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Ministerio de Evangelismo y Misiones Heraldos de la Palabra Ps. Fernando Alexis Jiménez |
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones, |
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Oración y Milagros #113007
Muchas veces una persona nueva en los caminos del Señor Jesucristo puede tener una fe más avivada que aquél cristiano de muchos años. Tal vez le sorprenderá esta afirmación. Piensa incluso que estoy equivocado.
Los hechos lo demuestran. En la congregación un joven que recién se convirtió a Cristo, pidió ir a orar por un enfermo en una clínica. El paciente había recibido la visita de una líder en dos ocasiones. Oraron y nada pasó. Este chico aprovechó que no trabajaba el domingo, y fue. Lo hizo después del culto. Se produjo la sanidad pocas horas después. Familiares y amigos estaban sorprendidos.
Por un instante imagine que ese creyente veterano, al principio vio ocurrir milagros. ¡Quedó sorprendido! Luego se produjeron de nuevo, ya no le sobresaltaron como al principio. Tiempo después eran algo rutinario. ¡Su fe menguó!
No es nada nuevo; por el contrario, el evangelio de Lucas relata un incidente que ilustra el asunto. Ocurrió en cierta ocasión cuando sinnúmero de personas le esperaban. "Y un hombre de la multitud clamó: "Maestro, te ruego que veas a mi hijo, el único que tengo" (Lucas 9:38). Lo había presentado inicialmente a los discípulos, pero ellos no habían podido hacer nada.
"Y cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia. Pero Jesús reprendió al espíritu imputo, sanó al muchacho, y lo devolvió a su padre. Y todos quedaron admirados de la grandeza de Dios." (Lucas 9:42, 43).
¡Era posible la sanidad! El Señor Jesucristo intervino. El milagro se produjo. De paso llamó la atención a los discípulos por la poca fe (versículo 42).
Cuando alguien necesita un milagro
Ocurre con frecuencia que nos embarga el dolor, la tristeza o la desesperanza cuando alguien cercano enfrenta un problema o enfermedad. Con el alma desearíamos ayudarle a encontrar la solución. Es nuestro mayor anhelo.
Ese mismo deseo es el que embarga al Señor Jesucristo. Nos ama. Murió por nosotros en la cruz. Se dio a sí mismo por traernos paz, sanidad, bendiciones y una renovada relación con el Padre.
¿Qué pasos encontramos en el texto bíblico que condujeron a un milagro? El primero de ellos es que haya fe. A menos que este elemento esencial gobierne nuestro ser, nada ocurrirá. Los discípulos habían estado con Jesús, sin embargo fueron reprendidos por el maestro por su falta de fe.
Un segundo elemento es ir a Aquél que puede resolver nuestra situación o traer sanidad a la dolencia que nos afecta o a una tercera persona con la que interactuamos. Jesucristo es Aquél a quien debemos acudir en oración.
El tercer paso es reconocer que el poder de Dios es ilimitado. Él creó el universo. Él puede hacer posible lo imposible.
Si ha subido esos tres peldaños, es el momento oportuno de orar por aquello que tanto anhela. Recuerde que Jesús fue sensible al clamor del padre compungido que llevó su hijo en procura de ser sanado. Igual lo hará con usted. Le escuchará. Ese es el proceso, sencillo pero eficaz.
Hágalo. No tiene nada que perder, pero sí mucho que ganar. ¡Hoy es el día! Si desea que le ayudemos a interceder, no dude en escribirnos ahora mismo...
© Fernando Alexis Jiménez.
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