Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"

Salmos 2:8

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Oración y Milagros # 052709

Dios obrará lo imposible en su vida

Pasó la noche orando. No porque quisiera, sino porque lo necesitaba. Horas antes y después de un duodécimo intento, su esposa lo había abandonado. Se llevó a los dos hijos, todavía pequeños. Uno de cinco años, el segundo de tres años apenas. "No soporto más tu afición al alcohol", le habría gritado la mujer cuando la llamó desde un establecimiento de diversión.

Encontrarse con la casa desolada fue abrumador. Todo estaba quedo, como si el tiempo se hubiese detenido. Volvió atrás sobre las páginas de su vida. Desde muy joven bebía. Además mezclaba su adicción con los juegos electrónicos. Era una fuerza compulsiva la que atraía sus miradas cuando pasaba por un negocio de ese género. Gastaba hasta el último centavo. En cierta ocasión debió caminar hacia su casa, porque se jugó hasta los pocos pesos de pagar una carrera en taxi.

--No puedo seguir así, atado por estos vicios; mi familia me necesita.—se repetía, de rodillas, en la sala de estar.

La búsqueda de su esposa había sido infructuosa. Nadie daba razón de ella. Y si sabían de su paradero, no se lo querían decir.

Desesperado volcó sus esperanzas en Dios. Oró. Lo hizo con fuerza, con convicción, aferrado a su única tabla de salvación.

El problema no se resolvió de inmediato. Con Dios las cosas no son en un abrir y cerrar de ojos, como quisiéramos. Él tiene se propio tiempo. Y su obrar es perfecto. Trata con nuestra existencia y ajusta todo lo que esté mal en la existencia.

Tres meses después estaba de nuevo junto a su esposa y los dos hijos. La diferencia es que ahora ya había superado su afición al juego y a la bebida. El asunto de fondo, gracias al obrar del Señor Jesucristo, estaba resuelto.

Dios obra en aquello que considera muy difícil

El evangelio de Lucas relata un incidente ocurrido en cierta ocasión durante el ministerio terrenal del Señor Jesús. "En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea. Y llegó a una aldea, donde le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, los cuales se quedaron lejos de él gritando:--¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!--. Cuando Jesús los vio, les dijo:--Vayan a presentarse a los sacerdotes--. Y mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad" (Lucas 17:11-14. Versión Popular).

¿Ha tenido la oportunidad de ver a alguien que enfrenta la lepra? Es doloroso para quien aprecia una escena así, de alguien enfermo. La ciencia no ha podido responder a plenitud a este mal que durante siglos ha estado presente en la historia de la humanidad.

Quizá enfrenta problemas para los que en apariencia no hay solución. Sin duda la desesperación asoma a la puerta de su vida. Considera que no hay salida. Pero sí la hay.

Así como estos leprosos fueron a Jesucristo en procura de su obrar milagroso, usted puede clamar a Él bajo la convicción que no hay nada por difícil que parezca, que Dios en su infinito amor hacia usted no pueda resolver.

No cese de pedir

Cuando vaya al Señor Jesucristo en oración, hágalo con fe y perseverancia. Nada impida que siga adelante, en clamor, así la respuesta no se produzca de inmediato. La oración libera el poder de Dios sobre su vida y la de quienes le rodean.

No se detenga. Siga clamando. Recuerde siempre que el secreto está en la perseverancia (Lucas 18:1-18). La respuesta divina se producirá en el tiempo perfecto de Dios.

Si desea que le ayudemos a interceder, no dude en escribirnos ahora mismo. ¡Dios obrará un milagro en su vida!.

Reciba a Jesucristo en el corazón

Superar las crisis es posible, no en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Y el primer paso hacia la victoria en medio de la adversidad, es posible como recibimos a Jesús como Señor y Salvador. Es muy fácil. Basta decirle: "Señor Jesucristo, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Acepto esa nueva oportunidad que me ofreces. Te abro las puertas de mi corazón y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Ahora hay tres recomendaciones para usted. La primera, leer la Biblia en donde aprenderá principios dinámicos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual. La segunda, orar. Recuerde que orar es hablar con Dios, y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme.

Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705

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