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Ministerio de Evangelismo y Misiones Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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© Manual "Oración Que Mueve Montañas"
-- Décima Lección --
Afectando el mundo material desde lo espiritual
Las primeras palabras que compartió Rosa María, eran que estaba presa de la desesperación. "No sé qué hacer. Mi vida se ha vuelto un caos. No hay salida para mis problemas", dijo.
Su rostro evidenciaba el drama por el que se encontraba atravesando. Todo cuanto apreciaba alrededor lucía para ella desalentador. No le encontraba sentido a la vida. Cada día era un verdadero martirio.
Fuimos a la Biblia y le recordé un pasaje del apóstol Pablo que es altamente alentador, la llave para salir de las depresiones: "Por nada estéis afanados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias" (Filipenses 4:6).
Aunque el problema de esta hermana en la fe es eminentemente emocional, cuando oramos desde la dimensión espiritual se afecta el área material.
Un misterio apasionante
Es un verdadero y apasionante misterio. Comienza con ir a Dios en clamor. Es el primer paso. El Señor Jesús hizo, al respecto, la siguiente invitación: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá" (Mateo 7:7).
El amado Maestro dejó sentado el hecho de que orar abre puertas. Sus palabras ponen de manifiesto que, mediante la oración, tenemos acceso al Padre. No necesitamos pedir cita como ocurriría en la tierra para dialogar con la máxima autoridad de una ciudad o de un país. Aún así, correríamos el peligro de que no nos atendiera.
Igualmente nos enseñó que si deseamos o necesitamos algo, debemos pedirlo (Compare Santiago 4:2-6). Nuestro Supremo Hacedor espera que lo hagamos, aunque de antemano Él conoce cuál es nuestra necesidad.
Por último aprendemos en la enseñanza de Jesús que no hay límites.
Viene a mi mente una experiencia ocurrida en Perú cuando me encontraba –junto con otros evangelistas—predicando en campañas en espacios abiertos. Estaba clamando a Dios por condiciones propicias para cubrir la distancia entre Trujillo, al norte del país, y la capital: Lima. ¡Dios respondió!
Wachtman Nee, el recordado ministro chino, solía repetir que la mano de Dios se mueve gracias a las oraciones, y anotaba que—con la oración—el creyente trabaja con el Señor.
En otras palabras: unimos nuestro pensamiento a la voluntad de Dios, de ahí que se produzca su respuesta eficaz a nuestras peticiones.
Él espera que clamemos. El Señor Jesús lo explicó de la siguiente manera: "De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mateo 18:18).
¿Qué ocurre? Que la oración libera poder. Y Dios responde desde la dimensión espiritual para afectar la dimensión material. Cuando oramos, no hacemos otra cosa que sujetarnos ala voluntad del Señor, y si es conforme Él lo quiere, obtenemos la respuesta.
No obstante, millares de cristianos enfrentan problemas y dificultades de todo orden y no se atreven a cambiar las circunstancias. Podrían hacerlo. Basta con que orasen. Pero no lo hacen.
No puede concebirse un creyente que no ore. Esa debe ser la característica que nos identifique. ¡Hoy es el día de meditar en ese precioso misterio y doblar rodilla en clamor delante de Dios!
© Fernando Alexis Jiménez.
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