Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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© Manual "Oración Que Mueve Montañas"

-- Introducción --

Haciendo posible lo imposible

Con frecuencia nos escriben desde distintos países para preguntarnos: ¿Cuándo publican algo en torno al tema de la oración? Comprendemos que se trata de un asunto sumamente prioritario para pastores, obreros, líderes y cristianos comprometidos porque orar es mantener íntima comunicación con nuestro amado Dios y Padre.

Al hablar de oración nos referimos a una relación de emisor a receptor en la cual el emisor somos usted y yo, y el receptor en nuestro Supremo Hacedor. Igual, hay momentos en los cuales la relación se invierte y son aquellos en los que Dios nos habla al corazón.

Cuando oramos, tocamos las fibras más sensibles del corazón del amado Señor. Hace siglos Él dio una solución a Su pueblo en momentos en los que, fruto del pecado y el distanciamiento del camino, enfrentaran sequía, enfermedad y pérdidas de sus cosechas.

Él dijo: "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra" (2 Crónicas 7:13, 14).

Es sorprendente esta declaración bíblica porque nos presenta la forma como la dimensión material, en la cual nos movemos, puede verse afectada positiva o negativamente a través de la oración. ¿Comprende la grandeza de lo que plantea este pasaje Escritural?

Una fuerza poderosa

Durante el decurso de los capítulos que siguen, descubriremos o recordaremos—según sea el caso—que la oración se convierte en una fuerza poderosa que derriba muros cuando pasamos tiempo en el secreto de Dios.

¿Qué significa esto? Que la oración libera poder de Dios. El secreto estriba en pasar tiempo en la presencia de Aquél que todo lo puede, con una actitud sincera, sin frases rimbombantes sino las que salen de lo más profundo de nuestro ser, como alguien que habla con Su mejor amigo, Padre y Dios.

Aunque ya en las páginas del Antiguo Testamento vemos a los grandes héroes orando, fue el Señor Jesús—como lo apreciamos en el Nuevo Testamento—quien le enseñó a sus seguidores—primero los discípulos y a nosotros hoy—la importancia de orar.

Clamar al Señor, como escribió el autor sagrado de la antigüedad, debe ser una de nuestras prioridades diarias: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela. En tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario" (Salmo 63: 1, 2).

Tenga presente siempre que la oración es uno de los principios dinámicos, poderosos y eficaces para alcanzar el crecimiento personal y espiritual que usted tanto anhela.

Esperamos que desde ahora nos siga acompañando en este apasionante recorrido por las Santas Escrituras para corroborar qué es, qué significa y cómo debemos practicar en nuestro diario vivir la oración.

 Fernando Alexis Jiménez.

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