. No deje que lo arrastre

En cierta ocasión se desbordó un río, muy cerca de Santiago de Cali, causando estragos a su paso. Decenas de personas resultaron damnificadas por las inundaciones que produjo la creciente. Pero lo que me llama la atención es una mujer que, llevando sus dos hijos en brazos, se devolvió a tratar de rescatar un televisor. En su afán, terminó por desprenderse de uno de los menores, que fue arrastrado por el agua.

Igual cuando nos dejamos llevar por la corriente de la ira. Las Escrituras recomiendan: "No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio" (Eclesiastés 7:9, Nueva Versión Internacional).

Un elemento que debemos aplicar en nuestra vida, es el dominio propio para no permitir que la ira nos arrastre. Si consideramos que nos resulta difícil—como es apenas previsible—cuando algo nos estimule negativamente y emerja la rabia, pidamos ayuda al Señor Jesucristo para que nos permita tomar control de la situación.

3. Desarrolle el principio de la perseverancia

Perseverancia está asociada intrínsecamente a la paciencia. Es no desmayar a pesar de las circunstancias. Igual con los raptos de ira. Es perseverar en el propósito de cambio, con ayuda de Dios, si hemos fallado e incurrimos nuevamente en una actitud explosiva. El rey Salomón recomendó: "El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez" (Proverbios 14:29, Nueva Versión Internacional).

Si sobrepasó los límites de la tolerancia, cuídese de actuar con agresividad, física o verbal. Es un primer paso para evitarse dolores de cabeza. El segundo elemento es dar pasos, así parezcan lentos, pero firmes, en el proceso de adquirir dominio propio con ayuda del Señor Jesucristo: "Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades."(Proverbios 16:32, Nueva Versión Internacional)

Todos podemos vencer si nos lo proponemos, tomados de la mano de nuestro amado Salvador. Él es nuestra fortaleza para lograr ese cambio y crecimiento que tanto anhelamos.

4. Prudencia y sabiduría, fundamentales

Los seres humanos somos proclives a reaccionar motivados por nuestras emociones. Pero, ¿es lo más apropiado? Sin duda que no. Generalmente la ira, la rabia, el rencor o el resentimiento no son los mejores consejeros. Explotar airadamente nos perjudica y de paso, a las personas que nos rodean.

En la Biblia encontramos una sabia recomendación, que nos ayudará a avanzar en el proceso de crecimiento personal y espiritual: "Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee; mas la erudición de los necios es necedad. El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios. Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos" (Proverbios 16:22-24).

Los principios prácticos que aprendemos en la Escrituras en este pasaje, y con los que redondeamos el Estudio Bíblico, son claros al orientarnos en cuatro direcciones: la primera, ser prudentes midiendo cuidadosamente lo que vamos a hacer, sobre todo cuando estamos airados; la segunda, guardar nuestros labios de hablar cuando tenemos molestia; la tercera, bajar el tono de voz y responder—en lo posible—con calma, y la cuarta, aplicar la serenidad a nuestra vida, semilla para la paz interior.

Su existencia puede ser diferente si comienza a revisar las negativas consecuencias de dejarnos arrastrar por reacciones airadas. Los asalta la intranquilidad, nos sentimos mal en el ámbito espiritual, y de paso, levantamos una barrera en las relaciones interpersonales.

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057) 317-4913705
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Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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