Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

Estudio Bíblico #051810

Ganando almas de manera eficaz para el Reino de Dios

La calle del barrio, sucia en tiempos de invierno, con charcos aquí y allá que se convertían en enormes espejos que reflejaban las luces de la ciudad y un cielo tachonado de estrellas que brillaban en la distancia, como si jamás perdieran la esperanza. Ronald y sus amigos, invariablemente en una esquina. Consumían drogas desde que caía la tarde hasta que el sol amenazaba con despertar, plácido después de una jornada perezosa bajo las sombras de la ciudad. Sólo entonces, cuando los primeros trabajadores comenzaban a cruzar las avenidas en dirección a la Estación del Metro Subterráneo, decidían volver a casa.

--Nos vemos esta tarde. Mamá debe estar esperándome, y ya saben que no me gusta llegar tarde…—se disculpaba el joven, a lo que seguían sonoras carcajadas de sus compañeros de adicción, coincidiendo en que debían descansar.

Un ciclo interminable, que se repetía al morir la tarde y terminaba al rayar el alba. Drogas, descanso obligado para reponer fuerzas y comenzar de nuevo.

--Estoy cansado de lo mismo; pero es como si me encontrara atrapado en un callejón sin salida…—se repetía Ronald, consciente de que era más fuerte que él; y aunque muchas veces lo intentó, y creyó que iba ganando la batalla, terminó cediendo a la tentación para encontrarse en la fase de alucinación propia de la marihuana, la cocaína y los químicos.

En cierta ocasión, preso de la desesperación, se iba a lanzar al Metro. Las paralelas de hierro lucían tentadoras, y sobre todo, una anhelada solución al drama que consideraba, nadie podía entender. A lo lejos se escuchaba venir la enorme mole de metal, arrolladora, llena de seres de vuelta a sus hogares que igual, vivían su propio conflicto. Pero no tuvo el valor para arrojarse al paso de la máquina.

Lo detuvo una imagen que jamás pudo olvidar: la de su madre el día que lo llevó a un centro comercial, le permitió tomarse fotos con un payaso de zapatos gigantes de color rojo, montar en el carrusel de caballitos, comer algodón de azúcar y volver al hogar con un globo que le pareció gigantesco como la luna. Fue su mejor día en la niñez. Y esa escena lo conmovió. Volvió a casa…

Encontró a su mamá de rodillas en la habitación. La Biblia estaba abierta sobre la cama. Ella oraba con angustia delante del Señor Jesucristo. Pedía por su hijo. "Sólo tú puedes liberarlo de las drogas. Ten misericordia de Ronald. Puedo asegurarte que es un buen muchacho. Dale una oportunidad, por favor…", le decía, con esa mezcla de angustia y esperanza que se refleja en palabras que nacen desde lo más profundo del corazón.

Le tocó las fibras más sensibles del corazón. Gruesas lágrimas surcaron su rostro. Quería salir corriendo, pero prefirió enfrentar la situación. Pidió el desayuno y, como de costumbre, se fue a dormir. Pero algo estaba trabajando en su ser. Dos sensaciones inexplicables: la primera, que Dios estaba involucrado en el asunto, que era real y podía ayudarle. Y la segunda, que estaba llegando al límite de sus fuerzas y era hora de parar la carrera alocada hacia la nada, drogándose para quedar con la misma sensación de vacío de siempre.

Cuando iba de camino a reunirse con sus amigos, una anciana le entregó un folleto. Bajo el brazo llevaba una enorme Biblia. Quiso eludirla pero no pudo. Finalmente terminó por aceptarle la hoja de papel. "Cristo te ama", le dijo ella, con una sonrisa que le recordó la de su madre. Y no llegó al sitio de siempre. Se fue a un parquecito y lloró. Ese día, sin proponérselo, se rindió a Dios. "Ayúdame a salir de esto", le dijo. Fue el comienzo de un cambio enorme en su existencia.

Ronald Arana trabaja en un supermercado. Se gana el sustento y el de su madre. Algo que le caracteriza, es que cuando hay poca demanda de sus productos, lee una Biblia de cubierta plástica, bastante ajada, no por el paso de los años sino por el uso. Desde allí, en el humilde puesto de verduras, comparte a otros sobre el poder liberador de Jesucristo. Es el testimonio de cuatro pasos que se dieron en su existencia antes y después que cayeran las cadenas que lo ataban a las drogas: oración, guerra espiritual, discipulado y liderazgo.

1. Ore por quienes necesitan de Cristo

Una de las inclinaciones más frecuentes de todo cristiano se orienta en dos direcciones: la primera, afanarse porque sus seres queridos no han tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo, y la segunda, pretender que reciba a Jesucristo bajo presión—lo que a la postre resulta perjudicial.

Sin descuidar el hecho de aprovechar espacios propicios para hablarles de la Salvación, lo apropiado es que ore por aquellos que usted quiere que conozcan al amado Redentor. No trate de hacer las cosas a su manera, porque terminará frustrado y lo más probable es que esas personas decidan alejarse por considerar que se les está presionando para que hagan decisión de fe.

Es un principio que aprendemos del apóstol Pablo, quien relata que en su tiempo en la presencia con el Señor, siempre tenía presentes a los habitantes de Tesalónica: "Por eso oramos siempre por ustedes. Le pedimos a nuestro Dios que los haga merecedores de haber sido elegidos para formar parte de su pueblo. También le pedimos que, con su poder, cumpla todo lo bueno que ustedes desean, y complete lo que ustedes han comenzado a hacer gracias a su confianza en él. De este modo ustedes honrarán a nuestro Señor Jesús, y él los honrará a ustedes, de acuerdo con el gran amor de Dios y de nuestro Señor Jesucristo" (2 Tesalonicenses 1:11, 12. Traducción en Lenguaje Actual).

