Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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© Manual "Oración Que Mueve Montañas"

- Décimo Primera Lección -
Orando en la voluntad del Señor

La oración ocupa un lugar relevante en la vida del cristiano y en particular, en la relación íntima con Dios. Si queremos que nuestro clamor sea eficaz debe estar en consonancia con la voluntad del Señor.

Es algo que compromete al creyente porque debe llevarlo a que se olvide de sí mismo para darle prelación al Señor de señores. De otra manera no podríamos orar como se debe.

Orar no es una oportunidad únicamente para pedirle cosas al amado Padre sino también para decirle: "Hágase en mí tu voluntad". Por supuesto, querremos muchas cosas y anhelaríamos que se hicieran conforme queremos, pero no está bien porque debe ser a la manera del Supremo Hacedor.

La perseverancia en la oración

Hemos concluido en primera instancia en el principio de que debemos orar buscando que nuestro clamor esté conectado con la voluntad de Dios, asegurando que tendremos respuesta.

Pero ahora sumemos otro elemento de mucha significación. La necesidad de perseverar en oración. El apóstol Pablo deja sentado este hecho cuando escribe a los creyentes de Éfeso: "Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos..." (Efesios 6:17, 18).

Podemos leer en las líneas algo trascendental: es imperativo que estemos en oración permanente, sin desmayar. El principio ya había sido enseñado por el Señor Jesús al referirse a la parábola de la viuda que pide justicia.

Con nuestras oraciones preparamos el camino para que Dios actúe. Lo hacemos bajo tres criterios esenciales:

a.- Con la certeza de que Dios responderá.

b.- Orando por las cosas y circunstancias, buscando que en todo momento la voluntad de Dios sea exaltada.

c.- Con la disposición de permitir que Dios obre.

Es evidente que cuando oramos nos convertimos en colaboradores del Señor, de un lado porque permitimos que su voluntad se manifieste y de otro, porque afectamos desde el mundo material el nivel espiritual para que se produzcan hechos que humanamente resultan imposibles.

En las Escrituras leemos la enseñanza del apóstol Juan cuando señala: "Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye" (1 Juan 5:14). ¡Tenemos asegurada la respuesta!

Hay en medio de lo que hemos mencionado, otro aspecto sobre el cual es importante meditar; me refiero a la disposición que debe acompañarnos en la búsqueda del Padre. Siglos atrás la manifestó el salmista, quien escribió: "Me anticipé al alba, y clamé; esperé en tu palabra. Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos" (Salmo 119:147, 148. Cf. Salmo 5:3).

Sus oraciones pueden ser dinámicas y eficaces. Basta que sepa cómo enfocarlas de manera tal que se dirija ante todo al Señor y busque que sea Él y no usted, glorificado.

 ©  Fernando Alexis Jiménez.

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