Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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© Manual "¿Atrapado en la inmoralidad sexual? ¡Puedes ser libre!"

-  Capítulo 03 -
Enfrentando la homosexualidad

"¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios." (1 Corintios 6:9, 10)

En su mente se grabó la idea de que jamás podría llegar a hacer algo que valiera la pena. Era una idea recurrente. Justo cuando alcanzaba un peldaño en la escalera hacia la cumbre de los propósitos que se fijaba y a los cuales renunciaba fácilmente, aparecía la imagen de que era un fracasado.

Esa convicción, que tenía afincada en su corazón como un sello grabado incandescente en la piel, nació en Arnobio a partir de los doce años cuando fue abusado por un inquilino, en una casa humilde en la periferia de Tegucigalpa. Ese día marcó su desgracia. En adelante pensó que nada tenia sentido y que, por mucho que se esforzara, estaría atado a su pasado, porque "lo habían desgraciado para siempre".

Una de sus mayores torturas era recorrer las cinco cuadras que le separaban de su colegio, grande, de salones acogedores con amplios ventanales por los que entraba el sol al morir la tarde, y su casa, que asociaba siempre con la tristeza. Aunque tenía todas las comodidades y su madre lo esperaba, invariablemente con una sonrisa amplia, vistiendo sus delantales de colores que le parecían festivos y que le semejaban a un carnaval, le invadían los recuerdos dolorosos del momento en que fue violentado.

Pero lo más grave estaba por venir. En medio de su confusión no sabía quiénes realmente le atraían, si las mujeres o los hombres. Quizá le parecía más estimulante la fuerza. Y creyó por momentos que quien podría colmar sus expectativas de amor y seguridad, sería el profesor de matemáticas que un día, después del tiempo de recreo, le sugirió quedarse para repasar algunos problemas de algebra. Esa cita extra oficial terminó con su primera relación homosexual.

A un encuentro se sucedieron otros. Arnobio estaba cada vez más confuso. Cuando menos lo pensó, terminó la relación con el docente y se involucró con un estudiante dos años mayor que él. Lo veía en las clases de educación física. Y lo creyó atractivo. Su relación fue conflictiva desde el comienzo y desencadenó en una tremenda escena de celos cuando lo vio salir con una chica que intuyó, sería la novia.

Creyendo que podría escapar del infierno en el que se convirtió su vida, ingresó al Seminario, a cursar la formación para sacerdote. Pero todo siguió igual.

Un día, después de esa carrera de desorden, cuando quiso no seguir más en lo mismo, se arrodilló en actitud de oración para pedirle a Dios que le permitiera salir del laberinto. No fue fácil. Constantemente sentía inclinación de volver a lo mismo. Y aunque al comienzo iniciar una relación con una joven, el esfuerzo valió la pena. Tres años después clarificó lo que él llama "amor" por alguien del sexo opuesto. La chica tuvo mucha paciencia, sobretodo cuando él en medio de su desesperación le repetía que era homosexual y que no había caso, que lo mejor era renunciar. Finamente contrajeron matrimonio. Hoy sirve en una denominación carismática de su país…

¿Valió la pena echar todo por la borda?

El ventilador zumbaba con el ruido de un helicóptero que pasa demasiado bajo en una concentración de casas de una ciudad poblada. Las aspas parecían querer salirse del límite que le marcaba el motor. Aún así, hacía calor.

En un extremo se encontraba, Andrea. Al otro, su esposo. Y en un asiento, a pocos centímetros del juez, en lo que se podía aprovechar del diminuto espacio de la oficina, Viviana, la amante de la mujer.

Como ya no necesitamos mayores explicaciones a lo que ha ocurrido, creo que debemos proceder—dijo el funcionario. Una secretaria tomaba nota, en un pequeño escritorio, contiguo.

Nadie dijo nada. Solo en el hombre se veía una amalgama de alegría y tristeza. Alegría porque recuperaba a sus hijos, nostalgia, porque oficializaba la separación de la joven que por espacio de diez años había sido su esposa.

El drama comenzó tiempo atrás cuando ella decidió cursar unos módulos de inglés. Se hizo muy amiga de Viviana y, antes que llegar a casa temprano en la noche, comenzó a encontrar excusas para retrasarse. Los viernes iban a bailar, por encima de lo que dijera el esposo de Andrea. Un día él descubrió, por una tarjeta, que era en locales de ambiente, frecuentados por homosexuales y lesbianas. Lugares de mala muerte donde, además de lo que se vivía, se presentaban espectáculos que atentaban contra la moral.

El día que le hizo el reclamo, ella simplemente lo aceptó. Lo retó incluso para que iniciaran los trámites del divorcio. Pareció que no le importó tener que renunciar a sus hijos. Cuando fue junto a su marido en procura de consejería pastoral, se defendió argumentando que tenía inclinaciones por personas del mismo sexo desde adolescente, y que ahora se había enamorado.

