Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"
Salmos 2:8

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Oración y Milagros #060107

Los milagros, ¿son posibles?

Ocurrió un domingo. En la tarde. Ya todos los visitantes estaban saliendo de la clínica. Un momento triste para unos, alentador para aquellos que estaban próximos a ser dados de alta y falto de sosiego para personas como Juan Esteban, que tenían muy grave a un familiar. En este caso era su madre.

Los médicos diagnosticaron una inflamación producida desde el páncreas. Su estómago se iba hinchando cada vez más. La mujer, de cuarenta y siete años, no respondía al tratamiento. Era inminente una intervención quirúrgica una vez disminuyera el abultamiento. "Si no evoluciona en veinticuatro horas, aún con el riesgo y peligro que implica una operación, debemos proceder", le explicó el cirujano que atendía el caso.

Juan Esteban se encontraba desesperado. En el curso del día iba varias veces hasta la capilla de la clínica. Se arrodillaba en la quietud de la estancia, rodeado por una plácida tranquilidad, y hablaba con Dios. Lo hacía unas veces con angustia, otras con incertidumbre y las más de ellas creyendo que para el Señor no había límite y que algo especial podía ocurrir.

Aquel domingo, antes de retirarse, oró por su madre. Lo hizo junto a la cama. La mujer, adolorida, lo miraba expectante. "Ya verás como se produce un milagro. Se producirá la desinflamación", le dijo el joven, embargado por una extraña sensación de confianza. Sabía que Dios no lo abandonaría a su suerte.

Lo que ocurrió con la paciente resultó sorprendente para todos. Desinflamó. Se produjo en su estómago una reacción que científicamente no se había logrado. La intervención quirúrgica se realizó, y fue un éxito. Juan Esteban testimonió en la iglesia de aquél incidente. "Lo único que puedo decir es que Dios hace milagros cuando oramos a Él", dijo a todos, embargado por la emoción.

Rompiendo las barreras

Definamos primero qué es milagro. Podíamos decir que es un hecho que está por encima de las leyes de la naturaleza y que rebasa toda lógica. Ahora, ¿quién produce un milagro? Los cristianos no dudamos en atribuirlo a< la mayor fuente de incidentes prodigiosos en el universo: nuestro amado Dios.

La intervención divina comprueba que las leyes que rigen el tiempo y el espacio no son inmutables sino que, gracias al Supremo Hacedor, pueden ser modificadas. La ciencia, que a través de sus exponentes busca controvertir la ocurrencia de los milagros, se limita a asumir y en lo posible a explicar las leyes universales.
De acuerdo con la Biblia y específicamente con los dos primeros capítulos del libro del Génesis, Dios creó absolutamente todo. ¿No podría él alterar el curso de los acontecimientos para obrar su voluntad? Por supuesto que sí.

Los milagros hoy

Un incidente ocurrido cuando el Señor Jesús se encontraba en Betania junto con sus discípulos, es bastante revelador. Pone de manifiesto que los milagros sí ocurren y son reales en nuestro tiempo.

Tal vez recuerde qué ocurrió. El Señor Jesús fue a una higuera, junto al camino, en procura de fruto. Como no lo halló, maldijo la planta, y se secó.

El relato lo hallamos en el capítulo 21 del Evangelio de Mateo. Describen las Escrituras la sorpresa de ellos al observar que la higuera estaba seca. "Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." (Mateo 21:20-22)

Observe cuidadosamente que el amado Maestro antepuso un requisito "...si tuviereis fe...". Es clave. El eje alrededor del cual giran los hechos que pueden ocurrir, rebasando toda lógica. ¿Acaso usted cree que Dios puede hacer lo que humanamente es imposible? Si es así, está en camino de moverse en la dimensión de los milagros.

Ahora, el Señor Jesús acompaña el requerimiento de una promesa de la cual debemos aferrarnos: Si tenemos fe, no solo podemos replicar el incidente de la higuera, sino que "...si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho."

¿Se da cuenta de lo que significa? Que los milagros ocurrirán. Usted y yo, si estamos firmemente asidos de nuestro Creador, creyendo, veremos milagros. Será una consecuencia lógica de ejercer la fe. Es el paso siguiente a dejar de lado toda sombra de duda.

Desconozco cuál sea el problema que enfrenta actualmente, pero puedo asegurarle que tiene solución. Está en nuestro Padre celestial. Podemos ir a Él, sin impedimento, gracias al sacrificio del Señor Jesús en la cruz.

Derribando imposibles en oración

La oración es clave en la ocurrencia de los milagros. Es imperativo que clamemos a Él. Sin importar la perspectiva incrédula de quienes nos rodean. Hablar con Dios. Decirle cuál es el milagro que necesitamos.

Jesucristo terminó su enseñanza con las siguientes palabras: "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." (Mateo 21:22)

Si clamamos al Todopoderoso, aquello que pedimos—y si está dentro de Su eterna y perfecta voluntad--, ocurrirá. Resulta alentador y al mismo tiempo maravilloso saber que las barreras pueden caer a tierra, si vamos a Dios en oración, la fuente de todo poder.

Las enfermedades, los problemas, la escasez de provisión, el temor, todo, absolutamente todo tiene solución en el Señor. Hoy es el día de orar y creer en ese milagro que –sin duda—ocurrirá...

© Fernando Alexis Jiménez.

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