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Ministerio de Evangelismo y Misiones Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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© Manual "Oración Que Mueve Montañas"
Décimo Sexta Lección
Resistiendo al diablo en Oración
Recuerdo la reflexión que compartió alguien conmigo, muy elemental en apariencia pero profunda en su contenido. Me dijo: "¿Has pensado Fernando qué ocurriría si pudiéramos deshacernos de la sombra? ¿No crees que muchos querrían hacerlo?"
La traigo a colación porque la permanencia de la sombra es algo muy similar a lo que ocurre con el asedio de Satanás, a quien tenemos que resistirles firmes, en oración. Dios nos concede el poder para vencer.
¿Por qué debemos asumir esa actitud beligerante? Porque de acuerdo con las Escrituras, nuestro adversario despliega acciones en contra nuestra e incluso utiliza a personas para que nos hostiguen y formen problemas. El amado Hijo de Dios nos alentó a no temer lo que se presente: "No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida." (Apocalipsis 2:10)
Los ataques que muchas veces usted no se explica, provienen de la comunidad en la que se desenvuelve, de los amigos y de los familiares. Otras veces son las circunstancias que se tornan adversas y amenazan con robarnos la tranquilidad. Está en juego nuestra estabilidad como creyentes y en medio, el diablo, que no hace otra cosa que desencadenar dificultades y peligros.
Recuerde de qué manera hostigó a Job, afectando sus finanzas, destruyendo su familia y por último, causándole una enfermedad crónica. Con estos sucesos contrarios, buscaba afectar la fe de este justo, llevarlo a una encrucijada tal que pensara en volver atrás y, mucho más: que cayera en pecado.
No podemos ignorarlo
A Satanás no podemos ni debemos ignorarlo. Es malo por naturaleza. Lamentablemente hay quienes pasan por alto el hecho de que existe y es real. Por esa razón son víctimas recurrentes de sus ataques y se ven inmersos en el ojo del huracán. Sufren en mayor grado las consecuencias de una guerra constante para la que no están preparados.
Pues bien, es hora de desenmascarar el plan satánico e ir de frente en el propósito de destruirlo. Recuerde siempre que muchos de nuestros males no son causados por el hombre sino por el enemigo espiritual.
La Biblia lo pone al descubierto cuando declara: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." (Efesios 6:12)
Nuestra querella, como podrá apreciar, se desarrolla en gran medida en el ámbito espiritual más que en la dimensión material. Es evidente que Satanás tiene una organización de sus colaboradores de tal manera que tengan una cobertura global. Él no es omnisciente ni omnipresente, pero sí tiene una red de colaboradores—que son los demonios—quienes le mantienen informado. Es por esa razón que debemos reaccionar firmes, en oración.
No deje de hacer guerra
Cuando oramos a Dios, recibimos su atención, protección y poder. Por esa razón debemos adelantar la batalla contra el adversario, cortando de plano el que siga generando problemas.
No podemos desconocer que tenemos las condiciones para salir victoriosos "...porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas..." (2 Corintios 10:4).
Tenga presente que, quien nos venga del mal que hemos recibido, es Dios mismo. Nos defiende frente a los ataques satánicos. Basta que nos preparemos para el asalto, peleando en oración. No olvide que Satanás no se detiene "... porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo." (1 Juan 3:8)
¿Cómo vencemos? En oración porque al Padre para que libere su poder. No de otra manera se podría "atar al hombre fuerte" que es el diablo. "Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa." (Mateo 12:29)
No cabe duda que logramos dar pasos firmes y en cierta medida agigantados cuando vamos a la batalla fortalecidos y en el poder de Dios, logrados en oración.
Un ejemplo de que es así como debemos actuar, amparados y teniendo delante al Padre celestial, lo ofrece el arcángel Miguel cuando, en batalla contra Satanás, le dijo: "El Señor te reprenda".
El amado Señor Jesús nos enseñó en la oración del Padre nuestro, que le pidiéramos a Dios que nos librara de todo mal: "Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén." (Mateo 6:13), y firmes con Él, reprender al adversario con firmeza diciéndole: "... ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres." (Mateo 16:23)
Recuerde siempre que en Jesucristo tenemos asegurada la victoria porque Él venció todo poder satánico, como leemos en la Biblia que Él triunfó "...y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz." (Colosenses 2:15)
El enemigo espiritual sabe que su tiempo es corto y que, tal como enseñan las Escrituras, será objeto de castigo: "Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche." (Apocalipsis 12:10)
Su vida puede ser diferente si, tomado de la mano de Jesucristo, libra la batalla. Hágalo en oración. Descubrirá que los resultados son sorprendentes. Satanás tendrá que emprender la huida. ¡Él ya fue vencido por el Hijo de Dios en la cruz!
© Fernando Alexis Jiménez.
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