El apóstol tenía claro que quien opera transformaciones en la forma de pensar y actuar en una persona, es Dios mismo y no los mecanismos persuasivos del hombre.

Un joven universitario con quien hablaba respecto a su decisión de recibir a Jesús en el corazón, me refería que por años se mostró renuente ya que sus padres literalmente lo obligaban a ir a las reuniones en la congregación. Incluso lo chantajeaban que si no iba al servicio dominical, no le permitirían salir en la tarde. "Esa actitud no hizo más que despertarme rechazo. Por eso me negaba a ser cristiano; por rebeldía. Cuando pude tomar la decisión libremente, lo hice. Recibí al Salvador en mi vida", me dijo.

Un principio que aplicará desde hoy, como ganador de almas para el Reino de Dios, es no ejercer presión sino por el contrario, orar por las personas que desea, tengan un encuentro personal con el Señor Jesucristo.

2. Pelee la batalla por las almas

Siempre me ha impactado la existencia de la esclavitud a lo largo de la historia. En la modernidad también se da este fenómeno, con el agravante de quienes se encuentran atados, caen bajo redes de explotación laboral o de prostitución.

Una joven colombiana sometida por proxenetas en el Japón, relata que tras escapar de un sitio donde la tenían esclavizada, se desató una persecución tan intensa y agresiva, que en su búsqueda se invirtieron muchísimos yenes. El único propósito de sus captores era no dejar que huyera de sus tentáculos una esclava.

Igual Satanás en todos los tiempos. No quiere que las almas sean libres de sus redes. En la parábola del sembrador, el Señor Jesús relató acerca de la semilla que cae junto a los espinos y explicó que "...Cuando los espinos crecieron, apretaron las espigas de trigo y no las dejaron crecer" (Mateo 13.7. Traducción en Lenguaje Actual).

Esa es la razón por la que muchas personas a quienes les predicamos el Evangelio, puede que lo reciban de buena gana, pero los afanes del mundo y las tentaciones que ofrece—propiciadas por nuestro adversario el diablo—se convierten en una atadura que no les permite ver la verdad.

Sobre el particular explicó el apóstol Pablo: "Los únicos que no pueden entender lo buena noticia que anunciamos son los que no se salvan... Ese mensaje brilla como luz; pero los que no creen no pueden verla, porque Satanás no los deja" (2 Corintios 4:3, 4. Traducción en Lenguaje Actual).

Clame por esos seres que usted desea que conozcan a Jesús el Señor. No los descuide. Recuerde que el adversario siempre querrá sacarlos del camino y les pondrá obstáculos. Incluso, muchas personas que están comenzando a andar en el Evangelio, apenas cometen un error, quieren volver atrás. Y Satanás les alimenta ese pensamiento, sabiendo que es una forma de llevar a un cristiano a experimentar un revés espiritual o a volver atrás.

3. Siente las bases en el nuevo creyente

El nuevo creyente debe vivenciar el proceso de formación que incluye la colocación de sólidos cimientos, que no es otra cosa que un adecuado adoctrinamiento mediante el sistema de discipulado.

Los apóstoles –en el primer siglo—velaban por los nuevos creyentes. No los descuidaban en el proceso de afianzamiento en la fe y en los principios esenciales de la vida cristiana.

En las Escrituras encontramos ilustrado este aspecto en los recorridos que realizaban por las ciudades de Asia Menor en donde habían predicado el Evangelio: "Pablo y Bernabé anunciaron las buenas noticias en Derbe, y mucha gente creyó en Jesús. Después volvieron a los pueblos de Listra, Iconio y Antioquía. Allí visitaron a los que habían creído en Jesús, y les recomendaron que siguieran confiando en él..." (Hechos 4:21, 22. Traducción en Lenguaje Actual).

Es esencial que estemos al tanto de lo que ocurre con los nuevos creyentes, les animemos en los períodos de desierto que atraviesen, despejemos sus interrogantes y les ayudemos a salir adelante.

4. Ayude a desarrollar las potencialidades de liderazgo

Todo nuevo creyente es un líder potencial. Una vez desarrolla sus puntos fuertes, puede sumarse a la tarea de ganar otras almas para el Reino de Dios. Es un proceso que debe surtir unas etapas y sostenerse en el tiempo.

¿Cómo es posible lograrlo? Cuando el nuevo creyente permanece unido al Señor Jesús. Él enseñó que "El discípulo que se mantiene unido a mí, y con quien yo me mantengo unido, es como una rama que da mucho fruto; pero si uno de ustedes se separa de mí, no podrá hacer nada" (Juan 15:5. Traducción en Lenguaje Actual).

Crecimiento. Esa es la palabra central en toda la dinámica de formación en la fe en el cristiano. Y dicho crecimiento debe orientarse en dos caminos: el primero, crecimiento personal, de tal manera que pueda evidenciarse en su relación consigo mismo y con los demás; y el segundo, crecimiento espiritual. Dos componentes fundamentales en la vida del creyente.

Jamás olvide que su tarea como ganador de almas para el Reino de Dios se limita a compartirles la Palabra o un tratado evangelístico únicamente. Debe ser un trabajo integral, que involucre la formación del nuevo creyente hasta que pueda volver solo, con sus propias alas. ¡Adelante! Usted puede hacerlo...

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme:

Correo electrónico (Email) :
Ó si lo prefiere, puede llamarme al (0057)317-4913705.

Ps. Fernando Alexis Jiménez.

Sección de Heraldos de la Palabra: Estudios Bíblicos

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