Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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© Manual "Oración Que Mueve Montañas"

- Décimo Cuarta Lección -
Consistencia y persistencia claves de la oración

¿Qué provocaba el desánimo en alguien que pide por un milagro de Dios? ¿Acaso e hecho de que no recibe una respuesta oportuna? ¿O será más bien que su clamor no encuentra eco porque no perseveró? Sin duda este último factor es la raíz de muchas de las intercesiones sin respuesta.

En sinnúmero de ocasiones he escuchado a personas que literalmente abandonan su propósito de comprobar un hecho que modifica las circunstancias en su existencia, solamente porque sus peticiones no fueron respondidas con la rapidez que quisiera.

El asunto es que tales hermanos en la fe desconocieron dos elementos que son esenciales cuando oramos: la perseverancia y la consistencia.

Persista... simplemente, persista

Le invito para que leamos un pasaje algo extenso que arroja luces en torno a la importancia de ser perseverantes en el clamor:

"También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:1-8)

Se trata de una ilustración sencilla pero con mucha fuerza que utilizó el amado Maestro y que encaja con el principio que debemos aplicar siempre en nuestras oraciones: la persistencia.

Tome nota de algo interesante: se trataba de una mujer humilde, viuda. Permítame aquí mencionar algo: Dios le escucha a usted también. Lo digo porque constantemente recibo peticiones de oración de personas que dicen: "El Señor lo escucha a usted". Si bien es cierto el Padre celestial responde a nuestro clamor, igualmente responderá a su intercesión. No es algo que se da solamente a los pastores, obreros y líder sino para todas las personas que se acercan a Él en oración.

Un segundo elemento que comparto con usted, es que la mujer iba una y otra vez ante la presencia del juez. No se desanimaba porque la respuesta no era inmediata. Sencillamente clamaba una y otra vez por justicia.

Así deben ser nuestras oraciones delante del Creador: persistentes. Sin desmayar, sin desanimarnos. Ni más faltaba.

Pero hay algo más. Jesús el Cristo confirmó que recibiríamos atención a nuestras oraciones: "Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.".

Constituye un anuncio alentador para nuestra existencia porque nos revela que Dios nos oye en nuestros requerimientos; no estamos solos y lo más interesante es que el Padre celestial, de manera amorosa, está atento a cuanto le pedimos, si está en Su voluntad por supuesto.

Jesucristo perseveró

Las Escrituras nos revelan que el Señor Jesús clamó tres veces en una ocasión (Mateo 26:44). Era el Hijo de Dios, sin embargo puso en práctica el principio de la persistencia.

Imagine por un instante qué puede pensar el Señor de nosotros cuando en medio de nuestras diferentes peticiones le solicitamos algo y jamás volvemos a recabar en el asunto.

Él espera que nosotros perseveremos, no que renunciemos ante las primeras horas que transcurran sin que nada ocurra.

Un poco más adelante en el tiempo encontramos al apóstol Pablo aplicando el principio de la persistencia, tal como leemos en el texto de 2 Corintios 12:8.

Debemos insistir en la oración, de manera concienzuda, hasta ver la respuesta. No podemos creer que por clamar una vez necesariamente veremos los resultados, como si Dios fuera ante nosotros una especie de mandadero que está a la expectativa de órdenes nuestras. Es imperativo que perseveremos.

Identifique la prioridad de sus peticiones

Generalmente cuando estamos orando, presentamos delante del Señor muchas peticiones. Igual cuando estamos reunidos entre creyentes. Elevamos solicitudes al Padre, no una sino varias.

Reviste singular importancia que definamos cuál es nuestra prioridad en lo que hace a clamar e insistamos una y otra vez sobre el asunto en la presencia de Dios.

Ahora, la consistencia al orar estriba en permanece en nuestra petición hasta que se produzcan dos hechos: el primero, que se de una respuesta divina y la segunda, que nos sintamos liberados de la carga que teníamos para clamar.

No podría concluir la enseñanza de hoy sin mencionar que la oración en grupo es muy importante, aplicando claro está los principios de persistencia y consistencia (Mateo 18:19).

Fundamentos de la oración

Hay además tres elementos de la oración que no debemos ni podemos olvidar.

El primero es nuestra oración dirigida a Dios para que Él sea glorificado y venga a nosotros su reino. La segunda, la oración que elevamos por nuestras peticiones particulares, de terceras personas o de grupo. Y la tercera—y es importante aquí hacer un alto en el camino—es la oración de guerra espiritual, en la cual dirigimos nuestro arsenal—asidos de la mano del Señor—contra nuestro principal enemigo: Satanás.

No podemos olvidar que el diablo siempre está atacándonos. Él es el príncipe de este mundo (Juan 14:30) y lamentablemente, aunque no lo queremos, fruto de pecado del género humano, el mundo está bajo su gobierno (1 Juan 5:19).

No podemos cejar en nuestra batalla espiritual. Estamos llamados a vencer si estamos sometidos a Dios. Y nuestro blanco de ataques es Satanás cuyas obras, en oración, tenemos que deshacer.

 ©  Fernando Alexis Jiménez.

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