Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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© Manual "¿Atrapado en la inmoralidad sexual? ¡Puedes ser libre!"

-  Introducción  -
¡Es real! Tú también puedes caer...

Eran pasadas las doce de la noche. Sólo estaba encendida la luz del cuarto de estudio. Afuera llovía fuertemente. Orlando se restregó los ojos con el dorso de las manos. Estaba cansado. Llevaba mucho tiempo frente al computador. Su esposa se asomó a la puerta. Estaba adormilada.

--No puede creer que estés otra vez en lo mismo—le dijo, en tono de reproche.

--Tranquila, ya apago el computador. Voy para allá—se defendió.

Era la quinta vez en menos de un mes que, aprovechando el profundo sueño de ella, él se conectaba al Internet para ver pornografía. Aunque no quería admitirlo, se había convertido en una poderosa adicción.

Lo más preocupante era que justo al amanecer del domingo, debía estar al frente de la congregación presidiendo la oración preparatoria del culto…

En otro espacio diferente, esa misma noche, Rómulo no podía conciliar el sueño. No sabía qué hacer. Aunque se esforzaba por vivir conforme a la Palabra de Dios, sentía la impotencia de caer una y otra vez en adulterio con una compañera de oficina.

Una relación de vieja data. Todo comenzó como una amistad que estrechó sus lazos hasta convertirse en un concubinato no declarado. Ni a él ni a ella les convenía un escándalo. Los dos estaban comprometidos y no querían romper sus respectivas relaciones.

Ernesto por su parte despertó con una llamada inesperada en el teléfono celular. Al otro lado de la línea se encontraba su novia. Llevaban un compromiso de diez meses. Ella era la líder juvenil reconocida en la ciudad. Su mayor aspiración era graduarse como abogada.

--No puedo soportarlo, Ernesto. Creo que estoy embarazad…---musitó entre sollozos.

--Debiste decírmelo esta noche…--dijo él.

--Sabes que no hubo tiempo. Además querías que habláramos de otros asuntos y no de mi situación. No se qué hacer…--

--Pero pudiste decírmelo… Además sabes que no estoy para asumir una responsabilidad así… Estoy en la mitad de la carrera de ingeniería y desvincularme de los estudios sería terrible…---argumentó.

Un problema común

Aunque pretendamos desconocer el fenómeno, la inmoralidad sexual está alcanzando dimensiones de epidemia en una sociedad caída como la nuestra. Cada día aumentan los índices de adulterio, embarazos no deseados, adicciones a prácticas sexuales aberrantes y, además, las consecuencias que se derivan de estos comportamientos.

Indistintamente de si queremos o no abordar el asunto a la luz de la Biblia, no podemos cerrar los ojos a la realidad: la dignidad del ser humano se ve vulnerada y las reacciones no se hacen esperar. Los celos, el resentimiento y la desilusión son tres de los resultados que se desprenden de estas actitudes.

Es probable que usted mismo revise su vida y encuentre que la forma como actúa no es la más apropiada. Pone en peligro la relación familiar. Además es probable que le acompañe una sensación de culpa que le sigue a todas partes como una sombra.

Pero puede ocurrir también que considere que no se trata de su problema. Al evaluarse conceptúa que moralmente está sujeto a unos principios y valores que le convierten en alguien sano en su forma de pensar y de actuar. Pero cuidado… ¡Usted puede caer en la inmoralidad sexual!

A través del material que comenzamos a publicar hoy, estaremos analizando con detenimiento la epidemia—permítame utilizar este término—de la inmoralidad sexual y las terribles consecuencias que desata.

Agradezco infinitamente a quienes me escriben diariamente desde diferentes países con problemas de adulterio, fornicación y toda suerte de adicciones y que, tras aconsejarles y seguir con ellos un proceso de acompañamiento, autorizaron que se utilizaran sus dificultades para ilustrar los diferentes capítulos que publicamos. Lo único que modificamos, por razones obvias, fue el nombre de los protagonistas, así como la ubicación geográfica.

Deseo también testimoniarle mi gratitud a René Mondejar, mi editor en línea, quien a lo largo de varios años ha compartido el sueño de buscar a través de un medio moderno, maravilloso y que a veces califico de "mágico" como es el Internet, para predicar el Evangelio transformador de Jesucristo y las pautas que nos llevan al crecimiento personal y espiritual.

Iniciamos desde hoy esta tarea y espero que estén con nosotros, siguiendo con detenimiento cada capítulo...

 ©  Fernando Alexis Jiménez.

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