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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Oración y Milagros #070107
Sólo hasta que clamó, recibió su milagro
Los problemas por su sistema bronquial iniciaron cuando Diego Javier tenía siete años y se prolongaron hasta los veinticinco años. Pasaba largas horas dando vueltas en su cama, con fiebres espantosas y estados de delirio que confundían la realidad con lo inverosímil. Llegó a considerar su vida como una pesadilla que no terminaba, como un comercial sin fin de la televisión que apenas crees que va a terminar, te das cuenta que está repitiéndose.
Los médicos no le ofrecieron una alternativa. Su diagnóstico siempre resultaba desalentador. Hasta que rayó con el desespero. ¡Estaba cansado del olor a alcohol de las clínicas y de tantos especialistas que, de manera fría y sin un gesto de simpatía en su rostro, le decían lacónicamente: "No hay nada que hacer"!
--Te ha faltado fe, Diego—le dijo, le dijo su tía Josefina, en una conversación casual.
--Ya no creo en nada, tía. Todo ha salido mal—se defendió él.
--Pero no le has pedido a Dios—.
--¿Será que él toma cuidado de mí?—interrogó Diego Javier.
--Sin duda que sí. Basta que comiences a obrar y clamar en Su presencia—explicó Josefina, animándolo a cambiar su perspectiva de Dios y los milagros.
Desde ese día, sin mucho entusiasmo al comienzo, comenzó a orar pidiéndole a Dios un milagro. Su clamor se intensificó con el paso de los días. Luego lo hacía con desesperación, como quien está asido de la única tabla en el mar que puede salvarle de un naufragio.
La sanidad de Diego Javier se produjo tiempo después. En cierta medida podía decirse que su fe se puso a prueba. Y salió airoso. Obtuvo la victoria.
El joven aplicó a su vida un pasaje tremendo y revelador que se encuentra en las Escrituras. Pudo leer que Jesucristo cargó con nuestras dolencias para sanarnos: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido." (Isaías 53:4)
La sanidad también está disponible para usted. Basta que abra su corazón a Dios, crea en Él y clame por ese milagro. También puede ser que cambie circunstancias que le son adversas. Recuerde siempre que Dios pelea nuestras batallas. Con Él tenemos asegurada nuestra victoria. No estamos solos. Él camina junto a nosotros para llevarnos a ser vencedores bajo cualquier situación...
No se desanime. Hoy es el día de comenzar a pedir por ese milagro que tanto necesita en su existencia...
© Fernando Alexis Jiménez.
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