La separación fue traumática, sobretodo para los niños. El único vestigio de conciencia de lo que estaba haciendo, lo dejó entrever cuando comento que se sentía enredada, atrapada, como en un callejón sin salida.

Echó a perder su testimonio de vida

A Arturo siempre le reconocieron en casa, su marcada vocación por las cosas de Dios. "Es muy consagrado", solía repetir su abuela, que invariablemente lo llevaba al servicio dominical. Algo hermoso, si se mira desde la perspectiva de quien edifica a alguien en la fe cristiana. Complejo, por la sobreprotección a la que se vio sometido.

El joven jamás dio explicación del momento en el que se vio inmerso en actividades homosexuales, pero su condición salió a la luz el día en que, después de un servicio de jóvenes el sábado al caer la noche, fue sorprendido con otro muchacho en un acto de inmoralidad.

El pastor tuvo un diálogo con él. Procuraba que entrara en razón, además de exhortarlo para que en adelante no asumiera ninguna posición de liderazgo en la su abuela, dejó de ir progresivamente a los servicios de la congregación.

Lo conocí en un hospital de Santiago de Cali. Se encontraba en la Unidad de Cuidados Intensivos, en estado terminal. Demacrado. Sin brillo en los ojos. Desilusionado. ablamos de Dios, de la oportunidad que Él ofrece a quienes se arrepienten, de que siempre hay una oportunidad.

"Yo no creo que haya para mi un nuevo mañana", dijo. Su argumento, con palabras quedas, eran los diagnósticos cada vez más desalentadores de los médicos. Fruto del Sida que enfrentaba tres años atrás, una infección estaba robándose la vida minuto a minuto.

Me contó que después de dejar de ir a la iglesia, se involucró aún mucho más con sus compañías homosexuales. Iba a fiestas, frecuentaba tipos de mal vivir que incluso le llevaron al consumo de drogas. La prueba de VIH salió positiva después de ser, literalmente, obligado por el médico, para que se practicara unos exámenes. Era la única forma de explicarse las manchas de rojo muy intenso que aparecieron en varias partes de su cuerpo, las náuseas, la fiebre imparable y la diarrea que llevo a que perdiera peso rápidamente.

"Descubrir que tenía Sida fue demoledor", me dijo en la confidencialidad de ese cubículo donde sólo se escuchaba el bip-bip de los monitores. Se arrepintió de su vida de pecado e incluso, reconoció que se dejó arrastrar por el comportamiento homosexual. "Igual me atraían las chicas, pero preferí los hombres". Fue su opción. Murió.

Igual que su familia, lamente que una vida tan joven se hubiese perdido. La abuela solo se limitó a decirme: "Echó a perder su testimonio de vida".

Un comportamiento con amplia aceptación

Hoy por hoy el homosexualismo y su manifestación en el género femenino, el lesbianismo, se ha convertido en una de las prácticas de progresivo y sostenido crecimiento, pero a la par, con aceptación social.

El argumento de quienes defienden este comportamiento, es que se nace con inclinación hacia personas del mismo sexo. Sin embargo no hay un estudio científico que avale en un cien por ciento esta afirmación. Quizá recuerde la investigación ampliamente difundida en 1992, en la cual se realizó una investigación de más de 30 horas, sobre artículos científicos—3.400 en total publicados desde 1975—sobre posibles causas genéticas, biológicas, neurológicas u hormonales del homosexualismo, y ¡sorpréndase! Solo se hallaron dos escritos que merecieron una cierta consideración (Estudio citado por la Dra. Dawn Siler, de la Seattle Pacific University, en una conferencia titulada "Are Homosexuals Born or Made?", el 13 de mayo de 1991, en su clase de Sexualidad Humana).

La Revista "Science" publicó en 1991 un estudio del especialista, Simón Le Vay; quien se declara abiertamente homosexual, en el cual mostraba las diferencias que—según él—existen entre los cerebros de un homosexual y de quien es heterosexual (Ver Trudy Hutchens, "Homosexuality: Born or Bred?", Family Voice (June 1993): 14; William A. Henry III, "Born Gay?", Time (July 26, 1993): 36-39). Entre los fallos que posteriormente se cuestionaron a su investigación, estaba el hecho de que se utilizaron solamente 41 cadáveres, dado que se trata de una investigación de una magnitud tan grande que pretende trazar derroteros para una sociedad disímil como la que integra la totalidad del género humano.

Un segundo elemento es que todos habían fallecido como consecuencia del Sida o complicaciones colaterales, lo que sin duda puede afectar el tejido del cerebro. Aunque los medios de comunicación difundieron ampliamente sus conclusiones, no publicaron el hecho de que el doctor Simón Le Vay no estaba seguro si muchos de los cadáveres investigados pertenecían o no a heterosexuales. En síntesis, su estudio presentaba inconsistencias.

