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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Oración y Milagros #111505.
¡Vaya al Señor en Oración por su milagro!
"Déjame en paz", le dijo a su esposo cuando él insistió en que comenzara a buscar a Dios en procura de un milagro. "Él puede ayudarte ya que la ciencia dice que es imposible tu sanidad", insistía. La mujer se mostraba renuente. El día que sostuvieron el último altercado, cerró las puertas de la habitación ante sus narices.
La infección en su piel estaba tornándose cada vez más invasiva. El rostro, los brazos, parte de su espalda y las piernas. Enormes manchas rojas, que picaban hasta desesperarla, iban poblando su cuerpo.
--Creo que no tenemos respuesta a cuáles son los motivos de esta enfermedad—le explicó el especialista--. No hay un patrón que nos explique por qué aparece y también, porque desaparece. Ahora es permanente y ya no responde a los medicamentos. Pero hay que seguirlo intentando...—
--¿No hay otro antibiótico para mí?—preguntó ella.
--Temo que no—concluyó el médico.
Estaba desesperada y la urticaria literalmente se alborotaba. Su esposo oraba por ella. Era fiel en interceder. Tanto así, que ella decidió sumarse al clamor, sin mucho entusiasmo.
Fueron dos meses. Tiempo de angustia algunas veces, de optimismo otras cuando veían una progresiva aunque leve disminución del enrojecimiento. Pero se fue definitivamente. No quedó sombra del mal. Y debió admitirlo, ante la fuerza de los hechos: el poder de Dios era ilimitado.
Dios quiere obrar un milagro en su vida
Es interesante volver sobre las páginas de la Biblia y descubrir que Dios se mueve con poder y que no hay nada que resulte imposible para Él. Quienes optamos por seguir enfermos, física o espiritualmente, somos usted y yo porque vamos en búsqueda de soluciones en todos los lugares y personas, menos en Él.
Este hecho queda al descubierto en un texto maravilloso que leemos en el evangelio de Lucas capítulo 5, desde los versículos 12 hasta el 14.
La presencia del Señor Jesús transforma vidas
La desesperanza embarga a millares de personas. Están confundidas y con problemas, aún enfermedades consideradas clínicamente como incurables, pero no hacen lo más mínimo para salir de esa situación. Diferente ocurre con aquellos que no se resignan y deciden ir en procura de su milagro.
Al leer cuidadosamente el pasaje encontramos que "Un día estaba Jesús en una ciudad, y llegó un hombre lleno de lepra." (versículo 12 a).
Puede que alguno considere que fue mera coincidencia el que se encontraran el Hijo de Dios y este hombre para quien aparentemente no había solución. Prefiero creer que no fue así. Quizá usted se identifique conmigo: el Maestro fue en procura de resolver la situación de los enfermos de aquella población, entre ellos, aquél que experimentaba una penosa descomposición de su piel y partes del cuerpo.
2.- Es necesario reconocer el poder y grandeza divinos
En nuestras fuerzas difícilmente resolveremos muchos problemas y enfermedades, porque nuestras capacidades y las de la ciencia son limitadas. Resulta vano esforzarse. Cada vez la dificultad parece agigantarse.
No obstante, cuando vamos al Señor Jesucristo en procura de un milagro, Él nos responde: "Al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, y le rogó: "Señor, si quieres, puedes sanarme." (versículo 12 b).
Aquél hombre no estaba resignado a morirse presa de una dolencia incurable en la época, cuando albergaba la esperanza de que en el predicador que llegaba a la ciudad, pudiera encontrar sanidad.
Él reconoció la grandeza y poder de quien estaba enfrente. Aquél Jesús a quienes muchos aceptaban y otros rechazaban, podía representar la salida del laberinto en que se encontraba. Esa fue la razón por la que le rogó: "Señor, si quieres, puedes sanarme."
3.- Dios puede sanar su vida
Lo que el hombre no puede, Díos sí. Él es un Dios de poder. Se especializa en tornar posible aquello que humanamente consideramos imposible. Basta que en nuestro corazón alberguemos la fe. Es esencial. El resto corre por Su cuenta.
"Entonces, Jesús extendió la mano, lo tocó, y dijo: "Así lo quiero. ¡Queda limpio!". Y al instante, la lepra se fue de él." (versículo 14).
Observe con detenimiento la comprensiva y amorosa respuesta del Señor Jesucristo. Dios hecho hombre le expresó el deseo que tenía de sanarlo. Así lo hizo. No dilató ni tardó la respuesta.
¡Usted puede recibir la sanidad hoy! ¿Desea recibir un milagro? Es hora de clamar a Aquél que todo lo puede. No desista. Permanezca firme. Confíe plenamente que algo literalmente incomprensible pero maravilloso, ocurrirá con su ser o con el de un ser amado por quien usted está intercediendo.
No permita que la sombra de la duda o tal vez la influencia de los incrédulos que están a su alrededor, lo hagan desistir. ¡Es hora de clamar delante de Su trono! Ahora, en este mismo instante. ¡El milagro se producirá!
© Fernando Alexis Jiménez.
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