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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Oración y Milagros #051506.
La Palabra de Jesucristo sana y libera
Por un instante imagine al Señor Jesús caminando por las calles de Jerusalén. Lo siguen muchas personas. Provienen de diferentes lugares. Ninguno quiere perderse la oportunidad de escucharle, acercarle a Él, ser partícipe de ese momento único e histórico.
Y justo cuando va de camino, se manifiestan los demonios tratando de salir al paso, poniendo tropiezo. El amado Hijo de Dios se vuelve a Él y lo reprende. Igual ocurre con un enfermo, habla al dolor o la dolencia que enfrenta, e inmediatamente se produce su sanidad.
Y es en este contexto que leemos acerca de su ministerio terrenal: "Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias." (Mateo 8:16, 17).
Este pasaje es sorprendente. En el aprendemos valiosas lecciones para tornarlas prácticas en nuestra vida para poder avizorar lo que significa movernos en la dimensión de los milagros.
1.- Endemoniados y enfermos, en manos de Dios
Si bien es cierto muchas manifestaciones de morbilidad en las personas tienen una explicación científica, tal como la esquizofrenia o algún trastorno mental, otras están envueltas en el mundo demoníaco y como tal, deben ser atendidas desde la dimensión espiritual. Quien libera no es el hombre sino Dios, con su infinito poder.
Quienquiera que sea, puede ser libertado de las ataduras. Se romperán. Cederán ante el poder ilimitado y divino que se mueva sobre ellos.
Igual ocurre con enfermedades que los especialistas consideran difíciles de ser curadas. Justo cuando los médicos dicen: "Usted está desahuciado", es cuando entra Jesucristo en escena. Él sana hoy con el mismo poder que lo hizo en su época, en Palestina.
2.- La Palabra de Jesucristo sanó.
Cuando releemos el pasaje de Mateo 8:16, 17 hallamos que fue por la palabra que el Señor Jesús sanó. No fue la gritería ni el show, como pretenden hoy día muchos que ocurra. Alrededor de un enfermo conciben toda una película, un vídeo, como si la gloria les perteneciera a ellos y no a Dios.
Los milagros, señales y prodigios son para exaltarlo a Él, no a nosotros. De ahí que, en la quietud de su habitación, mientras ora, puede recibir la sanación. No necesariamente debe ser en una concentración evangelística.
Lo digo porque me inquietan los anuncios de ciertos consiervos pastores en radio, prensa y televisión: "Esta noche: milagros". Es decir: programan a Dios como si Él estuviera en disposición de estar recibiendo órdenes.
3.- En el Señor Jesús recayeron nuestras dolencias y enfermedades
Con mucha antelación, cerca de setecientos años antes de que ejerciera su ministerio terrenal, se identificó en el Señor Jesús a Aquél en quien recaerían nuestras dolencias y enfermedades para, a través de Él, alcanzar la sanidad.
Él llevó todo el peso que antes nos correspondían a nosotros y que, sin duda, no podíamos llevar sobre los hombros.
Milagros para su vida
Si usted enfrenta situaciones que rebasan todas las posibilidades de entrar a resolverlas, bien sea en el plano físico—como enfermedades, muchas de ellas incurables o afecciones mentales--, o en el espiritual, es el momento apropiado para que vuelva su mirada al Señor Jesús. En Él encontrará la salida y la respuesta.
Es importante que vuelva su mirada al Hijo de Dios en oración. Con Su divina ayuda, apreciará de qué manera, fiel a Él, persistiendo en el clamor, hallará respuesta a su necesidad, cualquiera que sea.
Si desea que le ayudemos a interceder, no dude en escribirnos ahora mismo.
© Fernando Alexis Jiménez.
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