Dos científicos de la Universidad de California, en Los Ángeles, los doctores Allen y Gorski, publicaron un estudio similar pero admitieron que las personas que fallecieron, padecían del Sida.

Otra investigación, en la década de los 90s pretendió probar a partir de estudios en mellizos homosexuales, el origen genético de esta conducta. Sin embargo las conclusiones de este análisis fueron refutadas por la bióloga de la Universidad Brown, Ann Fausto Stirling, quien explicó que para hacer tal afirmación debió estudiarse a mellizos que fueran criados en diferentes condiciones.

Los conocidos investigadores, Master y Johnson, en su libro "Sexualidad humana", páginas 319 y 320, aseguran que la teoría genética de la homosexualidad carece de fundamento hoy día y que no hay comprobación de que tenga fundamento en mecanismos hormonales.

No debe sorprendernos que el homosexualismo tenga tantos aliados entre científicos. Desde 1973 la Asociación de Siquiatría de los Estados Unidos retiró la homosexualidad de su Manual de Diagnóstico de la lista de los desórdenes.

Dios nos concibió con un cuerpo perfecto. Es así como la vagina, de la que se hace uso en las relaciones heterosexuales, está recubierta por una mucosa que impide el fácil ingreso de virus, mientras que el recto está diseñado para asimilar hasta último momento los alimentos útiles y contiene vasos linfáticos extremadamente desarrollados que absorben hasta medicamentos y, por supuesto, virus. Recuerde que antes del descubrimiento del Sida como tal, el 90% de quienes tenían prácticas homosexuales estaban frecuentemente infectados por múltiples enfermedades, entre ellas la Hepatitis B.

Posibles factores

Un hecho que no podemos desconocer es que entre las personas con comportamiento homosexual, se evidencian factores predisponentes como:

a.- Padre violento, alcohólico, hostil o distante. b.- Una madre sobre protectora. c.- Una madre con transtornos emocionales que no manifiesta cariño hacia su hijo. d.- Timidez extrema, la que generalmente está ligada a la condición física del niño, que bien puede ser muy delgado o gordo y le lleva a experimentar baja autoestima. e.- Ausencia de la figura paterna en casa, la que genera crisis en las distintas etapas de crecimiento del niño y que pueden deberse al divorcio de sus progenitores o a la desaparición del padre. f.- Una marcada falta de identidad del chico respecto a su condición sexual. A esto se suman padres que no le ayudan en ese proceso de identificarse. g.- Ausencia de integración con chicos de su edad y por supuesto, con las mismas preferencias, y por último, h.- abuso sexual o violación.

Ahora una pregunta: ¿Puede alguien que ha sido homosexual o ha tenido un comportamiento de lesbianismo, reemprender una nueva vida? Por supuesto que sí. Decenas de casos lo corroboran.

El proceso involucra el revisar las heridas emocionales del pasado, resolver el enojo contra aquellos que han causado daño mediante el perdón, admitir que en nuestras fuerzas es literalmente ser libres y apoyarse en Jesucristo, quien nos hace libres.

El médico cristiano Richard Fitzgibbons plantea los siguientes pasos que comparto con usted:

1.- Entender

Entender la realidad de la situación que se vive en la condición de homosexual o lesbiana. Los conflictos emocionales que desencadenan en las diferentes etapas de la vida. Esto es fundamental si alguien quiere recuperarse. No se debe negar que, tal vez en la infancia, adolescencia o primera juventud, ocurrió algo que propició el comportamiento.

2.- Perdonar

No es otra cosa que resolver el enojo excesivo que se siente contra quien, se asume, causó el daño. Es fundamental para superar los desórdenes emocionales y adictivos.

3.- Espiritualidad

La espiritualidad incluye la oración de petición, la lectura de la Biblia y la meditación, entre otras. No podemos olvidar que el Señor Jesús es quien nos fortalece y ayuda a perdonar.

4.- Curación de las heridas emocionales

La curación de las heridas emocionales es un proceso. Demanda tiempo y perseverancia, sometidos a Dios. Él es quien se encarga de obrar poderosamente. Gracias a su ministración, sanan las heridas producidas por el rechazo; la tristeza, la inseguridad y el miedo producto de un padre que no demostró amor; curación del enfado, así como los desórdenes adictivos.

En este proceso es necesario incluir la curación que nuestro amado Salvador obrará para que superemos el narcisismo o el egoísmo, el excesivo sentido de responsabilidad, y en general, los traumas sexuales de la infancia.

Para concluir, permítame recordarle que Dios ama al pecador pero no ama ni comparte su pecado. Y en el capítulo que sigue, analizaremos cuál es la perspectiva que tiene nuestro Creador, respecto al homosexualismo y lesbianismo a partir de lo que dejó plasmado en Su eterna Palabra: la Biblia.

 ©  Fernando Alexis Jiménez.

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