Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Oración y Milagros #031505.

Dios obra aquello que la ciencia considera imposible

Su historia era demasiado simple; tanto que nadie medía el dolor que había arrastrado desde niño. Reía, lloraba y canturreaba. Todo de acuerdo con su estado de ánimo. Una persona normal, en circunstancias normales, en una ciudad normal. Sin embargo no era feliz.

Se cansó de recorrer las mismas distancias entre la cama, la mesita de la habitación y una estancia más grande, de barro apretado y cal, que hacía las veces la sala de estar. Parecía estar condenado a lo mismo. Era ciego.

De niño su madre le describía el hermoso mundo que le rodeaba. Anhelaba poder apreciarlo, pero debía resignarse a imaginar el rostro de chicos que—igual que él—reían mientras jugaban en la calle polvorienta del abigarrado conjunto de casas donde vivía.

Las sombras se convirtieron en su vida diaria. Nunca sabia cuando la luz del sol bañaba con intensidad el caserío ni el momento en que las sombras de la noche cobijaban todo alrededor.

El curso de su historia cambió. Fue el día menos previsto. Le hablaron del Señor Jesús. Todos hablaban maravillas de él. Unos decían que era profeta, otros que Elías y muy pocos se atrevían a insinuar que era el Hijo de Dios. Salió a la calle. El murmullo de los curiosos lo atraía. Y aunque no pudiera verlo, aguzó su oído para percatarse de todo cuanto ocurría. "Ahí viene... ahí viene", gritaron unas mujeres.

"A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:--Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?--. —Ni él pecó, ni sus padres—respondió Jesús--, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. Dicho esto escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego, diciéndole:--Ve y lávate en el estanque de Siloé (que significa: Enviado). El ciego fue se lavó, y al volver ya veía" (Juan 9:1-8. Nueva Versión Internacional).

¿Por qué un milagro?

Dios obra milagros en aquellos que lo piden. El ciego anhelaba en su corazón ver. El amado Señor lo sabía. Él conoce nuestros pensamientos. Cuando le vio junto al camino, obró en su ser. Hizo aquello que para los médicos de la época y aún en nuestro tiempo es imposible: devolver la vista.

Cuando ocurre algo trágico en la vida de alguien, el camino que muchos toman se orienta en dos direcciones: la primera, culpar a Dios, la segunda, atribuir a un pecado las situaciones fortuitas que le acontecen.

El Señor Jesús fue claro al señalar que muchos incidentes, sin aparente explicación, conducen es a que Dios sea glorificado: "—Ni él pecó, ni sus padres—respondió Jesús--, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida".

¿Enfrenta una situación difícil? ¿Alguna enfermedad considerada por la ciencia como incurable golpea su cuerpo? ¿Considera que no hay salida a su problema?

Permítame decirle algo: Está diametralmente equivocado. El Dios en el que usted y yo hemos creído es un Dios de milagros. Él quiere manifestarse en su existencia.

Dios se glorifica con los milagros

Cuando algo literalmente "imposible" se produce en la vida de alguien, Dios es glorificado. "Sus vecinos y los que lo habían visto pedir limosna decían: << ¿No es éste el que se sienta a mendigar?>> Unos aseguraban: <<Sí, es él>>. Otros decían: <<No es él, sino que se le parece>>. Pero él insistía: <<Soy yo>>.--¿Cómo entonces se te han abierto los ojos?—le preguntaron. –Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: "Ve y lávate en Siloé". Así que fui, me lavé, y entonces pude ver." (Juan 9: 8-11. Nueva Versión Internacional).

Si me lo permite, podría graficarlo de la siguiente manera: nuestro amado Padre se complace obrando milagros. Sí, aunque suene muy "novelesco". Es un Dios de amor, que sabe de nuestro sufrimiento y que libera su poder cuando lo pedimos en oración.

El Señor Jesús pudo seguir de largo, sin embargo no lo hizo; se detuvo, llamó al ciego y lo sanó. Él sabía el profundo anhelo que tenía de su obrar milagroso. Y lo hizo.

Para usted también son los milagros

A diferencia de quienes consideran que el tiempo de los milagros ya pasó, estoy convencido por las Escrituras, que "Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos" (Hebreos 13:8).

Él desea manifestarse con poder en su vida. Hoy mismo. Ahora. ¿Qué hacer? Ir al padre en oración. Pídale aquello que necesita. Deseche toda duda y afírmese en el convencimiento de que si está en la voluntad de Dios, aquella petición será atendida. ¡El Todopoderoso responderá!

Si desea que le ayudemos a interceder, escríbanos ahora mismo...

Ahora tengo tres recomendaciones para usted. La primera, que haga de la oración un principio diario. Orar es hablar con Dios. Nos fortalece, anima y produce crecimiento personal y espiritual. La segunda, que aprenda en la Biblia principios que transformarán su ser y le llevarán, a la realización personal y a mantener buenas relaciones con Dios, consigo mismo y con los demás.

Por último le recomiendo congregarse en una iglesia cristiana. Dígale al pastor que ya hizo decisión de fe y espera que le ayuden a continuar con un proceso de discipulado.

Felicitaciones... ¡Su vida jamás será la misma!

© Fernando A. Jiménez .

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