Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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© Manual "Oración Que Mueve Montañas"

- Décima Tercera Lección -
Cooperando con Dios mediante la oración

Dios creó el cielo y la tierra. Todo el universo. Sin embargo resulta interesante el hecho de que usted y yo entramos a cooperar con el Dios de la creación cada vez que doblamos las rodillas en oración.

Él quiere que nosotros trabajemos de su mano con nuestro clamor. ¿Cuándo lo hacemos? Cuando elevamos una rogativa para que se cumpla Su preciosísima voluntad.

Lo más frecuente es que nosotros deseamos que se lleve a cabo que queremos, porque conviene a nuestros intereses o porque consideramos que es lo más conveniente.

Cuando lo hacemos así es muy probable que estemos distantes de lo que el Señor realmente desea en su perfecto plan.

Las oraciones deben tener su origen en el Supremo Hacedor y procurar, cuando pedimos algo, que esté en el centro mismo de la voluntad del amado Padre.

Él desea hacer muchas cosas con los habitantes de la tierra, con la sociedad que nos rodea, con nuestros familiares y con usted y conmigo; sin embargo no obra porque su pueblo, del cual formamos parte, no clama como debiera.

Se cumple el propósito de Dios

Es importante recabar en un principio: cuando elevamos oraciones a Dios, estamos sumándonos al deseo de que se cumpla su eterna voluntad.

Él se mueve en respuesta a las rogativas de su pueblo. No obstante, y como lo podemos leer en textos como Ezequiel 36:37 –que le ruego busque en su Biblia--, el Señor cumple todo lo que tiene dispuesto desde siempre. Pese a ello está a la espera de que nosotros oremos por ese plan divino y su cumplimiento.

No olvide que las obras espirituales son decididas por Dios y deseadas por nosotros sus hijos, de tal manera que pedimos y si lo hacemos en consonancia con la voluntad divina, encontramos respuesta. Él se deleita en cumplir su plan a través de las oraciones de sus hijos.

Perseverar, la clave

Enfatizamos una vez más en la necesidad que tenemos de perseverar en oración. La perseverancia está ilustrada en el texto de Isaías 62:6, 7. En particular leemos una línea: "...no reposéis, ni deis tregua..."

Es menester que clamemos incesantemente, sin reposo. Recuerde siempre que hay tres voluntades que están inmersas en las oraciones: la primera es la voluntad de Dios; la segunda, nuestra voluntad y, la tercera, la de Satanás nuestro enemigo espiritual que no quiere que las dos primeras se realicen.

¿Cómo hacer entonces para que la voluntad de Dios se manifieste y veamos colmados nuestros anhelos? La respuesta es sencilla: orando en todo tiempo. Así lo leemos en la carta que Pablo dirigió a los creyentes de Éfeso: "Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica" (Efesios 6:18).

Hay dos elementos involucrados en esta instrucción del apóstol: la primera es que se debe clamar en todo tiempo y la segunda, que se debe suplicar con perseverancia.

Otro aspecto que debemos sumar es la especificidad de las oraciones. No está bien que clamemos de manera general sin especificar qué es lo que queremos. Es imperativo que tengamos en cuenta los detalles.

Seremos cooperadores en el propósito eterno de Dios cuando tengamos claro:

a.- A quien estamos orando (a Dios).

b.- Por quien estamos orando (por los hombres).

c.- Contra quien estamos orando (contra Satanás, nuestro enemigo).

Lo animamos para que desarrolle su vida devocional orando a Dios constantemente, con perseverancia. ¡Pronto verá los resultados!

©  Fernando Alexis Jiménez.

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